Un problema que siempre vuelve
La inflación vuelve a poner contra las cuerdas a los maltratados bolsillos de la gente. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el índice de marzo trepó a 6,7%, convirtiéndose así en el registro más alto de los últimos veinte años. Es, por lejos, el problema más acuciante de una economía que comenzó a mostrar signos de recuperación, pero que, paradójicamente, está lejos de exhibir lo que espera la sociedad: una mayor equidad distributiva.
Como una enfermedad endémica que regresa cada tanto al país y que golpea con mayor dureza siempre a los sectores de menores ingresos de la población, el aumento sostenido de los precios se presenta esta vez con un esquema de crecimiento de la economía como telón de fondo. Pero son pocos, muy pocos, los que pueden celebrar esa recuperación. Si se toma como parámetro solo la inflación de alimentos, se observa que en marzo la misma escaló a 7,2%, acumulando en lo que va del año 20%. Los ingresos de la mayoría de la población, en tanto, quedaron en clara desventaja: según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) correspondientes al último cuatrimestre de 2021, el promedio salarial era de 55.000 pesos, apenas un poco por arriba de lo que se necesitaba en ese período para acceder a una canasta de indigencia, que estaba en 39.000 pesos.
Controlar la inflación y estabilizar la economía son requisitos fundamentales para crecer con justicia distributiva, erradicar la pobreza y generar más empleo productivo. En el actual escenario económico, con aumentos continuos de precios nada bueno se puede esperar. No hace falta ser experto en economía para darse cuenta que con una canasta familiar cuyo valor saca varios cuerpos de ventaja al salario promedio, el malhumor social irá en aumento. El gobierno nacional tiene que reaccionar y adoptar medidas para evitar que la inercia inflacionaria termine por afectar las variables más importantes de la economía.
Muchos libros se han escrito en los últimos años con la historia de la inflación en nuestro país y con recomendaciones para erradicar ese flagelo. De hecho, la Argentina debe ser el país que tiene más economistas ocupándose del asunto. El contenido de las obras es variopinto, pero básicamente los análisis y diagnósticos se podrían agrupar, por un lado, entre quienes sostienen que la inflación forma parte de las tensiones propias del desarrollo de la Argentina y se explica a partir de los conflictos distributivos que existen en la sociedad; y por otra parte, entre quienes consideran que el problema está en la emisión monetaria y en el exceso del gasto público. En general, todos coinciden en observar que cada vez que se genera inercia inflacionaria se distorsiona el funcionamiento de la economía, perjudicando a los sectores de menores recursos. Pero a la hora de proponer estrategias para combatir el problema, las aguas se dividen y las recetas no solo son distintas sino opuestas entre sí. Es como si un extranjero recién llegado al país preguntara a dos argentinos cómo hacer para llegar a determinado lugar y recibiera como primera respuesta ir al norte y como segunda indicación una alternativa diametralmente opuesta, es decir, ir para el sur. Cuentan los más memoriosos que en el año 1989, el viceministro de Economía de Alfonsín, Adolfo Canitrot, sabiendo muy bien el complicado panorama que se avecinaba, dijo una frase que resume el drama: "Para bajar la inflación soy monetarista, estructuralista y todo lo que sea necesario". Pero las buenas intenciones del funcionario no fueron suficientes, ya que poco después la economía ingresaba en una espiral inflacionaria que trepó al 3079%. Pero la administración de Raúl Alfonsín no fue la única que tuvo que lidiar con el problema. Según un relevamiento de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, en los últimos cien años, la tasa de inflación promedio del país fue de 105% anual. La suba sostenida de precios afectó tanto a gobiernos de facto como a mandatarios elegidos por la voluntad popular. Por eso no resulta exagerado afirmar que controlar la inflación ha sido y sigue siendo uno de los mayores desafíos de la historia económica del país.










