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Libro recomendado

El pulso secreto de las cosas

Autor: Javier Núñez 
 Editorial: Palabrava

Esta semana se lanzó una novedad editorial muy esperada por los lectores: El pulso secreto de las cosas, de Javier Núñez. El autor estará firmando ejemplares del libro el próximo sábado 7 de mayo de 15 a 17hs. en el stand 532, Pabellón Azul, de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires -Avda. Santa Fe 4201 CABA-.

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La contratapa del libro nos adelanta lo que será esta producción literaria. "Hace unos meses sufrí una pérdida irreparable, y desde entonces no paso más de tres horas sin marihuana, alcohol y varios tipos de pastillas. Ayer tuve mis primeras doce horas de sobriedad, leyendo tu novela dos veces consecutivas. Así comienza este libro de Javier Núñez y, de ahí en más, el tema del para qué y por qué narrar nos hace abrazar con fuerza el texto. Con una profundidad sorprendente y conmovedora sencillez, el autor nos habla del amor en breves relatos que se abren en una lente multifocal: A veces, lo que queda de una relación, también da lugar a algo nuevo. Y explota. Y se multiplica. Pero en ocasiones sólo quedan los restos de lo perdido, residuos dolorosos e irreconocibles. Estas páginas, cruzadas por la emoción y la reflexividad, llegan aquí con una pirueta: nacieron en las contratapas del diario Rosario 12 y luego se reunieron y ordenaron en un libro de piezas móviles, armoniosas, brillantes, que nos ofrece un tiempo de lectura pausado. Leemos y pensamos sobre la vida, sobre retazos de vida que arman una nueva melodía, un pulso secreto de las cosas que lacera y drena la herida de un corazón que sigue apostando a la esperanza".

El autor

Javier Núñez nació y reside en Rosario, provincia de Santa Fe. Es escritor y coordinador de talleres literarios. Publicó los libros de relatos La risa de los pájaros (Editorial Ciudad Gótica, 2009), Praga de noche (El ombú bonsái, 2012; Sudaquia, EEUU, 2016), Tríptico (Eduvim, 2013), La feroz belleza del mundo (Casagrande, 2019) Cuando todo se rompe (Editorial UV, México, 2020) y Postales de un mapa imposible (Listocalisto, 2021); y las novelas La doble ausencia (Editorial UV, México, 2013; Eduvim, 2014; Ediciones Banda Oriental, Uruguay, 2019) y Después del fuego (Le pecore nere, 2017, pubicada en Italia como Oltre il fuoco). Obtuvo el Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo (2012) y el premio Casa de las Américas de Novela (2022). El Concejo Municipal de Rosario lo declaró Escritor Distinguido. Algunos de sus libros han sido publicados en Italia, México, Uruguay y Estados Unidos.

La foto de tapa se llama Destellos y estuvo a cargo de la fotógrafa Jorgelina Giménez.

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Compartimos un avance del libro

Una casa no es un hogar

UNO

Cajas. Cajas y más cajas, ocupando ya no sólo los rincones o espacios libres sino también los de tránsito y los necesarios. Cajas sobre el sillón, detrás de la puerta, al lado de la mesada, al pie de la cama, junto al televisor. Cajas prolijamente etiquetadas, eso sí, para saber qué contiene cada una y a qué sector de la casa corresponde.

Once cajas de libros —en estos momentos, más que nunca, desearía tener un e-reader y menos apego a los libros físicos—; dos cajones de mimbre reforzado llenos de cómics y revistas; dos cajas con cuadros, adornos y esas cosas inclasificables que suelo dejar en los estantes libres de la biblioteca; una caja estuche de madera con recortes de prensa y cartas; una caja de zapatos con seis cuadernos empezados y tres libretas de apuntes sin estrenar. Dos cajas enormes con platos y tazas, utensilios de cocina, una licuadora que nunca usé, una batidora y una sandwichera; dos cajas grandes con ropa de cama de los chicos y un par de colchones inflables que ya no se usarán porque ahora tendrán su propia habitación; una caja con mi ropa de cama; dos valijas con la ropa que, en estos días, sé que no me voy a poner.

Además hay una bolsa grande de ropa para regalar —por algún misterio insondable de la naturaleza textil hay pantalones que ya no me cierran y camisas que no abrochan—; un canastito con tuppers, vasos y otros enseres plásticos de los que me debería desprender; una treintena de libros sin lugar en la biblioteca; y un montón de cajones sin abrir y cosas sueltas que todavía deben pasar por la catalogación previa a la mudanza para ganarse su lugar en la casa nueva o quedar en el camino para siempre.

DOS

Mudarse es también —o debería serlo— un ejercicio de desprendimiento, un proceso de valoración de los objetos que nos acompañaron hasta entonces para saber si se justifica el traslado. A mí no me resulta sencillo: tengo tendencia a la acumulación y muchas veces guardo cosas que sospecho que algún día me pueden ser útiles aunque ahora mismo no sepa decir cuándo ni para qué. Bolsas de todo tipo y tamaño —siempre presumo que me harán falta bolsas, de modo que nunca las tiro y aparecen en todos los rincones—, cajitas vacías, estuches, cables viejos, tornillos que andan dando vueltas, biromes sin tinta, encendedores sin gas, llaves que no sé qué puertas abren. O cuáles cierran. Pero supongo que si las guardo es con la esperanza puesta en las puertas que me resta descubrir, antes que pensando en aquellas que fui cerrando a mis espaldas. Esas llaves, me aventuro a creer, son las que siempre se tiran lejos y nunca aparecen en un cajón.

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