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Historias chaqueñas a 40 años de Malvinas

Ramón Martínez: "Combatimos con lo que teníamos y pusimos lo mejor de nosotros" 

El excombatiente trae su historia desde Sáenz Peña. Alumno ejemplar durante la adolescencia, fue herido en las Malvinas y recibió la medalla de honor al valor en combate.

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Cuando ingresó en el Servicio Militar Obligatorio tenía el secundario completo. Fue segundo escolta de la bandera en el colegio politécnico Juan XXIII de Sáenz Peña, donde nació y vive. "No sé si era buen alumno, pero ahí estaba", dice, y se dibuja la única sonrisa de la charla. Estuvo tres años en el cuadro de honor. Se había recibido de mecánico tornero.

Hizo la colimba en el Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, Corrientes. En apenas dos meses practicó tiro e instrucción de combate antes de irse al sur del país. En el ejército, su formación le permitió trabajar en el taller mecánico. 

Desde el Regimiento 4 de Monte Caseros se alistaron alrededor de 200 soldados de la clase ’63. Los embarcaron en tren hasta Entre Río, y desde allí hasta Río Gallegos en avión. 

"En Malvinas estuve en el Monte Tumbledown. Armé campos minados a la orilla del océano y estuve cerca de una estancia. Mis últimos combates fueron en el Monte Dos Hermanas", recuerda Ramón, al tiempo que los episodios llegan como en ping pong con distintos tiempos verbales. "No estábamos con la vestimenta adecuada para las temperaturas bajo cero que hacían en las Islas. Nosotros, siendo del norte, sufrimos mucho el frío. Nos íbamos adaptando al clima, al lugar y a los compañeros", relata. 

Fue apuntador de FAP y de ametralladora 12,7. "Estuve en varios lugares y tuve distintos jefes. Anduve saltando de un lugar a otro. Creo que tuve suerte al andar en esos lugares. Pude apenas prepararme para desarmar un arma, armar y tirar", rememora y hace silencio. De un lado y del otro del celular hay silencio, los trinos de unos pájaros, y después vuelve a la conversación. "Creo que tuve suerte", dice para cortar el silencio. 

Ramón desembarcó en Malvinas a fines del mes de abril. Los ataques más fuertes de los ingleses comenzaron en los primeros días de mayo. Hubo combates en la isla y Ramón participó de cerca cuando se enfrentaron los comandos argentinos e ingleses. 

—¿Que representan estos 40 años de Malvinas?

—Para quienes estuvimos allá… no lo tomo ni mal ni bien, lo tomo como cosa de la vida. Es una fecha, el 2 de abril, que vuelve con fuerza para sobreponerme a los recuerdos y a las experiencias vividas en Malvinas. El regreso fue muy duro para la mayoría, creo que el 99 por ciento de los veteranos tuvimos varias complicaciones. 

Nos fue difícil la vida y nos costó conseguir trabajo. Los veteranos nos juntamos y conversamos sobre lo que nos pasó. Al principio era duro, pero ahora estamos mejor. Tenemos otra mirada sobre lo que vivimos. 

—Te entregaron una medalla por valor en el combate. ¿Cuál fue tu primera reacción al recibirla?

—Cuando me entregaron esa medalla no la usaba. La entregué a mamá, con el diploma. No la quería usar, tenía miedo al rechazo de la sociedad. Era duro hablar de esas cosas. Pasaron muchos años, por lo menos 15, que no usé la medalla, no la mostraba. Es más, no decía que la tenía y tampoco contaba que había sido herido en combate. Perder la guerra para mí fue duro. 

Con el tiempo finalmente pude usar esta medalla que me entregó el Ejército Argentino. Hoy la llevo, la uso y en ocasiones, los jefes me felicitan por la medalla. Creo que somos mil doscientos heridos en combate en todo el país. Hoy la llevo con orgullo.

—¿Cuál es la secuela más grave que dejó esta guerra? 

—Hay cosas, recuerdos, momentos que viví y que me hacen reflexionar sobre Malvinas. De todos modos, llevo bien las cosas que me pasaron, siempre rezo mucho. Trato de llevarlo de la mejor manera posible. 

Los actos para mí son sagrados. No acepto cuando politizan el 2 de abril porque es lo peor que hay. Para mí, el 2 de abril tiene que ser sagrado. Creo que tiene que estar alejado de la política, porque nosotros no fuimos a defender a ningún partido político, fuimos a defender a la patria. No sé si lo hicimos bien o mal, la historia seguramente nos juzgará. Pero combatimos con lo que teníamos y pusimos lo mejor de nosotros. No se ganó la guerra por muchas razones.

La bandera la tuve cerca desde la escuela secundaria, cuando fui segundo escolta. Para mí, la bandera es muy importante. Nuestra generación fue privilegiada por defender a la patria.  

"No teníamos más comunicación que los gritos"

Una escena que vuelve a Ramón Martínez. Estaba en el monte Dos Hermanas junto a otros tres soldados. Los ingleses los habían descubierto y comenzaron a tirarles con bombas de artillería. Un cañonazo pegó cerca de él y las esquirlas le perforaron parte de la cara. Momentos de zozobra. "Empezamos a retroceder", recuerda Ramón. "No teníamos más comunicación que los gritos. Después de que me hirieron me ordenaron no combatir más, porque estaba muy herido y bañado en sangre". 

Fue trasladado a Puerto Argentino para las primeras curaciones. Pasó solo una noche allí. En ese momento ya se hablaba de la rendición argentina, que estaba negociando el general Menéndez. Ramón no quería entregarse. En derredor había muchos heridos. Un piloto de un Hércules no quería entregarse y estaba por volver al continente. Varios decidieron subirse a ese avión para no entregarse y volver al país. 

"No puedo recordar cómo corrí hasta el avión. No me podían curar, ni operar, porque tenía una esquirla en la columna. Era muy arriesgada la operación. Además tenía "pie de trinchera", congelamiento. Hacía cerca de 30 grados bajo cero. Recuerdo que tenía puesto un pantalón blanco y una remera ballenera. No sentí frío cuando corrí hacia el avión. No sé cómo corrí. Tengo remotamente en mí los sonidos de los bombardeos mientras corría", cuenta Ramón. Sus palabras salen a cuentagotas, con silencios largos en los que el dolor revive a cada instante. 

La esquirla de la bomba de infantería le había roto parte del pómulo y le arrancó la muela. Además tenía alojada una esquirla en la columna. Las primeras operaciones se las hicieron recién en el Hospital Militar Central, en Buenos Aires. Ahí la rehabilitación fue larga, dura, le sacaron la esquirla del maxilar, por lo que estuvo tres meses comiendo por sonda. "En la rehabilitación sufrí mucho. Fue casi un año en esa situación. El hospital era mi casa. En ese tiempo, alguien de la policía o del ejército se presentó en mi casa en Sáenz Peña y le dijo a mi familia que estaba herido. Le dieron los pasajes, y mamá fue a verme".

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