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Ariel Sandón, camarero desde hace dos décadas en el San José

El consejo de un histórico: "Lo principal es hacerlo con buena onda"

"A nadie le gusta que lo vean de mala gana, y menos a un cliente. Los ojos son muy importantes", explica el maestro de la bandeja desde atrás de su barbijo.

Ariel es uno de los mozos emblemáticos de la confitería San José. Comenzó a trabajar en la sucursal de la calle Pellegrini en el año 2002 y al poco tiempo lo trasladaron al de avenida Alberdi. Sin embargo, nada fue fácil para él, quien hoy vive junto a su esposa y sus dos hijas.

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La actividad de los mozos se congeló con dureza durante los primeros meses de pandemia y Ariel fue de los primeros en retomar su labor en agosto de 2020.

‘Mi viejo nos enseñó a trabajar desde chiquitos, yo comencé vendiendo diarios afuera de un negocio hasta que un día el encargado me llamó para lavar las copas y así comencé‘, recuerda Ariel Sandón, de 48 años.

Fue el tercero en nacer en una familia de 12 hermanos. Su padre era empleado municipal y su madre ama de casa. Vivió hasta los 6 años en Comunidad Costa Iné, un pueblo ubicado algunos kilómetros hacia el norte de Margarita Belén. En 1982 sus padres se trasladaron junto a Ariel y sus, hasta entonces 7 hermanos, a Resistencia para buscar mejores oportunidades, pues ‘vivíamos en una casita de barro los 10‘, dice.

Luego se sumarían otros 4 hermanos más a su familia y, si bien todos tomaron sus rumbos, siempre hubo buena relación.

‘La gastronomía es como un cable a tierra para mí, me gusta y me desconecta de lo demás‘, ‘estudié gastronomía 3 años y me gradué, es algo que me gusta mucho‘, destaca el histórico camarero. Junto a su esposa cocinaron pastafrolas y postres de todo tipo para vender a los amigos y sobrellevar el aislamiento durante la primera etapa de pandemia. También hoy la hacen, por gusto y para sumar algunos pesos a la casa. Algunas veces ofrecen servicio de catering para eventos casuales.

Con 20 años en el rubro Ariel cuenta con sobrada experiencia para dar consejos, uno de ellos es ‘trasmitir buena onda‘, ‘si venís a laburar con quilombos en la cabeza es mejor que los dejes de lado‘, ‘ser educado y respetuoso también es muy importante, como en la vida‘.

‘Lo ideal es estar optimista, atender al cliente con buena cara y trasmitirle buena onda, a nadie le gusta que lo traten de mala gana‘, dice, y aclara: ‘tampoco hay que estar encima, la atención no es personalizada sino general y el cliente debe entender que somos personas con hasta 6 mesas a cargo‘.

‘El mejor horario es en el que estoy desde que empecé, a la mañana‘. ‘Los fines de semana es típico ver amigos y amigas que vienen después de las fiestas, es un clima alegre que siempre deja algo de que hablar‘.

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