La mejor política social es el trabajo
En los últimos años, como producto de la prolongada crisis económica, amplios sectores de la población que no tienen acceso a un trabajo formal generaron sus propias fuentes de ingresos con iniciativas que, en la mayoría de los casos, enfrentan serias dificultades para salir de la economía informal.
Según datos oficiales, la tasa de desempleo en el país fue de 7 por ciento en el cuarto trimestre de 2021, la cifra más baja de los últimos seis años. El dato es, por cierto, positivo. Pero la situación económica y social es lo suficientemente compleja como para quedarse solo con esa cifra. Hay que mirar también otros números, como el de la subocupación que llegó en el mismo período a 12,1 por ciento, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
O los números que muestran que la pobreza bajó a 37,3 por ciento a fines del año pasado, pero se mantiene aún por encima de los niveles de la pre pandemia; o los que señalan que el 8,2% de la población es indigente, es decir, sus magros ingresos no son suficientes para cubrir las necesidades más básicas.
Y el dato que más duele: uno de cada dos menores de 14 años es pobre. En este escenario, buena parte de la población se aferró a lo que hoy se conoce como economía popular, un amplio espacio que contiene a sectores excluidos del mercado laboral formal que crean su propio trabajo, con ventas ambulantes y distintos tipos de servicios que tienen, en muchos casos, sus propios canales de comercialización.
Se recordaba días atrás, al abordar el drama de los sectores más vulnerables en esta misma columna, que en 1974 la Argentina tenía un 8 por ciento de pobreza y apenas un 2,7 por ciento de desempleo. ¿Qué pasó todo este tiempo para que hoy se esté en una situación mucho peor? La dictadura cívico militar impulsó políticas económicas que transformaron la estructura social argentina, empobreciendo a amplios sectores de la población. Los gobiernos democráticos que sucedieron al último régimen de facto no lograron revertir de raíz ese proceso para sostener una mejora a largo plazo.
Algunos, incluso, lo profundizaron. Por estos días el problema de la alta inflación dificulta la recuperación de los hogares más vulnerables. Por eso es necesario generar nuevas herramientas para que ese amplio sector que generó su propio trabajo en la informalidad pueda ir más allá de la subsistencia.
Para eso debe tener acceso a programas de financiamiento de actividades productivas, con ayuda también para el acceso a mejores canales de comercialización, y conocimientos que contribuyan a mejorar su productividad. Ya en el año 2009, en un seminario organizado por la Organización Internacional del Trabajo en nuestro país, titulado "Economía informal en Argentina: los desafíos de la inclusión", se advertía que la informalidad es "un reflejo primario de las oportunidades limitadas que tienen los trabajadores y sus familias, más que de una elección deliberada".
"Concebida como tal, la informalidad trae aparejada la falta de acceso a beneficios que se perciben en la formalidad. El ejemplo más claro son las brechas salariales existentes entre los trabajadores informales y los trabajadores formales; pero este fenómeno también es observable en el acceso a las prestaciones de la protección social, la protección frente a accidentes en el trabajo y el bienestar general.
Así, se observa una relación entre informalidad y vulnerabilidad social y pobreza", señala el documento con las conclusiones de ese seminario que publicó la OIT. La mejor política social, es sin dudas, aquella que apunta a generar trabajo. Y qué mejor que apostar a la transformación de aquellos trabajos que crecen en la informalidad, no por elección de la gente sino por las pocas oportunidades para acceder a mejores empleos, con programas de asistencia financiera que llenen el vacío que deja el sistema tradicional, que hoy por hoy resulta inaccesible para los emprendedores de la economía popular.
Es necesario promover una serie de estrategias para incorporar a trabajadores informales al mercado laboral formal, promoviendo herramientas para que sus productos o servicios tengan un mayor grado de utilidad y demanda en cada comunidad.










