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Un conflicto que no cesa de agravarse desde 2014

Ucrania: historias de demócratas, nazis y un pasado sombrío que retorna

Desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania, regularmente se informa de cientos de casos en los que hombres, mujeres, niños y en algunos casos familias completas aparecen atados a postes del alumbrado público, golpeados, semidesnudos y/o torturados.

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A la derecha, una familia entera atada a un poste. A la izquierda, uno de los grupos neonazis que se atribuyen el mantenimiento del orden público en Kiev. (fotos Getty-Murat Saka)

Han sido vistos en Kiev, en Lviv, y en otras ciudades donde fuerzas paraoficiales, frecuentemente identificados como "ucronazis" o "neonazis", se han hecho con el control de la seguridad pública. En todos los casos, la "explicación" extraoficial, nunca oficial, dice que se trata de "rateros", también llamados "merodeadores", que han sido sometidos a castigo con el fin de dar ejemplo al resto de la población acerca de conductas prohibidas en situación de guerra.

"¿Sabes qué es lo más repugnante? Que haya gente que busque su beneficio personal en medio de la guerra y que venda a su patria, utilizando el toque de queda para robar tiendas o los apartamentos de la gente que ha tenido que salir huyendo", dijo un vecino de Bajmut, a 80 km al norte de Donetsk, al corresponsal del diario "El Confidencial", de España. "Nosotros los llamamos 'merodeadores'. (…) uno de esos traidores fue pillado robando en mi ciudad a eso de las 10 de la mañana y lo ataron a un poste de la calle Bulavin, con un cartel en la espalda donde escribieron la palabra 'merodeador'", agregó.

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“Saqueadores” atados a los postes en Kiev, este mes (fotos Getty-Murat Saka-Reuters)

Los castigados por la mano discrecional de los grupos extremistas –que aprovechando el caos creciente avanzan sobre las funciones y atribuciones del Estado- pueden llegar a permanecer durante toda la dura noche invernal a la intemperie, a no ser que la mano caritativa de algún vecino los libere. Estos actos de barbarie, a los que algunos consideran inscriptos en la lógica de la guerra, se repiten día a día, hasta el punto en que ya empiezan a aparecer en las crónicas de algunos medios occidentales.

Y ya no se trata solo de "rateros". Muchos miembros de la minoría gitana, de importante presencia en las regiones occidentales de Ucrania, también han sufrido castigos de este tipo. Para los perpetradores, en esas ocasiones no hizo falta que los penados cometieran actos ilegales o "merodearan": fueron igualmente castigados por tratarse de gitanos, apaleados y atados a los postes, con la cara pintada de verde para exhibir la razón de su "culpa".

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Cuando se trata de personas gitanas, pierde importancia la acusación de “saqueadoras” y en cambio se destaca su condición étnica, pintándoles la cara de verde (fotos Getty-Murat Saka-Reuters)

Los videos y fotografías que circulan son muchas veces realizados por los propios ejecutores del suplicio, que los difunden en redes sociales exaltando su propia obra y amenazando a la población para que no interfiera, antes o después, en la consumación del castigo.

En el Donbass, donde la población rusoparlante es mayoritaria y donde la "operación militar especial" del gobierno de Moscú no está del todo mal vista y en ocasiones ha sido bienvenida, las regiones controladas por el gobierno de Kiev fueron las primeras en ver hechos de este tipo. Desde mucho antes de la invasion rusa, allí tampoco hicieron falta argumentos de "raterismo" y "merodeo": se trataba de una parte de la población ucraniana considerada enemiga por el propio gobierno, que dio vía libre a la acción de las bandas paramilitares, al menos desde 2014.

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Azov-Krávchenko: A la derecha, miliciano ucraniano posando con un lanzacohetes español C-90; en el pecho luce la conocida calavera de la division Totemkopf SS. A la izquierda, Nikolái Krávchenko, uno de los fundadores del Batallón Azov, muerto en la batalla de Mariúpol (fotos: redes sociales)

Una historia reciente

El 17 de diciembre de 2021 la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución impulsada por el gobierno de Rusia para luchar contra la "glorificación del nazismo y del neonazismo". Hubo 130 países que apoyaron la resolución, 49 se abstuvieron, y EEUU y Ucrania quedaron como solitarios opositores.

La iniciativa del gobierno ruso no era antojadiza ni extemporánea, sino parte de una denuncia contra el gobierno de Ucrania por su incumplimiento de los acuerdos de Minsk y la creciente influencia de los grupos neonazis en la administración estatal y en las fuerzas armadas y de seguridad de ese país.

Esos grupos eran en muchas ocasiones la punta de lanza del ataque del gobierno ucraniano a las regiones orientales del Donbass (Lugansk y Donetsk), que desde el golpe de Estado prooccidental de 2014 en Kiev se levantaron contra el gobierno central, y llegaron a proclamar su independencia y solicitar la incorporación a la Federación Rusa.

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El Batallón Azov, incorporado desde hace años a las fuerzas armadas ucranianas, siempre exhibió insignias inspiradas o directamente copiadas de la simbología nazi (fotos: redes sociales)

Ambas regiones fueron atacadas duramente por los gobiernos ucranianos posteriores al golpe de 2014, y ya en 2021 se contaban más de 14.000 muertos, la mayoría de ellos población civil del Donbass. Este conflicto armado adquirió tal magnitud, que motivó ese mismo año conversaciones de alto nivel entre Ucrania, la Federación Rusa, la República Popular de Donetsk (DNR), la República Popular de Lugansk (LNR), y la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), tras lo cual se firmó el Protocolo de Minsk.

Este acuerdo buscaba asegurar el alto al fuego bilateral inmediato, la descentralización del poder a través de la aprobación de una ley ucraniana sobre "arreglos provisionales de gobernación local en Donetsk y Lugansk", permitir la monitorización permanente de la frontera ruso-ucraniana y su verificación por la OSCE, la liberación inmediata de todos los secuestrados y de todas las personas detenidas ilegalmente, y la persecución y el castigo de las personas relacionadas con crímenes cometidos contra la población civil de Donetsk y Lugansk. Además, debía haber elecciones locales, retirada de los grupos armados ilegales, de equipo militar, así como de combatientes y mercenarios contratados por Ucrania.

El acuerdo fue incumplido sistemáticamente por los sucesivos gobiernos ucranianos, lo que dio lugar a una segunda cumbre de Minsk (2015), en la que esta vez participaron Ucrania, la Federación Rusa, Alemania, Francia y la OSCE. Este segundo  acuerdo fue igualmente incumplido, y el conflicto armado persistió hasta nuestros días. El documental "Ucrania en llamas", producido por Oliver Stone, que aún puede encontrarse en YouTube, describe con crudeza algunos hechos del golpe de 2014 y del desarrollo de la guerra del Donbass.

En ese conflicto, los grupos neonazis asociados al gobierno ucraniano continuaron extendiendo su influencia, sobre todo militar, al punto que durante el gobierno de Petro Poroshenko (2014-2019) uno de sus hombres fue ministro de Defensa.

Odessa

Mientras se desarrollaba la rebelión del Donbass, otro hecho protagonizado por grupos neonazis, el 2 de mayo de 2014, había tenido derivaciones trágicas en la ciudad de Odessa, principal puerto ucraniano del Mar Negro. "Los altercados que tuvieron lugar el 2 de mayo en Odessa y han dado lugar a enfrentamientos y muchas bajas se deben a la intervención extranjera", dijo una portavoz de los servicios de inteligencia ucranianos. 

Al menos 36 personas murieron en Odessa en el incendio de la casa de los sindicatos, provocado por defensores del gobierno de Kiev tras una batalla campal entre manifestantes proucranianos y sectores de trabajadores prorrusos. Durante los enfrentamientos, los prorrusos se refugiaron en la sede de la Casa de los Sindicatos, tras lo cual se declaró un incendio. 

Numerosos integrantes de Pravy Sektor (Sector de Derecha) fueron filmados arrojando cócteles molotov, y las imágenes también mostraron que los asaltantes disparaban con armas de fuego. Cientos de hinchas del equipo de fútbol Chernomórets, conocidos por ser destacados partidarios neonazis, apoyaron a los de Pravy Sektor.

Algunas de las personas atrapadas que saltaron por las ventanas para escapar de las llamas fueron baleados por los neonazis. Efectivos del departamento de Emergencias de Odessa lograron rescatar a 120 personas, más de 200 lograron abandonar el edificio por su cuenta, y varias decenas salvaron su vida al subir al techo de la Casa de los Sindicatos. 

Según el reportero del diario británico The Guardian, al menos cinco cadáveres de sindicalistas con heridas de bala yacían en el suelo antes de que comenzara el incendio. Dmitry Peskov, portavoz del gobierno ruso, responsabilizó a las autoridades de Kiev y a los estados occidentales que lo apoyaban de ser directamente responsables del "baño de sangre" ocurrido en de Odessa. 

Al mismo tiempo, el ministro del Interior ucraniano Arsen Avakov aseguraba que "las operaciones militares" contra el Donbass "continuaban", y que las fuerzas ucranianas habían tomado una estación de tv en Kramatorsk, cerca de Donetsk. "No nos detenemos", escribió Avakov en su página de Facebook, sin temor a que sus expresiones fueran asociadas al ataque a la Casa de los Sindicatos, ocurrido ese mismo día.

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Los sellos postales emitidos por el correo ucraniano en homenaje a Stepan Bandera.

Un antecedente tenebroso

Antes de la II Guerra Mundial, Stepan Bandera fue discípulo de Mykola Mikhnovskyi, seguidor de Mussolini que predicaba una Ucrania unida que se extendiera "desde los Cárpatos hasta el Cáucaso", libre de "rusos, gitanos, polacos, magiares, rumanos y judíos". Bandera se unió luego al grupo de Dmytro Dontsov, traductor de "Mein Kampf", de Hitler, y de "La Dottrina del Fascismo", de Mussolini.

Cuando se produjo la invasión de Hitler a la Unión Soviética, Bandera pensó que podría establecer con los nazis una alianza que le permitiera hacer una revolución nacional-ucraniana para "destruir y expulsar" a los comunistas y a los judíos. En un documento programático para el supuesto Estado ucraniano asociado con Alemania establecía que "Está permitido liquidar a los polacos indeseables, a la gente de la NKVD, a los informantes, provocadores, a todos los ucranianos importantes que traten de hacer su política y que amenacen la mentalidad decisiva de la nación ucraniana". 

Bandera imaginaba que Ucrania sería un Estado de partido único apoyado en las fuerzas nazis, tal como ya lo habían establecido los fascistas Jozef Tiso en Eslovaquia, o Ante Pavelić en Croacia. Los ocupantes nazis se valieron del apoyo de Bandera y partidarios para sus tareas de "limpieza" en la Ucrania ocupada, pero nunca le reconocieron el estatus de "gobernante aliado". 

En la Ucrania actual, el fundador del nazismo ucraniano tiene muchos admiradores. Tras el golpe de Estado prooccidental de 2014 hubo algunas importantes manifestaciones en las que se exhibieron enormes retratos de Bandera junto a las insignias de las organizaciones neonazis  Svoboda y Pravy Sektor.

La situación podría considerarse similar a la de Alemania, España, Italia o Francia, donde las extremas derechas han adquirido gran desarrollo político, con bancadas más o menos numerosas en los parlamentos. Sin embargo, ello no ocurre en Ucrania, donde tienen muy pocos votos. 

Se ve en cambio una gran extensión e influencia de la ultraderecha ucraniana en el ejército, la cultura política y el propio Estado ucraniano, que oficializó el reconocimiento de Bandera con una emisión de sellos postales con su efigie en 2015, que aún están en curso. Cuesta (por ahora) imaginar a alemanes, italianos o españoles enviando cartas con estampillas con la efigie de Hitler, de Mussolini o de Franco.

Bandera fue declarado héroe nacional de Ucrania en 2011, aunque posteriormente la decisión fue anulada por las presiones ejercidas por la Unión Europea, cuando varios gobiernos emitieron comunicados de condena. El hecho muestra la "normalización" de su figura entre el establishment ucraniano.

Otros capítulos notables de la importancia nazi en las instituciones ucranianas son el Batallón Azov, agregado a las fuerzas armadas, y la Guardia Nacional, grupo policial que también ha sido visto a la caza de "merodeadores", "rateros" y… gitanos. El Batallón Azov, que ya ha creado un cuerpo civil y una organización política, es además unos de los receptores privilegiados del armamento que países occidentales están enviando a Ucrania. El 9 de marzo de 2022 las televisiones europeas los mostraban recibiendo armas donadas por el Reino Unido. 

Más aún, Azov se ha transformado en el punto de referencia de la ultraderecha internacional, con sus propios centros de entrenamiento para grupos neonazis de todo el mundo. No será una sorpresa si Europa sufre, más temprano que tarde, atentados de estos grupos supremacistas. En EEUU, los grupos de extrema derecha ya han sido señalados por la CIA y el FBI como la primera amenaza terrorista interna (es cierto que el gobierno estadounidense no usa la misma vara para medir las amenazas internas que las externas). 

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El “Tío Sam” abraza a un terrorista del Estado Islámico y a un nazi ucraniano, mientras les dice: “Bienvenidos a mi club de rebeldes moderados” (dibujo Latuff)

El presente

Uno de los argumentos que esgrimió el presidente ruso Vladímir Putin para intentar explicar su sangrienta invasion a Ucrania fue la necesidad de "desnazificar" el país, ya que considera a los grupos neonazis como una baza fundamental en el intento de Ucrania de convertirse en un nuevo miembro de la OTAN. 

Por supuesto, ni este argumento ni ningún otro justificarán la bárbara invasion del ejército ruso, con su reguero de destrucción y sangre, con la consecuente muerte de civiles y la huida masiva de quienes pueden hacerlo. Menos justificarán a Putin, representante de una oligarquía parásita que pretende negociar sus intereses económicos guerreando con Europa y EEUU. 

En cambio, hay que anotar que para el establishment ucraniano y los países occidentales sí se justifican la tolerancia, y el apoyo financiero y material desembozado, a los grupos nazis que participaron del golpe de Estado de 2014 en Ucrania, del incendio de la Casa de los Sindicatos en Odessa, y de los ocho años de bombardeos sobre la población del Donbass. 

En cierto sentido, ellos evocan la conducta de las potencias occidentales frente Hitler antes de la II Guerra Mundial. Sus gobernantes durante mucho tiempo pensaron –y algunos incluso lo dijeron explícitamente- que era un "mal menor" comparado con el fantasma soviético. Distintas varas para medir las mismas tragedias. 

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