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Miguel Ángel Ortolá: "Un viaje a China salvó mi vida"

Su perseverancia, su orden táctico y sobre todo su extraordinaria pegada llevaron al Gringo de Tres Isletas al fútbol de alta competencia. Carlos Timoteo Griguol alguna vez dijo de él: "De haber pasado por inferiores, hubiese tenido destino internacional". Lo consideraba un diamante en bruto al que no habían pulido.

Primera local (Chaco For Ever 88): Parados, Roberto Cañete, Carlos Pérez, Martín Colman, Fleytas (arquero), “Tuna” Barca y José Cuchi. Hincados, “Chirola” Córdoba, Hugo Gutiérrez, Juan Carlos Uliambre, Miguel Ángel Ortolá y Renato Cassiet.

Punchi, como lo conocen en Tres Isletas, una tarde de 1988 apareció por For Ever con sus botines para "probar" con los juveniles. Su mejor carta de presentación era la formidable pegada de izquierda, valor agregado reservado solo para algunos. 

Así, una tarde, Roberto Cassiet (DT de la primera local) le anunció que Rodolfo Motta (DT del plantel mayor) le había pedido que le mandara un zurdo para colaborar marcando la punta. El ojo sagaz del gran formador no dudó en llamarlo, a pesar de que el Gringo solo se movía como delantero. Una sola práctica con los mayores bastó para que Motta lo integrara al plantel profesional, iniciando una carrera en la que recorrió Ferrocarril Oeste, el Deportivo Pereyra (Colombia), el Deportivo Cuenca (Ecuador), El Porvenir, Deportivo Italiano, General Pico (La Pampa), Temperley, hasta cerrar su carrera en Dock Sud.

-Pareciera que llegaste al profesionalismo solo de casualidad. Sin embargo, alguna vez estuviste en Racing de Avellaneda, aunque regresaste al poco tiempo… 

-En 1983 practiqué con la sexta división (categoría ‘68) junto a "Perico" Pérez y Darío Decoud, entre chicos que luego fueron figuras en el fútbol argentino. Una ciática me impidió seguir, y lo que los doctores del club no pudieron curarme, sí pudo hacerlo un curandero muy conocido de mi pueblo. Me quedé en Tres Isletas, ya que mi viejo era el técnico de la primera, pero me jugó en contra, ya que no me ponía como titular para que la gente no dijera que yo entraba porque era su hijo. Jugué en San Lorenzo de Sáenz Peña y desde ahí pasé a Formosa (Federal "A"), donde perdimos la semifinal contra Sarmiento, que a su vez perdió el ascenso al Nacional B contra Atlético Tucumán. Siempre le agradecí a Motta, que le ordenó al club que me dieran un viático, comida y departamento, ya que hasta ahí vivía en una pensión que pagaba mi padre.

Dominando la pelota con su potente zurda, en un partido ante Lanús.

-¿Cuánto significó Carlos Griguol en tu desarrollo como futbolista? 

-"El Viejo" fue todo para mí, dio la orden de que compraran mi pase cuando la política de Ferro era subir a jugadores de sus inferiores. El me enseñó todos los secretos de cada puesto; se quedaba conmigo después de la práctica para enseñarme el oficio de volante y de marcador de punta, haciendo que dejara de ser puntero. Siempre decía que yo era un diamante en bruto, que de haber tenido inferiores daba para un nivel superior. Con Ferrocarril Oeste en Primera "A" tuve compañeros que fueron figuras en la selección argentina, como el Mono Burgos o el Ratón Ayala. Y pensar que en algún momento, cuando ya era conocido con  For Ever, en la Primera "A", estuve a punto de largar todo.

Ferrocarril Oeste (año 93): El gringo Ortolá festejando rodeado por Mandrini, Ruedo y Cordón.

-Esa historia no es conocida por muchos. 

-Después de ascender a Primera "A" recibí un telegrama donde me decían que pasaba a ser jugador libre. No entendía nada, ya que ese año la AFA me había declarado "revelación juvenil". Al enterarse otros clubes importantes quisieron llevarme, y entonces For Ever dio marcha atrás, y devolví el telegrama porque yo quería jugar para mi provincia, quería mostrarme en el club con el que había ascendido. Sin embargo, aquellos dirigentes no tuvieron esa consideración conmigo cuando estuve a punto de ir a Suiza, y pidieron por mi pase u$s 250.000, una cifra demasiado alta para la época. Marchetta (DT) también quiso llevarme junto a Daniel Cravero y tampoco pudo hacerse, por lo mucho que pedían por mi pase.  

Dos imágenes de Miguel Angel Ortolá en Ferro. En la primera, junto al Negro Palma (también chaqueño) en la previa de un encuentro de Ferro ante Rosario Central.

Cuando For Ever descendió al Nacional "B" firmé para jugar por el 20%, y como en un momento no depositaron mi sueldo en tiempo y forma, entonces fui a hacer una pretemporada con Ferrocarril Oeste. El contrato tenía una cláusula que decía que si no depositaban del 1 al 5 del mes podía declararme jugador libre. Cuando en For Ever se enteraron de que iba a arreglar en Buenos Aires para jugar nuevamente en la "A", quisieron arreglar como aquella vez del telegrama, pero no fue posible. Yo sabía que esa era mi última oportunidad y no estaba dispuesto a desprovecharla. Me fui a jugar a Buenos Aires, aunque mis grandes emociones habían quedado en Resistencia: mis amigos, la gente, la hinchada, que nos alentaba siempre. Eso fue impagable.  

En el vestuario de Ferro: Ortolá sostiene el balón en sus manos mientras el "maestro" Carlos Timoteo Griguol charla con sus compañeros.

-¿Cómo  continuó  tu vida después del retiro? 

-En 2007 me radiqué en El Dorado (Misiones), donde conocí a Guillermina y tuvimos a nuestra hija, Lourdes. De mi anterior pareja tengo a Miguel Angel (23 años) y Agustín (21).  Al poco tiempo de haber llegado vinieron a buscarme desde  Foz do Iguazú (Brasil) para jugar en una filial del Flamengo. Allá jugué un tiempo y era el encargado de patear todos los corners y tiros libres, un orgullo como argentino, ya que estaba entre brasileños, especialistas en la pegada. En Curitiba el técnico de la selección brasileña de la disciplina me invitó para integrar la liga de "Futgolf", que es jugar al golf con pelota de fútbol, con hoyo adaptado.  

Junto a su compañera, Guillermina y la hija de ambos, Lourdes. Además Ortolá tiene otros dos hijos de su primera pareja: Miguel Angel (23 años) y Agustín (21).

-¿Estás al tanto del presente de For Ever, teniendo en cuenta que hace veintiocho años dejaste la provincia? 

-Mis viejos compañeros me mantienen informado. Además, colaboraron desde el club cuando más los necesité. Ojalá el club les dé lugar a los chicos; en el interior chaqueño siempre surgen valores, solo falta captarlos. Si alguna vez tuviera la oportunidad de regresar como entrenador al Chaco, me jugaría por los pibes, promoverlos, y sería como devolver la oportunidad que allá me dieron. Los clubes grandes tienen de coordinadores a exfutbolistas destacados, tener gente solo con ganas no alcanza. El entrenador debe ser profesional full time. En Deportivo Italiano fui coordinador de inferiores, donde puse en práctica lo aprendido en Ferro y me fue bastante bien. En Misiones también lo hice; Nicolás Benegas (Boca) salió de nuestra escuela. En El Dorado dirigí en primera, saliendo varios años campeón. Hoy mi propósito es encontrar mi lugar en algún club importante, por eso me preparo constantemente. Si es por trabajo, estoy dispuesto a hacer cualquier esfuerzo, de hecho que hasta llegué a China, donde me parecía vivir un sueño, por los proyectos que había puesto en marcha en el colegio, por lo económico, por todo. Pero ocurrió algo que no estaba en mis planes, y sin embargo agradezco haber llegado allí. El viaje a China salvó mi vida.  

Estadio del colegio secundario de Yinchuan, China: el “Gringo” de Tres Isletas -parado en el medio- junto a sus alumnos.

-¿Cómo fue aquella experiencia como profesor de fútbol en una cultura tan diferente de la occidental? 

-Viajé a China en 2018 para trabajar durante un año en un colegio secundario de Yinchuan, departamento de Ninyia. El colegio era una ciudad dentro de otra, donde habían creado el espacio curricular "Fútbol". Cuando llegué, el colegio estaba convulsionado; habían armado un aula temática de fútbol donde abundaban fotografías mías como jugador, con fotos hasta en los pasillos. Lo que me impactó fue ver la forma que tenían para reprender a los que desatendían; les pegaban en la cabeza con la mano abierta (sopapo), eran correctivos muy naturalizados, pero que no los rebelaba, era cultural. De igual manera, pedí que cuando estuvieran conmigo no les pegaran. Respetaron el pedido, al menos durante mi clase. 

Una "selfie" en su paso por China.

Siempre trabajaba un traductor a mi lado, y una vez afuera seguía con la aplicación del celular, traduciendo del chino mandarín al español. Ingresaba a las seis y media de la mañana para dar ejercicios físicos durante cuarenta minutos, con el único objetivo de despejarlos, ya que decían que iban a tener mejor rendimiento durante la jornada de estudio. Luego de practicar conmigo, pasaban por los vestuarios a ducharse. El fútbol se daba solo de tarde, durante cuatro horas. Con paciencia, armé una selección en la que les enseñé los sistemas para que pudieran competir. 

Al segundo día de llegar fue mi cumpleaños, y los profesores me agasajaron cocinando ellos mismos. La entrada era cangrejos y hormigas secas, con trocitos de animales pequeños incrustados en palitos… (risas). Obviamente, les dije "Yo paso". 

Aprendí a consumir tipos de fideos que jamás había visto, como también a tomar cerveza natural. Al arroz lo preparaban al vapor y era muy rico. Tenían supermercados exclusivos para extranjeros, donde encontrabas hasta dulce de leche…

El estadio de fútbol era algo increíble, con 80 pelotas para arrancar y el material que imagines a mi disposición. Un sábado llegó a mi departamento un camioncito de "Kelme" (el auspiciante) para dejarme la ropa de invierno de entrenamiento, ya que ahí hace 14 grados bajo cero. Estaba viviendo un sueño… hasta que los estudios clínicos (muy exhaustivos) que exigían para obtener la visa no dieron bien. Tenía un tumor encapsulado en uno de los pulmones. Tuve que regresar a la Argentina para operarme, con una recuperación bastante rápida. Sin embargo, el año pasado atravesé por una trombosis como consecuencia del tipo de patología que tuve. En China me aseguraron que una vez recuperado podría volver, pero la pandemia lo complicó todo.  Dios me dio otra oportunidad y estoy muy fuerte desde mi fe. Mis amigos chaqueños, misioneros, porteños, y de tantos lados donde anduve tras una pelota, ayudaron en mi recuperación y en los tratamientos, que son muy costosos.   

Miguel Ángel Ortolá (centro), en Colombia, con la camiseta del Deportivo Pereyra.

La trascendencia de Maradona y Messi

"Estando una noche en un restaurant, se acercó a mi mesa uno de los chinos que estaba en uno de los sectores donde todos lucían trajes. Luego de  su reverencia, me invitó a compartir con ellos, eran todos tipos de traje y demasiado parecidos entre sí. Lo único que entendí fue cuando el chino, al presentarme, nombró a Maradona y a Messi", recuerda Ortolá sobre su residencia en la gran nación asiática.  

"Puse el grabador de mi celular para traducir de chino mandarín a español, y entendí que les contaba que yo era jugador de fútbol de la Argentina y que había jugado con Diego, algo que no era tan así, pero que me agrandó (risas). Luego de su corto discurso me levantaron en andas, mientras todo el restaurante aplaudía. Ahí supe lo que representó Maradona en el mundo, del trato que nos dan cuando se enteran que somos argentinos. Me acordé de que alguna vez habíamos jugado juntos en los entrenamientos de Ferro. Fueron durante tres días, después de que Griguol lo invitara a practicar con nosotros. Diego volvía de la sanción impuesta por la FIFA, siendo esa la única vez que tuvimos en las prácticas a reporteros de todo el mundo".