Conducir a bajas revoluciones: manía que destroza motores
Reducir el consumo de combustible fue siempre uno de los objetivos de todos los conductores.
El precio de la nafta y el gasoil siempre tuvo una fuerte influencia en las economías domésticas y desde hace muchos años existe la costumbre del uso de la marcha más larga en pos de conducir a bajas revoluciones, una estrategia que efectivamente tiene sus beneficios, pero que si no se usa correctamente puede llevar al límite a nuestro motor, pero también a nuestro bolsillo.

Antaño con los coches con caja de tercera, herramienta de taxistas, era común circular en tercera marcha casi todo el día pero hoy es muy común que los fabricantes instalen cajas de cambio con desarrollos muy largos y/o mayor número de relaciones.
Hablar de 6 cambios en las cajas manuales es algo ya habitual en el grueso de los motores y modelos de coches y no es una moda, se trata de aprovechar al máximo la "fuerza" que entrega la mecánica en un rango de RPM muy estrecho por las características constructivas de los nuevos motores (3 cilindros, turbos, poca cilindrada) por lo que incluso en motores "justos" hay que bajar hasta 2 relaciones para sacar su mejor aceleración. La prioridad absoluta es siempre el consumo.
La estrategia de los fabricantes no es mala pero existe la falsa creencia de que hay que manejar lo más cerca posible del ralenti para reducir el consumo pero es entonces cuando aparece un problema donde no tenía que haberlo. La creencia de que trabajar al menor número de revoluciones reduce el consumo es cierta, sin embargo no es una verdad absoluta y depende de muchos factores para encontrar realmente ese beneficio.

¿Qué manejamos?
Lo primero que hay que tener muy en cuenta es cuál es el motor que se maneja y dónde ofrece su mejor zona de trabajo o par (está en el manual). Por regla general los motores nafteros tienen esa zona óptima entre las 2000 y 3000 RPM, los Diésel entre 1.500 y 3.000 rpm, mientras que los motores turbo suelen moverse en torno a las 2.500 y 3.500 rpm. Circular aprovechando ese régimen de par máximo permite no sólo reducir consumo, sino contar con el empuje necesario para acelerar, evitando hacer trabajar de más al motor tanto por debajo de su zona óptima, como por encima.
Usar la marcha más larga posible sólo es recomendable para momentos de muy baja carga de motor, en una larga recta en llanura o aprovechando una pendiente favorable. Si por el contrario se pretende subir una cuesta en la misma marcha se esfuerza el motor y se consume demás.

Otro problema muy habitual de conducir a muy bajas revoluciones, especialmente en los diésel más modernos, es la aparición de averías en los sistemas anticontaminación. El uso de gasoil genera partículas y hollín en condiciones normales, pero si obligamos al motor a trabajar en sus peores condiciones, los sistemas anticontaminación terminan por saturarse y por no alcanzar las temperaturas de trabajo necesarias para regenerarse.
En definitiva. Conducir a bajas revoluciones no es un problema siempre que se sepa cómo sacar provecho a esta técnica. Conocer el régimen de trabajo óptimo del motor, así como los desarrollos de la caja de cambios permiten conseguir el ansiado ahorro de combustible.
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