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Murió Arturo Bonín: el espectáculo despide a un histórico actor

El actor, de los más respetados por sus pares y adorado por el público, tenía 78 años y su familia confirmó la noticia a través de un comunicado.

El espectáculo argentino se vistió nuevamente de luto. Pasadas las 16 de este martes, murió el actor Arturo Bonín, a los 78 años, luego de combatir un grave cuadro de salud. La noticia fue confirmada por su familia, que difundió un sentido comunicado de despidida y agradeciendo por el apoyo recibido en este último tiempo.

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"Con profunda tristeza comunicamos el fallecimiento de Arturo Bonín. Agradecemos a todos los que nos han acompañado en esta difícil etapa y a todos los que sienten su pérdida. Arturo amó su profesión de actor y director, y ha tenido el privilegio de vincularse y compartir hermosos momentos con tantas personas que lo quieren y respetan. Agradecemos todo el afecto recibido. Su familia", redactaron, adjuntando una imagen de Arturo Bonín en uno de los lugares más queridos de su vida: el escenario teatral.

Comenzó su carrera de actor en el circuito teatral independiente, incluso como parte de la cooperativa de trabajo del Teatro del Centro, allá en los años 70. Entre sus primeras obras, caben citarse Show Watergate, El diario de Watergate, ¿Cuánto cuesta el hierro?, la primera versión de Esperando la carroza, Los pequeños burgueses y La luna en la taza, hasta que en 1980 fue convocado para hacer su primer papel en un teatro comercial, en la comedia musical Érase una vez Nélida Lobato (1980), en El Nacional. Luego siguieron El nuevo mundo, La pirámide, Papá querido (en el ciclo Teatro Abierto), e innumerables trabajos en el ámbito del teatro comercial, oficial e independiente, entre los que se destacan Sueño de una noche de verano, Seis macetas y un solo balcón, Feliz año viejo, Tres noches en el Alvear, Las brujas de Salem, Asesinato entre amigos, Socorro, Pares y nines, Traición, Cartas de amor, Hollywood... quiero estar en tu historia, Alguien velará por mí, Borkman, Cuestiones con Ernesto Che Guevara, Divorcio: cruce peligroso, Hasta que la vida nos separe, A propósito de la duda, El conventillo de la Paloma, Illia (uno de sus mejores trabajos), Código de familia, Whitelocke, un general inglés, Hamelin, Cómo ríe la vida, Cardenio, El perro en la luna, La mujer justa, Ver y no ver; y uno de sus últimos trabajos, que le valió los premios ACE y Estrella de Mar: Un instante sin dios, de Daniel Dalmaroni, junto a su gran amigo Nelson Rueda.

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Arturo Bonín y Susana Cart, un amor de más de 40 años.

Su último trabajo fue en la tira La 1-5/18, pero se inmortalizó a través de trabajos como Yo fui testigo, La señora Ordóñez o Vidas robadas, en televisión; y Bairoletto, Otra historia de amor y Asesinato en el senado de la nación, en cine.

Bonín amaba contar cuentos, relatar historias y repetir anécdotas. Esos relatos llenaban sobremesas, tardes de mates, pausas en grabaciones y previas teatrales. Tal vez por eso sea tan recordado su rol como narrador en Yo fui testigo, una serie de televisión emitida entre 1986 a 1989 que tenía por tema en cada episodio un acontecimiento real ocurrido en el país o la biografía de un personaje con trayectoria pública, que se desarrollaba entrecruzando el periodismo y la ficción, con guiones de Ricardo Halac y Juan Carlos Cernadas Lamadrid.

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Si bien nació en el barrio porteño de Villa Urquiza, vivió su infancia y juventud en Villa Ballester, al norte del Gran Buenos Aires, donde comenzó su amor por la actuación. "Estudiaba química para la alimentación en un industrial de Floresta y, un día, mi amigo Rodi me contó que en el Comercial (Manuel Belgrano) de Villa Ballester, donde yo vivía, daban clases de teatro los sábados a la tarde. Lo único que pregunté fue: ¿Y ahí hay minas? Como me dijo que sí, que había un montón, fui y mentí: dije que era alumno de ese colegio y me creyeron", comentó hace algunos años en el diario Clarín.

Siempre recordó que cuando le contó a su padre que quería ser actor, lo llevó urgente al médico para que lo "curen". El profesional lo calmó y le sugirió que confíe en la vocación del pibe. En su juventud trabajó como vidrierista, incluso cuando ya se dedicaba al teatro independiente.

Fuentes: La Nación - El Destape

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