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Historias chaqueñas a 40 años de Malvinas

Omar Quintana: "Nadie estaba preparado para la guerra" 

 Fue parte del Batallón Antiaéreo de la Infantería de Marina, que ofició de escudo del aeropuerto de Puerto Argentino, capital de las Malvinas..

Omar Quintana, excombatiente y residente de Puerto Tirol.

El próximo 2 de abril se cumplirán 40 años de la guerra de Malvinas. También este año se cumplen 189 años de la usurpación británica. Ante estos aniversarios, Omar Quintana, excombatiente, se pregunta desde su Puerto Tirol natal cómo será el momento en que muera el último soldado argentino que combatió y dio su vida por la patria. 

-¿Qué puesto ocupaba cuando fue a Malvinas?  

-Era conscripto y cargador de cañones para fusil. Estaba en el Batallón Antiaéreo de Infantería de Marina con base en Puerto Belgrano.

-¿Cómo se enteró de que iba a la guerra, en qué momento les avisaron?  

-Nos enteramos más o menos el 4 de abril, pero antes ya nos hicieron preparar los equipos. El 6 abril nos hicieron levantar, preparar todos los elementos de combate, y salir. No nos dijeron que nos íbamos a Malvinas, sino que teníamos un ejercicio. Desde Puerto Belgrano fuimos al aeropuerto de Comandante Espora (Bahía Blanca) y de ahí salimos, a las diez de la noche. Llegamos de madrugada a Malvinas. 

-¿Es decir que desconocían el destino?   

-Sí, lo desconocíamos. Porque no sabíamos dónde iba a ser ubicado nuestro batallón y tardamos casi tres días en llegar a Puerto Argentino, no teníamos destino ahí en las islas. Nuestra función era cubrir todo el aeropuerto y el pueblo. 

-¿Y qué recuerdo tiene del momento de la llegada a las islas, a pesar de que no sabía adónde iba?  

-Lo único que puedo recordar es que íbamos con todos los cañones. Llegamos, descargamos todo nuestro equipo, y nos dijeron "están en Malvinas". Hasta el 1° de mayo, que fue el primer bombardeo, siempre pensábamos que estábamos de ejercicio solamente en el lugar.

-¿Estaban preparados para una guerra?   

-Yo creo que nadie estaba preparado para la guerra; acá en la Argentina, nadie. Hacíamos ejercicios, nosotros estábamos un poquito más preparados que otros, estábamos un poco más calificados, no al cien por ciento, pero teníamos instrucciones.  

-¿Cuál es recuerdo más triste que tiene de esos momentos?  

-Recuerdo la oportunidad en que nos pusimos a llorar por el fin de la guerra. Información que teníamos del Estrecho Dos Hermanas. Venia un bote de goma con la bandera flameando y escuchamos: "Terminó la guerra". Nos abrazamos y empezamos a llorar, aunque fueron comentarios falsos. 

-Muchos dicen que cuando volvieron ustedes no podían hablar… 

-Sí, nos dijeron que no contáramos nada de lo que pasamos. O sea, entramos al país por la puerta de atrás. 

-¿Adónde fue cuando volvió?  

-Volví a mi batallón. Nos hicieron toda la revisación médica y nos pegaron un movimiento vivo, nos tuvieron "bailando", porque sabían que nos daban el documento y nos mandaban a la casa. Infantería es bravísimo, es duro, pero tenés que aguantarte todas las cosas. 

-Este año se cumplen 40 años de la guerra. ¿Hay que conmemorar?  

-Estamos esperando una condecoración del gobierno nacional, siempre nos prometen, y estamos en eso. Por ahí me pongo a pensar, y sí, nos deben lo que hicimos. Pero a la vez pienso "conformémonos con lo que tenemos".  

-¿Por qué cree que es importante seguir hablando de Malvinas?  

-Tenemos que malvinizar, para que esto no quede en el olvido. Venía pensando qué orgullo sentirá el último excombatiente que muera, ¿no? El orgullo, a quien le toque, será para su familia, sus hijos, nietos. 

En la entrevista con Chaqueña, en la plazoleta “Héroes de Malvinas- Julio Romero”.

El bautismo de fuego y un reencuentro 

En la madrugada del 1° de mayo de 1982 un avión Vulcan de la Fuerza Aérea británica lanzó bombas sobre la pista principal del aeropuerto de Puerto Argentino. Fue el primer ataque aéreo enemigo, repelido por el Batallón Antiaéreo de la Infantería de Marina. En la acción murió el dragoneante Ricardo Romero, primera baja de ese batallón. Ese combate antiaéreo fue el primero de su tipo en la historia de guerra de la Nación, y para el Batallón Antiaéreo constituye la fecha de su bautismo de fuego. El recuerdo de ese día vuelve a la memoria de Quintana en varios tramos de la entrevista. 

También recuerda su viaje a Chajarí, Entre Ríos. El año pasado se reencontró con excombatientes de su batallón y fue uniendo piezas, encontrando compañeros que le recordaban algunos detalles que él tenía presentes, pero a la vez difusos. "Nosotros éramos más o menos 320. El año pasado encontré a varios compañeros que me contaron que estuvieron conmigo y otros de los que sí tenía una imagen, pero no recordaba sus apellidos, porque los últimos días la pasamos mal, escuchábamos las bombas arriba de nuestra cabeza".