Economía en la encrucijada
Tras el ataque que lanzaron tropas de Rusia en Ucrania el precio del barril de petróleo -uno de los indicadores más importantes de la economía mundial- superó la barrera de los 100 dólares, el valor más alto de los últimos ocho años.
La noticia es poco alentadora para el mundo y es aún más negativa para la Argentina, ya que el aumento del crudo llega en un momento en que el país negocia con el FMI una hoja de ruta que incluye reducir los subsidios a la energía.
Con los precios del crudo por las nubes (y también los del gas, que en Europa ya mostraron un fuerte incremento) lo que ocurrirá en todos los países es que habrá tarifas energéticas más caras para los usuarios, en un contexto global marcado por la inflación.
El compromiso que asumiría nuestro país con el Fondo Monetario Internacional para bajar los subsidios a la energía encuentra así un nuevo obstáculo que era impensado hasta hace pocos días. Además, como se sabe, el incremento de los precios de los combustibles impactará tanto en los hogares como en las industrias, no solo de la Argentina sino de todo el mundo.
Como advirtió la agencia Bloomberg al informar sobre el precio del barril de petróleo Brent en más de 100 dólares, esa suba representa "un duro golpe a la economía mundial". Lo que también preocupa es que, sobre la intervención de Rusia en Ucrania, nadie sabe a ciencia cierta cómo evolucionará el conflicto, es decir, si será de corta duración o por el contrario se extenderá varios meses agregando incertidumbre e inestabilidad a un mundo que se preparaba para salir de la pandemia.
En rigor, los efectos que tendrá la crisis en Europa del este en la economía global todavía son inciertos. En el peor de los casos, podrían resentirse varias de las economías de los países de la Unión Europea y generar un efecto dominó en la economía mundial.
Debe tenerse en cuenta que, por la crisis sanitaria que desató el Covid 19, hay una larga lista de naciones que enfrenta el problema de la inflación, entre ellos Estados Unidos, que midió un 7,5 por ciento anual, un porcentaje que puede parecer ínfimo para ciudadanos que padecen economías vapuleadas como la argentina, pero que para los mercados más estables representa una verdadera catástrofe.
A modo de ejemplo, se mencionan los índices de inflación de algunas naciones como Francia, que el año pasado registró un 3,4% anual, la mayor inflación de los últimos diez años; Italia: 3,8%; Austria: 4,1%; Irlanda: 5,4%; Países Bajos: 5,6%; España: 5,6%, la mayor de los últimos 29 años y Alemania: 6%, la mayor inflación de los últimos 29 años.
Hace apenas un par de semanas, en el marco de la negociación con Argentina, la jefa del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, recomendó controlar la inflación con suba de tasas y menor déficit fiscal. En esa oportunidad, además, la economista búlgara reconoció que la mayoría de los países, por no decir todos, enfrentan un creciente problema por la suba de precios.
Ayer, Georgieva escribió en su cuenta de Twitter: "Estoy profundamente preocupada por lo que está sucediendo en Ucrania y, ante todo, por el impacto en personas inocentes. Esto agrega un riesgo económico significativo para la región y el mundo. Estamos evaluando las implicaciones y estamos listos para apoyar a nuestros miembros según sea necesario".
Queda por ver qué entiende el FMI por "apoyo" a sus miembros y si en este nuevo contexto internacional resuelve dar más oxígeno a nuestro país para que pueda cumplir con el pago de la monumental deuda externa que lleva sobre sus espaldas. Sería casi un acto de piedad. Pero ése es un término que no figura en el diccionario ni en los manuales del organismo financiero internacional.
La Argentina se encuentra de nuevo ante una de las encrucijadas decisivas de su historia. Su economía también, por supuesto. El aumento de los precios de la energía y la mayor presión inflacionaria hacen más difícil el camino de la recuperación. Solo queda esperar un milagro.
En un país como el nuestro, donde más del 70 por ciento de las exportaciones son materias primas, tal vez el incremento de las cotizaciones de los productos básicos pueda hacer que ocurra ese suceso extraordinario.










