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Pobladores y bomberos los sufren en la primera línea

No son solo obra de la naturaleza: catastróficos incendios en Corrientes

Ya arrasaron 600.000 hectáreas, lo que equivale al 7% del territorio de la provincia cuyo gobierno se opuso a la ley de manejo del fuego.

Mientras las acusaciones entre el gobierno nacional y el provincial van y vienen, las normas en vigencia que penan incendios intencionales no se aplican y nadie controla.

El Ministerio de Ambiente nacional, responsable de vigilar el territorio e implementar el Plan de Manejo del Fuego, hace tiempo que se limita a ser un comentarista del desastre y a publicitar medidas absolutamente insuficientes.

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Los incendios forestales y rurales no ceden en la provincia de Corrientes, que registra focos ígneos en distintos puntos de su geografía. Las pérdidas son incalculables. La flora y fauna, jaqueadas. (Télam

El intendente de Mercedes, Diego Caram, dijo a la prensa que el gobernador Gustavo Valdez estaba de vacaciones en Punta del Este y que ‘No me llamó nunca. Recién un mes después me mandó un WhatsApp un ministro suyo, la semana pasada. Los incendios empezaron el 10 de enero‘. El gobierno provincial y los empresarios rurales correntinos se opusieron a la ley de Manejo del Fuego (que prohíbe la venta y el cambio de uso de tierras incendiadas) votada en 2020, y luego no hizo lo necesario para implementarla. La provincia con mayor superficie de esteros tampoco apoyó el proyecto de Ley de Humedales.

Este panorama, tristemente habitual, ahora está potenciado en forma trágica por una sequía bíblica, parte del arsenal del cambio climático que algunos todavía pretenden negar. La bajante histórica del Río Paraná y todos sus afluentes es una expresión contundente de la seca.

Pero, además, la falta de agua ha dejado una enorme acumulación de masa vegetal muerta que se volvió un inagotable tanque de combustible para el fuego (y para los incendiarios).
Los bomberos y brigadistas, la mayoría de ellos voluntarios, deben ahora enfrentar una situación derivada de la falta de inversión y de previsión por parte de los responsables, situación similar a la que vivieron los trabajadores sanitarios durante la pandemia. Ellos y los pobladores de las zonas arrasadas tienen que luchar en primera línea sin los elementos necesarios, arriesgando su vida y perdiendo sus pertenencias.

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