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Ante la demanda creciente que soporta el personal de Salud

Asistencia sanitaria, un continuo de cuidados

Luego de ver las noticias sobre la situación epidemiológica, la demanda creciente que soporta el área sanitaria, el trato brindado por algunos usuarios cansados de la espera, junto a la exigencia emocional y física que demanda el trabajo en lugares críticos, quisiera compartir algunas cuestiones y me permitan cierta digresión a la hora de relatar en primera persona. 
Esta foto me interpeló en profundidad.

Parecería que al retrato no le hace falta mucha descripción, la imagen —de alguna manera— toma autonomía y se presenta sola, aunque admite la siguiente pregunta ¿Qué historia nos cuenta ese rostro? Se podría inferir que expresa cansancio, dolor, sufrimiento, desazón y porque no abatimiento. Entiendo, después de casi dos años de pandemia, que las marcas que dejan los elementos de protección, no son las más riesgosas.

Ahora bien, ¿cómo hacemos con las "otras marcas"? La de los pacientes sofocados por la falta de aire, agobiados por el aislamiento, el registro de nuestros propios miedos —al contagio y a contagiar-—, de las largas horas de trabajo o del enojo de los pacientes al no poder cumplir con sus expectativas.

¿Cómo trabajar cuando lo prescripto no alcanza y es superado por la necesidad que demanda la realidad? Neffa y Henry (2017) unos años antes de este contexto global tan particular, se preguntaban ¿quién cuida a los que cuidan? Y en línea similar, hoy me interrogo: ¿podremos cuidarnos entre nosotros? Afirma Pascale Molinier que el trabajo de cuidado atraviesa transversalmente a las profesiones de servicio. 

Tronto (1993, en Wlosko y Ros, 2015) expresa, que cuidar es todo lo que hacemos con vistas a mantener o reparar nuestro mundo, de modo que podamos vivir lo mejor posible en él. 
La teoría del cuidado reconoce la vulnerabilidad como condición común de la humanidad y afirma que "lo que define al ser humano es su dependencia con los demás", Molinier (2014, p. 134). 

Esta construcción de un mundo común, conlleva la presencia de espacios en el cual circule la palabra, tanto en los equipos de trabajo como en la función cuidadora. El care implica un saber hacer en cooperación, es un trabajo antes que una disposición, involucra la dimensión física a través del contacto corporal, la cognitiva, a través de la función asistencial terapéutica, la relacional dada por la comunicación y escucha empática y la dimensión psíquica comprometida para controlar emociones propias y la de los pacientes. 

El trabajo de cuidado es invisible —ya que en ocasiones compromete la intimidad del otro— y por lo tanto es poco reconocido. No se puede calcular o medir, debido a que es fundado en acciones discretas, inefables y no repetitivas, por lo tanto es inestimable a través de la economía de mercado, Molinier (2014, en Ros y Wlosko, 2015). En este sentido la autora se pregunta ¿cuál es el precio de una sonrisa? Y me animaría agregar ¿y el costo de no dormir, no poder volver a casa o de trabajar doce horas sin descanso? 

Tronto (2009, en Molinier, 2015, p. 134) ofrece un nuevo enfoque asistencial en la melodía del trabajo de cuidado, "hay un continuo en el grado de atención que cada uno necesita, no una dicotomía entre los que son atendidos y la gente que los cuida", para lo cual se requiere abandonar la idea de autonomía completa y personal, considerar nuestra profunda vulnerabilidad y reflexionar acerca de la responsabilidad social. Esta perspectiva nos recuerda que la asistencia sanitaria es un continuo de cuidado que invoca y alienta a movilizarse mutuamente hacia el otro.


 (P/D: con afecto a mi querida amiga) 

(La autora es licenciada en Obstetricia y en Kinesiología)