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22 y 41: equilibrio y oportunidad

Llegamos al final, queridos lectores. Este ciclo terminará –sin querer, queriendo- el 31 de diciembre del 2021.

 Solía preguntarme: ¿cómo encuentran los finales los grandes escritores, como García Márquez con su inmortal Macondo en Cien años de soledad, o la inagotable imaginación de J.K Rolling con Harry Potter. ¿Cómo pondría final a este recorrido de un año y medio, si la pandemia no terminó?. Esa fue la excusa para comenzar este camino, sin mapas. 

La primera columna  (que honestamente pensé solo iba a ser una sola) se tituló Cuarentena: tiempo y cambio. Escribí esa columna un día por la noche, con las ventanas abiertas, un silencio total. El mundo se había frenado, yo también. 

Como dice Kelly Clarckson en su canción Stronger:" lo que no te mata te hace más fuerte…lo que no te mata enciende esa llama…". En 2020 cumplí mis 40, en pleno corazón de la pandemia. Antes de eso, ya había comenzado a medir el tiempo de otra forma y a poner en marcha cambios que pensé que ya no podía hacer. 

Me preguntaba, en aquella primera entrega, si el mundo cambiaría. El mundo sí cambió, pero nosotros aún seguimos adormecidos. Quizás un poco más aislados de lo que el "aislamiento preventivo", nos pidió. No, queridos lectores, tampoco vamos a generalizar, seguramente muchos de ustedes han cambiado sus vidas, su pequeño mundo, por obligación o decisión. 

Solía ver los 40 como una barrera, un hasta acá llegaste. No esperé encontrar el asombro otra vez, una nueva forma de ver mundo- sí, una más- y sin ninguna duda, no esperaba poder hacer este tipo de periodismo, con el que solo podía soñar o volcar en un blog solitario. 

Quiero que conozcan a ciertos personajes centrales de cómo empezó esta historia: Eliana Coronel, colega y compañera que propuso estas columnas y a Nuri Bendersky, la coordinadora detrás del diario digital, y el suplemento FINDE. Ellas, junto a Marce (Marcelo López) y Tato (Mariano Bianucci), hicieron un hueco en la edición on line para que empezara a expandir mi mente, y a sumar un gran aprendizaje profesional y humano. Había trabajado en una redacción a los 20 años (por un año) y esta, aunque virtual, fue mi primera redacción compartida en forma profesional, y sin dudas ha sido un viaje increíble. Ellos me enseñaron que, como dice un proverbio etíope "cuando las arañas tejen juntas, pueden atar a un león".

Ustedes, queridos lectores han sido la sorpresa más grande, gracias por leerme cada viernes, por sus devoluciones que han sido tantas, y de tantos lugares donde nunca creí llegar

Lejos de generarme incertidumbre, la cuarentena y mis 40, me llenaron de decisiones. Comenzó a cargarse la batería para una nueva etapa, a descargarse la mochila para nuevas experiencias, a desprenderse el pasado, para darle espacio al presente: ese tiempo verbal con el que siempre escribo, pero del cual no era plenamente consciente. ¿Quizás, no lo éramos todos?. 

No podía dejar afuera de este último partido a nuestra querida RAE (Real Academia Española), que nos dice que revivir es "volver a la vida después de morir". Revivir sería una especie de redención, o utilizando una palabra más sencilla (algo que volví a apreciar: la sencillez de las cosas), una oportunidad. 

Los 41 llegaron con una gran parte de mi cambiada, pero cuando uno va muy rápido puede perderse el recorrido. Entonces, el 2021 comenzó a ser más pesado, los calambres aparecieron, y parecía que la meta se alejaba. Sin embargo, entendí que los cambios llevan tiempo: más o menos, el que nosotros decidamos. Son tan únicos como somos únicos cada ser humano. Entonces el mundo no puede cambiar de golpe, ni de una cuarentena a una nueva normalidad.

En este 2021 entendí que el gris es la mezcla del blanco y el negro. Que todos tenemos un poco de luz y un poco de oscuridad, y lejos de ser poética esta reflexión, creo que la pandemia más que nunca nos mostró el famoso Yin y Yang (principio filosófico y religioso que explica la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias). Entonces, para volver a la simpleza, en lugar de gris, de Yin y Yang diré: equilibrio, como el que busca un malabarista en la cuerda floja. 

"La vida no es sino una continúa sucesión de oportunidades para sobrevivir", dijo Gabo (Gabriel García Márquez), yo me atrevo, con mucho descaro, a cambiar sobrevivir por revivir. Entonces, a todos nosotros que llegamos a este 31 de diciembre y a aquellos que despertemos el 1 de enero del 2022, hagamos que esta oportunidad tenga ese equilibrio. No dejemos de vivir en el presente, aprovechando el tiempo, pero tampoco dejemos de soñar con esos cambios, esas metas que revivir, en esta pandemia, nos dejó.