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Sergio Schneider

Columnista

Tiempo de juntar los pedazos

Ningún mes del año nos hace sentir más el paso del tiempo que diciembre. Al ser el último escalón del almanaque nos deja a las puertas de un calendario más, que es al mismo tiempo –y lo sabemos- un calendario menos. Además, es ese espacio en el que se acomodan las celebraciones de la Navidad y del Año Nuevo, que para los adultos tienen el gusto dulzón del bullicio y la ilusión de los niños, pero también el sabor melancólico de las ausencias y de redescubrir -en esa inocencia infantil- lo lejos que estamos de los que alguna vez fuimos.

Eso no nos priva del futuro, claro, y mucho menos del presente, que al fin de cuentas es el único pájaro que tenemos entre las manos. Aunque seguramente no todos lo viven del mismo modo, no parece osado decir que a medida que nos vamos llenando de tiempo el mundo se nos va convirtiendo en algo cada vez más ajeno.

Tal circunstancia tiene características que en la Argentina se potencian. Si el futuro siempre es un misterio, en nuestro país directamente queda desbordado de incógnitas. Y las dudas no tienen que ver solo con lo que traerán los años: comienzan con el día de mañana.

El año se va cerrando, por si no bastara con lo anterior, repleto de interrogantes sobre cómo continuará la desgastante historia de la pandemia de coronavirus. La pesadilla ingresó a un tramo más amable pero lo que está sucediendo en Europa nos recuerda que aún no hemos despertado. La sola idea de que podamos retornar a un escenario similar al de 2020 es aterradora. Tanto que, en general, nos comportamos como si fuese imposible que tal cosa ocurriera.

En vez de considerar ese riesgo, nos decimos lo que siempre hemos repetido, casi como un conjuro, en cada diciembre: "El año que viene no puede ser peor". El 2021 nos puso a juntar los pedazos (justo a nosotros, que ya sin pandemia llevábamos décadas haciéndolo), y la esperanza nos dice en voz baja que creamos, que no seamos tan racionales, que 2022 nos dará una sorpresa de las buenas. Hartos de la precariedad y de que el derecho al optimismo viva encerrado en el sótano, volveremos a brindar por lo que desde hace muchísimo no sucede.

Esta cita anual con el resumen informativo de NORTE habla de lo que fue noticia en estos doce meses y, entre líneas o explícitamente, también de lo que podría suceder a partir de enero. Porque en la realidad no hay rupturas. A lo sumo hay curvas abruptas, que a veces llevan a buenos lugares y a veces no.

Quienes hacemos NORTE también, empecinadamente, confiamos en lo que vendrá. Estas hojas que están en sus manos son una prueba material de ello. En ellas está plasmado el trabajo de decenas de personas que creen. En nuestra propia historia de dolores, adversidades y epopeyas hay algo que nunca se discute: al día siguiente hay que tener un diario en la calle. Y eso está hecho, más que de tinta y papel, de puras esperanzas.

Las imágenes que ilustran esta página hablan de ese mundo nuestro, hecho como el de ustedes, a puro trabajo.

Gracias por seguir fieles a esta cita, la de diciembre y la de todos los días. Ojalá podamos repetirla pronto en una realidad mucho mejor, una en la que descubramos -más temprano que tarde- que allí donde había pedazos se erige una felicidad entera y sin fisuras.

(*) Director periodístico de NORTE.