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MATÍAS ZACARÍAS, VENDEDOR AMBULANTE

"Con lo que se gana solo alcanza para la comida"

Una familia que vende verduras en el microcentro cuenta cómo se organiza.

Un hombre y dos hijos adultos encontraron en la comercialización ambulante una forma de sustentar tres hogares. La clave es la combinación de ofrecer buen precio y productos de estación al paso, dicen.

“Laburamos a pulmón, compramos la fruta con nuestra plata; solamente queremos vender sin que nos corran”, pide Matías Zacarías.

‘A veces tenemos frutas como sandía y melón, otras veces limones y ajos‘, enumera Sandra Zacarías. Ella se sumó hace tres meses pero sus familiares llevan más de cinco años en la modalidad.

DESDE TEMPRANO

El grupo familiar va cada madrugada hasta el Piso (mercado frutihortícola) en busca del cajón de verduras o frutas con mejor precio y que les dé el margen necesario de ganancia para reventa.

Este miércoles ofrecían tres bolsitas con opciones bien distintas, cada una por $100: ocho limones, o cuatro cabezas de ajo o 7 a 8 morrones (según el tamaño).

La alternativa en frutas era un combo compuesto por una docena de naranjas, cinco bananas y dos manzanas. Esa bolsa vale $200.

Sandra prepara las bolsitas con destreza. Mientras el papá y su hermano se organizan, hay clientes que ya van comprando.

EL MOVIMIENTO

A las 9, en una esquina de la zona de la vieja terminal de ómnibus, el tráfico bullía. Sandra terminaba de armar las bolsas que el papá, el hermano y dos ayudantes más saldrán a ofrecer a transeúntes.

Al pulso de la actividad comercial y de las oficinas públicas, a las 13 es el horario en que finaliza cada jornada. Los changarines cobran por las bolsas que vendieron y se despiden hasta el día siguiente, cuando todo el ciclo empieza de nuevo.

Piden que les permitan vender

Antes de recorrer puntos de afluencia en el microcentro, la familia Zacarías se ubicaba en inmediaciones del hospital Perrando. A Matías le consta que hay otros grupos de personas que se dedican a lo mismo y caminan el microcentro, la plaza o la peatonal.

Con la presencialidad proliferó la venta ambulante (foto de Eliana Coronel).

RECLAMO

‘Andamos por varias partes porque nos corren de todos lados. ¿Por qué no van a mirar a los piqueteros? Nosotros estamos laburando y nos vienen a molestar‘, se queja. Algo enojado con los controles y advertencias que reciben, cuestiona que no les permitan vender en veredas.

‘Laburamos a pulmón, compramos fruta con nuestra plata, si nos corren de qué vamos vivir, ¿qué vamos a vender? No nos gusta romper cosas ni piquetear, queremos trabajar‘, insiste.

TRES HOGARES

‘La gente viene directo porque ya nos conoce y sabe que son buenos precios. Armamos ofertas porque sabemos que todo cuesta‘, agrega Sandra. Con tres hijos habla de lo difícil que es sostener las necesidades de una familia: ‘Hasta la ropa hoy en día no podes darte el lujo de comprar‘.

Por eso destaca el valor de la red que formaron gracias a la organización que se armó obtienen sustento para tres hogares. En los barrios de Resistencia también es posible encontrar a otros emprendedores que utilizan la misma modalidad.