Ana María Donato: "Soy en tanto me miro con el otro"
"Escribo y pinto. Luego suelto, para que ese arte haga su recorrido en silencio", dice ella. "Ana María es una fuerza de la naturaleza, un fogonazo", la describe la poetisa Claudia Masin.

"Día 10. Observar, tu consistencia / está en tus pasos, en tu andar. / Letras de tu propio / libro que ningún otro / puede escribir". Así escribe Ana María Donato. Su primer libro, "Las sales y los fuegos", apareció en 1983. Desde entonces no ha dejado de escribir. En 2020 se publicó "Intemperies", su obra reunida, en la colección "Los Imprescindibles para conocernos mejor", de la editorial Contexto, que incluye textos de Eduardo Fraccia, Peco Tissembaum, Susana Swarc, entre otros y otras.
Ana María nació en Bahía Blanca y llegó a Resistencia a fines de los años `60. Fue docente en el nivel medio y universitario, profesora titular de las cátedras Literatura Iberoamericana y Literatura Española II en la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste. Publicó ensayos, dictó cursos, conferencias, seminarios, tanto en el país como en el exterior. Su currículum se expande más allá de su ámbito educativo y como escritora.
"Transmutar la palabra / en objeto que otro pueda / retener entre sus manos / para avanzar". Ana María Donato, de pelo negro recogido siempre hacía atrás, con las cejas como dibujadas por un artista y su mirada penetrante, antes que abrir una definición de lo que significa la poesía prefiere recuperar las puertas que abrió en diferentes ámbitos de la vida y la palabra.
"Desde la docencia mostré cosas, no enseñé nada, me ocupé de mostrar libros, vivencias, mostré transferencias del texto literario al ser humano. Di vuelta muchas cosas, tanto en la escuela secundaria como en el ámbito universitario", cuenta. "Mis clases eran una biblioteca pública, los alumnos elegían los libros que querían elegir. Además tenían la libertad de que si no le gustaba un libro podían dejarlo. Estoy hablando de los años 70. El proyecto había involucrado a los tutores, ya que eran ellos quienes autorizaban a que los chicos y chicas llevasen libros a la escuela. Había convertido el aula en una gran biblioteca. Había libertad para tomar contacto con el libro. Esa libertad, hasta el día de hoy, los alumnos me la siguen agradeciendo".
"Me gustan los desafíos"

Ana María cambió el frio de su ciudad natal por el calor de la provincia del Chaco. Desde que vive en Resistencia ama esta ciudad. "Creo que vivir aquí tiene el empuje y la fuerza del desafío permanente. Vivir en el Chaco es un reto que me gusta. Vine acá a trabajar y a escribir. No pensaba publicar. Siempre escribí. Trabajaba en el Colegio Nacional y en la Universidad".
Ella escribe poesía desde siempre, desde que tiene memoria. "Nunca hice una poesía romántica o intimista", advierte. Lo mío era el universo. Desde muy chica me iba a la cama con un libro. En casa se invertía mucho en libros. He salido al mundo desde el libro. He tenido experiencias extraordinarias. Me ha tocado convivir y presenciar desde muy chica los problemas del país. Me sigue conmoviendo lo que le sucede al otro, desde ese lugar escribo", cuenta, y en "Intemperies" comprobamos que se trata de experiencias definitivas que marcaron su escritura desde el principio.
Con esa descripción que hace Ana María se puede pensar que en su casa las paredes están tapadas de libros. Sin embargo, hoy sucede todo lo contrario. Con el tiempo se despojó del libro como objeto. "No me despojé de la memoria del libro. Leo. Sigo leyendo. He comprado, por ejemplo, siete veces "El Señor presidente", de Miguel Ángel Asturias. He regalado muchos libros. He donado a bibliotecas. No deseo acumular. Leo, me vislumbro con alguna lectura y regalo el libro. Para que otra persona disfrute la lectura o regale el libro", cuenta, y de repente junta sus manos, luego las abre para acentuar ese despojo que marca hoy su estilo de vida.
Publicaciones
El primer libro de Ana María Donato llegó a instancias del Instituto de Cultura Hispánica, dependiente del gobierno español. La directora de la institución la invitó a publicar y así se editó su primer libro: "Las salas y los fuegos" (1983), que recibió elogios importantes. El segundo libro, "Memoria Blanca" (1992), quizás el de tono más existencial, llegó a instancias de lo que a comienzos de los años `90 era la Secretaría de Cultura de la Provincia del Chaco. Desde entonces no ha dejado de publicar.
Respecto de su proceso creativo, Ana María cuenta que el poema llega completo. No corrige. Nunca se presentó a un concurso literario. En ocasiones sí fue jurado de concursos literarios junto al poeta Aledo Meloni.
En plena etapa de pandemia, en 2020, la editorial Contexto publicó "Intemperies", obra reunida de Ana María Donato. El libro está dedicado "A mis hijos / a mis alumnos / al Chaco". Los editores sostienen que "Tras cuatro décadas de escritura, Ana María nos sigue asombrando por las dimensiones estético–filosóficas de su capacidad de reinventar lo real cotidiano, de correr sus velos y máscaras, para arrojarnos a sus velados misterios, al tamaño de las verdades que seremos capaces –o no– de aceptar".
La tapa del libro es austera y sugerente, negra y con letras blancas. "La editorial ha respetado todas las cosas que he pedido para esta publicación. Son lectores maravillosos que me entendieron a la perfección. Trabajar con Ana, Tetè Romero y Rubén fue maravilloso. Me ubicaron en la colección "Los imprescindibles"; no creo ser imprescindible, pero les estoy muy agradecida", dijo visiblemente emocionada.
Sobre el título de este libro, advierte que "Todos estamos a la intemperie. La humanidad está a la intemperie. Mis poemas son intemperies personales de la gente. Escribo desde ese lugar. Hasta el día de hoy agradezco que me hayan respetado todo. En el libro no hay foto. Es despojado. Trato de ser lo más anónima posible. Sin carta de presentación. Dedicada a mis hijos, a mis alumnos, y al Chaco", describió, al tiempo que agradeció el afecto de los lectores.
En el umbral de la palabra
"El rostro se recortó en medio / de la multiplicidad que / lo repetía. El rostro se / encontró con el otro / rostro que también se revelaba / en otra multiplicidad. No eran rostros / en la muchedumbre. Eran un rostro / y el otro rostro reconociéndose / en el umbral de la palabra". Así escribe en el poema "Lo absoluto necesario".
Convencida que de que solo podemos ser plenamente junto a otros, a otras, Ana María Donato subraya el cariño de sus exalumnos. "La parte humana me mueve", subraya. "Para mí es importante sentir el mundo en comunión con los otros que también viven, aman, sueñan y tienen sed de justicia. Soy en tanto me miro en el otro. El otro está en la intemperie y yo estoy en la intemperie. La libertad se lleva adentro. La libertad es ser vos. Sé vos. Siendo vos serás libre".

Es una fuerza de la naturaleza, un fogonazo
Por Claudia Masin
Ana María Donato no es solo una de las más grandes poetas chaqueñas. Es además una maestra, alguien capaz de rescatar, de acompañar, de iluminar, de ver en lxs otrxs lo valioso y darles la mano que les hace falta para que puedan cultivarlo. Yo la conocí a los 14 años, fue mi profesora en el Colegio Nacional. Hubo un antes y un después de ella.
Hélene Cixous escribió que transmitir era "hacer amar haciendo conocer". Eso hizo ella por mí y por tantxs: nos transmitió su amor por la literatura, por la vida, mostrándonos, con pasión y sabiduría, que hasta lo más terrible, hasta el muro más cerrado, tenía una grieta por donde respirar. Y que esa grieta se llamaba literatura.
Ana María es la persona más generosa que conocí, la menos preocupada por su propio brillo: es a los demás a quienes ayudó a salir de la oscuridad. Y en eso, más que en cualquier otra cosa, reside su extraordinario resplandor. En su capacidad de dar, sin guardarse absolutamente nada.
¿Qué es Ana María? Es una fuerza de la naturaleza, un fogonazo, es la persona capaz de devolverte a la vida con una palabra. En mi caso, no hubiera habido ninguna posibilidad de que me convirtiera en escritora si ella no se hubiera cruzado en mi camino. Quizás -diré más- yo ni siquiera estaría aquí si ella no se hubiera cruzado en mi camino. Pero tuve la tremenda buena estrella de conocerla, de que sea mi Maestra.
Personas como Ana María Donato no solo sostienen el mundo: lo transforman, lo subvierten, lo vuelven más justo, más hospitalario. Celebro su escritura y su vida, entrelazadas en una coherencia, en una ética inquebrantable: dar todo lo que se tiene sin pensar en recompensas. La recompensa es el amor y la admiración, pero eso ella nunca lo buscó: es consecuencia. En este momento la chiquita de 14 años que fui, la escritora de 49 que soy, se quedan sin palabras: solo tienen para decirle, humildemente, gracias.
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