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Real historia de indios

A 70 años del fallecimiento del primer obispo, monseñor Nicolás De Carlo

Su vasta acción humanitaria se desarrolló a fuerza de corazón. Las obras de promoción humana nacieron y crecieron a impulsos del poderoso resorte del amor cristiano por los humildes. Un inmenso caudal espiritual volcado en la empresa heroica de liberación de los pobres en toda la extensión de su Diócesis.

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Monseñor De Carlo

El 19 de octubre de 1951, cuando se cumplían 11 años de la toma de posesión de la Diócesis de Resistencia, fallecía a los 70 años de edad -46 de Iaborioso y fecundo sacerdocio- el primer obispo monseñor Nicolás De Carlo. Había padecido días antes un ataque hipertensivo en su casa parroquial y fue trasladado a Buenos Aires para su atención médica.

Conductor y patriarca, maestro y obrero del Evangelio, dijo el clero local. De Carlo desarrolló innumerables obras de bien: talleres de barrio, consultorios médicos, asilos, escuelas, colegios, iglesias, capillas, instituciones católicas, obras religioso-sociales en beneficio de la población para honor de la patria y gloria de la iglesia de Dios. Sin equívocos, ha sido el precursor de la justicia social en el Chaco y en Formosa. 

Juan Domingo Perón y monseñor De Carlo cultivaron una gran amistad. Enterado el presidente del grave estado de salud de su amigo, dispuso que el adjunto eclesiástico de la presidencia, Fray Luis Prato, acompañado de varios médicos especialistas, se trasladaran en avión a Resistencia. Debían examinarlo y, de ser posible, trasladarlo en avión a Buenos Aires para su atención. Eso ocurrió el 15 de octubre de 1951, quedando internado en el sanatorio Costa Buero.

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Sala del Teatro Obrero restaurada.

No obstante los cuidados y atenciones médicas recibidas, rodeado de familiares y de sus colaboradores, monseñor José Alumni y monseñor Prudencio Figueiras, De Carlo falleció el 19 de octubre de 1951, siendo despedido por autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Lo hizo el presidente Juan Domingo Perón, su ministro de Salud, Ramón Carrillo, el cardenal Santiago Luis Copello, el nuncio apostólico José Fietta, entre otros. 

Dispuso el presidente un tren expreso especial para trasladar los restos de monseñor De Carlo a Resistencia, con autoridades y familiares. El Ministerio de Aeronáutica puso un avión que trajo de inmediato a monseñor Alumni, a fin de poder recibir los restos del querido obispo y preparar todo lo relativo al sepelio. Luego del funeral, los restos quedaron depositados y aún permanecen en la catedral San Fernando Rey.

Nicolás de Carlo había nacido en Pietraroia (Italia), el 14 de septiembre de 1882. Su nfancia transcurrió en Paraná, Entre Ríos, donde cursó el nivel primario en escuelas públicas y en el colegio San José. Los estudios eclesiásticos los realizó en el seminario diocesano anexo al colegio de la Inmaculada de Santa Fe. En 1905 celebró su primera misa en la capilla San Antonio de Paraná, y después de ocupar diversos cargos allí, en 1936 fue designado vicario eclesiástico de Resistencia para organizar la nueva Diócesis del Chaco y Formosa, que se desmembraba de la Diócesis de Santa Fe. 

Al hacerse cargo recorrió la Diócesis, constatando el grave problema religioso-social, la pobreza material y la indigencia espiritual en la población. Inmediatamente desarrolló una vasta acción humanitaria con obras materiales puestas al servicio de la acción social. Su plan para la redención de los humildes fue por medio de la enseñanza de manualidades y oficios, dignificando honradamente a los trabajadores. 

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Antiguo proyector de cine.

En los barrios edificó un amplio taller, con máquinas de coser, proveyendo todos los insumos para la confección de prendas de vestir, con mano de obra del lugar, mediante la enseñanza de manualidades, dignificando la moral del ambiente suburbano para  liberación social de los humildes.

A mediados de 1937 concretó el primer taller San Antonio en Villa Centenario, seguido del San Juan Bautista en Villa San Martin; Santa Teresita en Villa Avalos; Sagrado Corazón en Villa 25 de Mayo; De la Inmaculada en Villa Arazá; y Del Carmen en Villa del Carmen. Los talleres trajeron alegría a los suburbios e irradiaron resplandores de paz y bienestar sobre la pobreza de los hogares. 

El método de taller-escuela se ajustaba a las características del lugar donde se impartía la enseñanza de manualidades y oficios para elevar el nivel moral, material y cultural de los vecinos. La mano que mece una cuna mueve un mundo, decía, la eficiencia de la enseñanza materna y su magisterio fue siempre el arranque de las transformaciones sociales. El taller, con esa vitalidad y técnica, autoimpulsó su crecimiento.  

La obra social se trasladó a Barranqueras, Puerto Vilelas, Fontana, Puerto Tirol, La Verde, La Escondida, Quitilipi, Sáenz Peña, Tres Isletas, Castelli, Campo Largo, Corzuela, Las Breñas, Charata, General Pinedo, Capdevila, Villa Ángela, Villa Berthet, Charadai, Las Palmas, Puerto Bermejo, Formosa, Estanislao del Campo, Pozo del Tigre, Ingeniero Juárez y Juan Bazán. Entre 1938/1951 creó 34 talleres a los que asistían 16.640 alumnos y 13.222 familias.

En los talleres de barrio se realizaban fiestas religiosas y patrióticas, inculcando el sentido tradicional de la moral de nuestro pueblo y del patriotismo como la nota más sublime de elevación espiritual. Creó a su vez la Federación de Talleres, que se ocupó de la exposición anual de las prendas confeccionadas en todos los talleres como demostración de los frutos del año de trabajo. Se realizaron todos los años entre 1941/1951. 

Se ocupó de  los menores huérfanos, abandonados y pobres, valiéndose de la caridad de particulares e instituciones y de congregaciones religiosas. Creó el Hogar de Niñas  anexo al colegio de Nuestra Señora de Itatí; el Hogar de Varones, anexo a la parroquia de Barranqueras; el Hogar de Niñas, anexo al colegio Misericordia de Sáenz Peña; el Hogar San José para niñas en Castelli; el Hogar de Niñas indígenas en Misión Laishi, anexo al Colegio Santa Isabel, en la reducción Bartolomé de las Casas; y el Santa Teresita en Las Lomitas, Formosa.  

La niñez suburbana tenía carencia de relaciones; a ese fin creó los Oratorios Festivos. El primero fue Don Bosco, seguido de María Auxiliadora, el Madre Tránsito de las Terciarias Franciscanas en Resistencia, y en Formosa el Oratorio Don Bosco. Concentraron millares de niños y niñas, que recibieron instrucción moral, jugaban y asistían a representaciones teatrales, en las que fueron sus actores y espectadores de funciones cinematográficas apropiadas.  

Construyó monseñor De Carlo un cine-teatro con toda la infraestructura necesaria. La clase trabajadora tuvo así los medios para elevar su formación moral, cultural, y de sana distracción. Monseñor Alumni, su inmediato colaborador, fue director del Centro Cultural Recreativo Popular Villa del Carmen (Cine Teatro Obrero) equipado con escenario, máquinas de cine, 500 butacas pullman, bar, sanitarios, canchas de futbol y basquetbol con tribunas de cemento. 

Para convivencia de las instituciones católicas de acción social hizo construir un edificio que lleva su nombre, que no pudo ver terminado pero sí orientado a la acción social: Sede Obras Sociales Monseñor De Carlo, en Marcéelo T. de Alvear 240. En planta baja salas de reunión; en la planta media y alta, salones de para cursos de cultura católica, Centro Cultural Humanístico y un espacio de investigación, estudio y divulgación cultural (en un principio).

Los consultorios médicos: San Antonio en Villa Centenario; San Juan Bautista en Villa San Martin; y Santa Teresita en Villa Ávalos, montados con el instrumental necesario y atendidos por el doctor Pedro Ravano y enfermeras. En tres años se atendieron 12.500 pacientes, 9.250 aplicaciones de inyecciones y se vacunaron 20.304 personas. Las enfermeras aconsejaban en higiene social y cultura médica. En sus periódicas visitas domiciliarias enseñaron, aconsejaron y dignificaron con instrucción sanitaria y de higiene personal.  

*Abogado, especialista en evaluaciones ambientales, escritor e historiador del Chaco y sus ancestros.

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