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"Cielo abierto" al teatro que resiste

La obra de teatro que encaran Nuria Ceccoli y Elcida Villagra sigue todos los viernes y sábados de noviembre, a las 22, en teatro La Usina, de Sáenz Peña.

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Elcida Marina Villagra, es la autora del texto y una de las actrices en escena; Nuria Ceccoli es la otra actriz sáenzpeñense que integra la dupla actora

La primera obra dramatúrgica de Élcida Villagra, "Cielo abierto", ha dado luz en ese rincón de la cultura chaqueña que es el Teatro La Usina. No sin expectativas asistimos al esperado estreno. La noche se anunciaba prometedora. El patio ameno y desestructurado -con recodos para sentarse y compartir una charla- las copas circulando, el abrazo que no fue contenido, la atención cordial de las consabidas caras del teatro local, suelen ser del anticipo perfecto al que nos tiene acostumbrados "La Usina". Noche de ansiedades y alumbramientos. Volvió a latir el teatro sobre las tablas de ese rincón de resistencia del interior del Chaco. Y no es casualidad, Sáenz Peña tuvo desde las primeras décadas del siglo XIX una tradición de teatro popular importante, una raigambre que sigue dando dignos frutos.

Pero vayamos a lo significativo: la crítica de "Cielo Abierto". 

El primer gesto que se intuye al ingresar a la sala es la espera, una espera vigilante y nerviosa tras las rejas. La música con su compás de bajos preanuncia la intriga. La trama recién se irá desenvolviendo con el diálogo entre tenso e irónico de las actrices. Élcida Villagra interpreta a una anciana que pergeña una huida; Nuria Ceccoli, una joven desahuciada que acude a su encuentro para saldar cuentas pendientes. Ambas destejerán -no sin temores y perspicacias- la red de mentiras y prejuicios que las ha enemistado por años. Hay una suerte de danza tensa, una valija se convierte en espada acusadora que recorre el escenario espetando reproches. Del otro lado, una cartera es el objeto que contiene y da aliento a una mujer atribulada. El trabajo corporal y gestual de las actrices es impecable, no hace falta que hablen para advertir la tensión, sus "hexis" corporales hacen emerger el mundo de enredos y malentendidos propios de las relaciones familiares. Finalmente, ambas negociarán un acuerdo momentáneo que dará cierre al primer acto.

El cambio de escenario fluye ante la vista parcial de los espectadores, con acierto la directora, Gilda Bona, ha deconstruido ese momento vacío del cambio de escenario. Dos asistentes de escenario hacen cambios rápidos y significativos.

En el segundo acto, la intriga se devela y ambas mujeres llegan a un acuerdo. El final queda abierto a una empresa que acometerán juntas. Es muy significativo que el sujeto de amor-odio que las junta y repele sea masculino, que la maternidad sobrevuele la escena toda y que la disidencia sexual devenga liberadora. El texto es signo del ideario esperanzador con el que comulga su autora. Podría pensarse que la obra tiene cierto afán didáctico ello no le quita méritos, sino que la hace partícipe de la tradición de dramaturgia obrero-popular que ha sabido perpetuar su idiosincrasia al teatro independiente como bien lo testimonia Carlos Fos. 

El vestuario acompaña con adecuación sendos actos, otorga encarnadura a los roles que interpretan las actrices. La iluminación cierra y abre actos, deja entrever tras una ventana las posibilidades abiertas del hacer. Un solo acorde musical será el marco de apertura y cierre dando circularidad a la obra. 

Integran el equipo completo de "Cielo Abierto" las siguientes personas: Elcida Marina Villagra, es la autora del texto y una de las actrices en escena; Nuria Ceccoli es la otra actriz sáenzpeñense que integra la dupla actoral. El vestuario está a cargo de Jennifer Sankovic. La escenografía es de Alejandro Richichi. Iluminación: Abelardo Duarte. La realización escenográfica es de René Villagra. Las redes sociales están a cargo de Nuria Ceccoli. La realización audiovisual es de Pam Ceccoli. La música de Ulises Camargo y Juan Castro. El diseño gráfico es de Alejandrina Diez. La producción ejecutiva de Milton Cabrera. La producción general es de Teatro La Usina. Y, por último, y no menor, la dirección es de Gilda Bona.

A modo de cierre y como testimonio de lo que significa la puesta en escena y el regreso del teatro a una sala independiente como la de La Usina transcribiremos lo que el presidente del Instituto de Cultura , Francisco "Tete" Romero refirió después de verla: "Interpeladora. Bella. Luminosa. Porque cuando parece que la obra va en cierta dirección… pega un giro y va hacia otro lugar. Es una obra dura porque es dramática, pero de clima emotivo teatral sabiamente administrado. Elcida es majestuosa. Conmovedora la actuación de Nuria. La dirección, muy especial. Muy recomendable".

Solo queda, entonces, la recomendación para que no se la pierdan, para que agoten las entradas y les duelan las manos de tanto aplauso: TEATRO con mayúsculas, teatro que resiste y vuelve a la apuesta redoblando el trabajo, la creatividad y el riesgo. Porque –otra vez- un grupo de mujeres tozudas nos está demostrando que es posible soñar con un "Cielo Abierto" en las tablas del interior del Chaco. 

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