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Enrique Gamarra: “La literatura sirve para ayudarte a vivir”

Uno de los escritores más prolíficos de la provincia repasa en esta charla parte de su vida. “Escribir es una vocación. Escribo porque me siento impulsado, impelido a escribir”.

“La literatura te ayuda a respirar mejor el aire de la vida. Jamás me arrepentí de ser escritor”.

El día está despejado. El tránsito en la ciudad de Resistencia agitado. En la casa de Enrique Gamarra el tiempo se detiene, se apacigua y se ensancha en un rostro amable. Agradece la puntualidad y abre las puertas de su casa. Recorremos parte de su biblioteca, la sala, nos arrellanamos en los cómodos sillones para hablar de escrituras y lecturas, de vida social. “El acto de escribir es sublime, apasionante, te lleva a un mundo que no pertenece al mundo habitual que vos conocés, te lleva a un mundo propio pero distinto”, describe. 

El escritor Enrique Gamarra es Profesor en Letras. Ha publicado los libros de poemas Ademán de mi tierra (1965), Las raíces (1972), Ramón (1973), Meridiano del grito (1975), La luz tiene una espada (1980), Ruido de pájaros (1983), Allá van los siriríes (1987), Los ritos (2002) y Porque estás en el mundo (2007), Antología poética (2010), Epigramas (2014), Episodios (2016) y Epílogo (2018). Además, en narrativa ha publicado Florecen los aromos (1988), De espaldas al cielo (1982), La sombra del gorrión (1993), Aquel olor a humo (1994), Fogata en la llovizna (1997), Los ciclos (2003), La punta del bastón (2006) y Rosario y la Serenata (2008). Paralelamente, ha desarrollado una amplia obra ensayística.

Hoy, un tanto alejado de la escena literaria, explica: “Soy un retirado de la literatura desde el punto de vista social. Entré en una etapa de mi vida que excede la juventud. Hoy la mayoría de los protagonistas son jóvenes. Durante mucho tiempo he permanecido en el anonimato, acaso por un deseo personal o por mi manera de ser. Ahora algunos se dieron cuenta de que estoy vivo y por ello me invitaron especialmente para participar de la reciente edición de la Feria del Libro”. 

Algunas de sus obras fueron presentadas en distintas capitales europeas. Ha dictado conferencias en Madrid, Valencia y Barcelona. Ha sido distinguido con el premio del Fondo Nacional de las Artes, el Premio de la Subsecretaría de la Nación y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Además es Miembro de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.

De su reciente paso por la feria del libro comentó: “He estado muchas veces, tanto aquí en la provincia como en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. He dado conferencias en distintas oportunidades. Ahora sentí nostalgia del cambio en la presentación del libro. En una presentación antes podías contar cien personas; ahora, en la Feria del Libro me encontré con 15 o 20 personas. Esto despierta una pregunta, ¿qué pasa con la literatura? Estamos viviendo una época de transición. Estoy convencido de que la literatura y el arte en general es la fuente en la que se limpia la historia”.

“León Tolstoi decía "Pinta tu aldea y serás universal", es un pensamiento muy conocido. Esto significa que todo lo que te rodea te motiva, en mi caso es así”.

El escritor y crítico literario chaqueño Rolando Cánepa expresó en una oportunidad sobre Gamarra: “Hay un Gamarra de cada día y hay un Gamarra que literariamente viene de lejos en el tiempo. Es poeta desde siempre. Se adentró en la poesía con el ritmo perfecto y la rima impecable. Anduvo y anda los caminos del verso libre con la seguridad de quien vuelve de conocer los secretos formales de la poesía, la mejor tradición clásica y la no siempre convincente actualidad poética que se publica y consume”.

Si bien Enrique Gamarra escribe desde “siempre”, recién comenzó a publicar a los 32 años: “Quizás esto se deba a que tengo un sentido de la responsabilidad y de la estética exagerado”, desliza con simpatía. En esta charla repasamos parte de los temas que más le ocupan en la vida literaria.

—¿Cuándo tomó conciencia de que quería ser escritor? 

—En la escuela primaria borroneaba versos. En más de una ocasión recibí la reprimenda de mi maestra; me auguraba un porvenir nefasto por querer ser escritor. Desde que era chiquilín escribo. Fueron pasando los años y no podía dejar de escribir sobre cualquier cosa. Cuando uno escribe, voy a traer una palabra de Rainer Maria Rilke, "El que puede vivir sin escribir no merece ser escritor". Eso siempre guió mi vida, fue un faro encendido que me iluminó. En un momento me di cuenta de que no podía dejar de escribir, aunque no publicara nada, necesitaba escribir. Nunca pude dejar de escribir. Feliz o desgraciadamente tomé conciencia de lo inevitable del acto de escribir, eso me ocurrió y me sigue ocurriendo. El hecho de que ahora no esté publicando notas en el diario NORTE no significa que no escriba, estoy escribiendo. Simplemente decidí que descansen un poco los lectores y a la brevedad volveré. Soy escritor desde que tengo uso de razón.

—Cómo juega la lectura en ese terreno, ¿leer es una condición del escritor?  

—La lectura me ha excedido. Soy un apasionado de la lectura. Tengo parte de mi biblioteca acá en mi casa, otra parte en la casa paterna. He pasado la vida haciendo dos cosas: leyendo y enseñando cómo se escribe y cómo se habla. Soy profesor de letras y pasé más de 30 años enseñando lengua. Todo esto está en el terreno de la literatura. Hay una estrecha relación entre escritor y lector. No creo que se pueda ser escritor sin ser antes lector. 

“Epílogo es un título que sugiere muchas cosas. La más importante es que me despido de la literatura y me despido -quizás- de la vida”.

—¿Estás leyendo autores contemporáneos? 

—En ese sentido debo destacar a quien hace cinco años publicó el libro Tata Dios, Juan Basterra. No es un escritor joven, tiene más de 50 años, sin embargo es un escritor que comenzó a publicar en los últimos años. Él es un escritor importante. Leo mucho. Otros escritores que ahora llegan a mi mente son Fabio Echarri, Miguel Ángel Molfino, Francisco Teté Romero, Jonatan Martínez Barnes. Hay otros escritores que ya se fueron, por ejemplo Miguel Ángel Moreira y Daniel Serrano, tienen varios libros importantes.

—Pudiste desarrollar tu vida de escritor en otros lugares, pero decidiste quedarte, ¿por qué? 

—Soy un amante de la familia. Vargas Llosa, por ejemplo, nunca sintió una pasión exagerada por la familia. Está bien para un escritor ese estilo de vida, un escritor no puede ser tan apegado a la familia. Sin embargo, en mi caso opté por la familia, opté por quedarme en la provincia, amo esta tierra. He estado en Europa, por ejemplo, dictando cursos y conferencias, pero vivía mirando el Mediterráneo, añoraba mi patria. Eso no sé si está bien para un escritor. Opté por regresar, aquí estoy en el Chaco y seguramente aquí me quedaré para siempre. Tengo mis raíces acá, ningún hombre puede vivir fuera de sus raíces. Aunque las raíces de algunos hombres están en cualquier parte.

—¿Cuál es el motor que impulsa la escritura? 

—León Tolstoi decía "Pinta tu aldea y serás universal", es un pensamiento muy conocido. Esto significa que todo lo que te rodea te motiva, en mi caso es así. La proximidad geográfica y social es un motivo para escribir. Creo que un escritor no debe tener temas preferidos. Un escritor no debe ceñirse solamente a lo que le tocó vivir. 

—Has publicado poesía, novela, cuento, ¿qué son los géneros literarios para vos?, ¿es el escritor el que marca los géneros, o el texto también impone sus características? 

—Soy el único escritor en el Chaco que cultiva, que escribe, la mayor cantidad de géneros. Empecé a escribir poesía, seguí con la novela, con cuentos, pensamientos filosóficos y ensayos. No conozco a otro escritor que sea tan inquieto y apasionado en tantos géneros. Si uno no tiene claro lo que va a escribir, no puede escribir. No puedo decir “voy a escribir un poema” y terminar escribiendo una novela. Eso es absolutamente imposible. Tengo que saber qué quiero escribir, si no tengo claro lo que voy a escribir, no escribo. No puedo improvisar; hay escritores que lo hacen, en mi caso necesito tener muy en claro lo que quiero hacer, si no, no escribo.

—Hablemos tus más recientes libros, la trilogía: ¿cómo surgió y por qué? 

—En la última década escribí una trilogía. El primer libro se llama Epigramas, que son pensamientos filosóficos. Luego siguió el libro Episodios, relatos breves. Termino la trilogía con el libro Epílogo, título que sugiere muchas cosas. La más importante es que me despido de la literatura y me despido -quizás- de la vida. Este libro está cargado de pensamientos filosóficos y pensamientos breves. El libro cierra con un poema, que se llama epílogo, esta es la forma que encontré para despedirme de todo. Hoy tengo 88 años. Sé que no viviré para siempre. Seguiré escribiendo, pero decidí no publicar más. 

—Justamente en este último libro hay un epígrafe de Séneca, "El sabio no debe huir de la vida, sino retirarse de ella". ¿Qué significa esto, es la justificación del Epílogo? 

—De alguna manera puede ser leído así. No huyo de la vida. Simplemente soy consciente de que la vida en algún momento me va a esquivar, la vida irá por otro lado. Uno tiene que ser consciente de estas cosas. La vida sería perfecta si no existiera el tiempo. Uno de los temas fundamentales de la composición del espíritu humano reside en el tiempo. El hombre no es otra cosa que retazos del tiempo. Cuando se es joven no se piensa en que un día habrá que irse de este mundo, para el joven la muerte no existe. En cambio, para un anciano la muerte es una inminencia. 

—¿Para qué sirve la literatura? 

—La literatura sirve para ayudarte a vivir. No sé si hubiera sido el mismo si no fuera escritor. Además del ego, esto de sentirse importante en Buenos Aires, rodeado de gente dando conferencias o cursos, las notas de los medios, la literatura te ayuda a respirar mejor el aire de la vida. La literatura te ayuda a respirar mejor el aire de la vida, esto es la primera vez que lo digo. Jamás me arrepentí de ser escritor. Agradezco el hecho de haber nacido como escritor. El día de mañana cuando las cosas se tornen más oscuras o cuando el epílogo tenga razón de ser, seguramente agradeceré a la literatura todo lo que me ha dado, no materialmente, sino espiritualmente.