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El origen de la tercera luz de freno

Hoy estamos tan acostumbrados a la tercera luz de freno que pasamos sustos cuando algún vehículo frena bruscamente y no tiene esa advertencia.

Hasta hace pocos años ésta luz no se veía en prácticamente ningún coche. Según la normativa de circulación no es obligatoria, sino opcional, aunque para nosotros es algo habitual encontrarla en la parte trasera de todos los autos modernos. ¿Cuál es realmente su origen?

Las pick ups tienen la tercera luz de freno en la parte superior de la cabina.

Pues bien, oficialmente su utilización deriva de una investigación sobre las distracciones de los conductores llevada a cabo por el psicólogo John Voevodsky en San Francisco en el año 1974. 

Hay un mito urbano sobre el tema que cuenta que un año antes un taxista de esa misma ciudad sufrió más de 10 veces el mismo accidente: los vehículos que le precedían chocaban contra la parte trasera de su taxi motivados por alguna que otra distracción que les impedía ver el momento en el que el taxista frenaba.

Es por ello que optó por colocar una luz adicional de freno más elevada en la parte trasera de su taxi, con lo que al parecer no volvió a recibir ningún impacto.

En Argentina la tercera luz de freno es obligatoria en rally y pista desde la década del 60. Mucho antes los corredores de TC la habían adoptado como medida de seguridad.

El antecedente argentino

En nuestro país el antecedente de la luz trasera de freno se remonta a los años heroicos del Turismo de Carretera. 

Por entonces era muy común viajar a toda velocidad detrás de otro auto en medio de la polvareda. Se podía correr así por kilómetros y kilómetros sin poder superarlo así que el truco era acercarse lo más posible para tenerlo a la vista y seguirlo hasta una zona segura para el sobrepaso, era en extremo peligroso. 

Los pilotos se dieron cuenta rápidamente de lo riesgoso de esa técnica y comenzaron a instalar sus luces en la parte superior de la luneta trasera lo que permitía hacer señas tocando levemente el freno  para advertir al que venía en la tierra casi pegado a su paragolpes.

Una imagen en lluvia permite apreciar la visibilidad de una tercera luz de freno.

Posteriormente fue una exigencia de los reglamentos deportivos del TN cuando se permitían las “chupadas” paragolpes con paragolpes pero pasaron muchos años antes de que las fábricas se percataran que se trata de un plus de seguridad que podían ofrecer en sus autos.

Leyenda o realidad, es lo que hizo el psicólogo Voevodsky, quien desarrolló la tercera luz de freno como parte de un experimento para comprobar si todavía era posible llamar la atención de los conductores cuando el vehículo que les precedía frenaba. 

En nuestro país fue ley de manera tardía y se publicó en el Boletín Oficial aplicándose con retroactividad de manera obligatoria para todos los modelos (nuevos o viejos, nacionales o importados) comercializados desde el 1 de enero de 2014.

Los autos del Mercosur hace tiempo equipan las terceras luces de freno pero es obligación por ley recién desde 2014.

El experimento de los taxis

Según relata la American Psychological Association (APA) en ‘Third Brake Light Is No Third Wheel’, este científico instaló una tercera luz de freno en la base del parabrisas trasero de 343 taxis, al tiempo que también incorporó a su estudio, otros 160 taxis sin tercera luz de freno, como grupo de control. A lo largo del experimento y, para evitar influencias externas, los taxistas cambiaban de forma aleatoria de vehículo, de forma que a cada taxista le podía tocar un taxi con o sin tercera luz de freno.

Tras 10 meses de estudio, Voevodsky concluyó que aquellos taxis que contaban con una tercera luz de freno habían sufrido un 60% menos choques por detrás que aquellos que circulaban sin dicha luz de freno. A su vez, los conductores que disponían de ella tuvieron menos lesiones, además de que los daños y los costos de las reparaciones fueron menores. 

En resumen: la tercera luz de freno llamaba la atención del resto de conductores, lo que en unos casos evitaba el alcance y, en otros, aumentaba el tiempo de reacción y mitigaba las consecuencias del alcance -tanto personales como materiales-.

El estudio fue razón de más para que en 1986 se empezara a instalar en las líneas de montaje de manera industrial y homologada según las directrices acogidas a la normativa estadounidense, siendo obligatoria a partir de 1991.

El mismo requisito llegó para todos los camiones nuevos vendidos a partir de 1994 y, desde entonces, se estima que la tercera luz de freno ha evitado unos 200.000 alcances, 60.000 heridos y 600 millones en daños sólo en los Estados Unidos.