Francisco Teté Romero: “La literatura es la fuente indisoluble de mi vida”
El escritor acaba de presentar su nueva novela, “Fantasmas del Paraná2. Escrita durante el confinamiento, con importantes giros en tiempos y espacios nos habla de la potencia de lo neofantástico.

“Un escritor es un teórico de la literatura. Si realmente escribe, quiero decir si no se limita a redactar libros, hace una experiencia de reflexión sobre la literatura, siempre”. Así describió la tarea del escritor Ricardo Piglia en entrevista concedida a Tiempo Argentino en 1984. En la nueva novela de Francisco Teté Romero se teoriza y se pone en cuestión la tensión entre la ficción y los hechos históricos.
La novela está dividida en dos partes. La primera se llama Corazones Rotos, y en ella el lector se asoma a vidas destrozadas: qué hace la mamá de Marité, qué hace el hermano de Marité, que hace Marité acerca del amor, qué hace Tito cuando la madre le dice que se aleje de las obsesiones de su padre, entre otras historias. La segunda parte se llama Épicas Fraternas: "Me parece que necesitamos épicas en nuestras narrativas, aventuras donde haya menos cinismo y más horizonte de redención, aunque al final se fracase. En mi caso me inquietaba saber qué novela podía escribir en pandemia. Esta novela no responde a esa pregunta, pero es lo que tuve ganas de escribir", describe Francisco sobre este texto que llega escrito “absolutamente en encierro, hubo días de diez horas de escritura continua”.

Romero comentó que lleva un diario de escritura con el que puede volver sobre sus anotaciones y precisar que comenzó a escribir la novela el 12 de septiembre a las 19 y terminó el 31 de diciembre a las 18.30, tiempo que le llevó terminar el primer borrador. Todo lo que vino después fue etapa de corrección y reescritura.
Aquel primer día de escritura hubo luna de color naranja. El escritor rememoró en ese momento lo que decía su abuela, la luna naranja es luna de seca. "En ese contexto llegó a mí una imagen nítida como una fotografía de una mujer de 60 años, descalza, en la costanera vieja de Corrientes, que empieza a caminar sobre el río. La novela está ambientada en el 2025. Mientras la mujer camina, los últimos pescadores le advierten que no entre al río. La señora avanza igual. Es la primera de una serie de mujeres que luego llamarían desquiciadas, porque a pie o a caballo recorrerán las aguas mínimas del Paraná para buscar a los seres que el río les arrebató", explica.
“Fantasmas del Paraná” entra en esa gran tradición que hay sobre nuestro río. Una tradición argentina y del Gran Chaco americano. "Agua de este río que llega profundo / aunque apenas moje la mano y la cara / Qué tanto nos dejas, qué tanto nos traes / qué tanto nos quieres tener en tu mundo", escribe en un fragmento el poeta Julio Federik.
En esta novela la ficción nos presenta una posibilidad: qué pasaría si el río se secara, si sus aguas bajaran tanto que pudiéramos ir a buscar aquello que perdimos en su cauce. Francisco estaba en contacto con la familia Piérola, quienes sostienen, basados en testimonios de pescadores, que las víctimas de la masacre de Margarita Belén fueron arrojadas al río. El cuerpo de la novela se amasa así con la ficción y los datos de una tragedia viva en la provincia, la masacre de Margarita Belén.
El cuadro de la novela comienza a completarse. El río está seco y empieza dejar cadáveres a la vera de las ciudades de Corrientes, Posadas, Resistencia, Reconquista, Rosario. Cadáveres que están atados de pies y manos con alambre, marcas inequívocas de la dictadura militar. Una marca potente de este libro son los cuatro narradores que tiene la novela; hay en el medio alguien que los escucha, Silvia, quien atraviesa todo el relato y que al final podrá armar las piezas de un rompecabezas.

—La cuestión ligada a la historia sobre la última dictadura aparece de una u otra forma en tus novelas, ahí no hay ficción, sino datos duros. ¿Por qué?, ¿hay un lazo entre la historia y la imaginación?
—El tema aparece sin que me lo proponga. Recuerdo que estaba escuchando a Gabo Ferro; en “Oler la tempestad” te había comentado que resolví un enigma a partir de una canción del Indio Solari. En este caso llegó el poeta, escritor, músico, Gabo Ferro. El enigma aquí era qué fantasmas están menos contados sobre el río Paraná. La imaginación se vincula con hechos concretos de la historia reciente de Resistencia. Por ejemplo, recuerdo que tenía 19 años cuando en 1982 hubo una inundación feroz en la ciudad. Estalló el dique del río Negro. En ese contexto se desprendió una leyenda urbana, cerca del Parque 2 de Febrero y de la avenida De los Inmigrantes se había cortado la luz. Algunos linyeras contaban que con el sonido de las aguas se escuchaban gritos, no se veía nada, pero se escuchaban gritos de niños perdidos.
—Parte de los escenarios de la novela giran en torno a las ciudades de Corrientes, Resistencia, una isla en medio del Paraná, entre otras. Se suma como nuevo tema la pandemia. ¿Cómo se constituyen los nuevos tópicos de la narrativa del Gran Chaco?
—Por un lado, creo que hay un neofantástico muy potente. Hay un diálogo con nuestras literaturas que se mete en los fantasmas de la región. Las literaturas más potentes de nuestra zona nacen a partir del diálogo con los mitos que entraña un río, la naturaleza, los personas, todo se resignifica y se cruza.
—¿Cómo te das cuenta de que ese cruce y la novela están vivas?
—Cuando los personajes me pueden siento que la novela está viva. Cuando creo que un personaje será malo y termina siendo otra cosa. Hay un momento en el que los personajes terminan trabajando en vos una historia que no necesariamente estaba escrita de antemano. En la novela hablo de un cuadro que me emociona mucho, donde uno puede ver lo que es el desierto y al mismo tiempo la esperanza del oasis. El cuadro lleva justamente por título “El desierto”, y es del pintor francés Gustave Guillaumet. En un momento, un personaje de la novela dice prefiero ser el desierto, soy el desierto. El rechazo a su familia y a los mandatos es lo que le hace decir soy el desierto; cruel, pero no cínico.
—Entre las frases que anoté del libro me gustó "una de mis fuentes es una garganta profunda". Hablamos al comienzo del diario que llevás de la escritura, en la novela aparece el diario del tatarabuelo y se hace presente un periodista que busca información para saber qué pasa con el río y escribir un artículo. ¿Tus fuentes de lectura son los medios, o sigue siendo la literatura?
—La literatura es la gran fuente indisoluble de mi vida. La ficción me da una libertad absoluta. Además, soy lo que he leído y lo que estoy leyendo. Leo y vuelvo a leer varios libros. Por ejemplo, el año pasado, mientras escribía, estaba leyendo “Lengua madre”, de María Teresa Andruetto; “Tanto oficio de la memoria”, de Mempo Giardinelli; “El hombre que amaba los perros”, de Padura; “La madre de Frankenstein”, de Almudena Grandes; y el último texto de Claudia Masin. Todo esto llega ahora a mi cabeza, seguramente hay más.
—La segunda parte del libro lleva por título “Épicas fraternas”, me decías que necesitamos nuevas épicas narrativas. En el Chaco se está conformando una nueva tradición literaria que abre puertas: nombres como el tuyo, Mempo, Molfino, están ensanchando la brecha de lo que se puede decir o escribir desde la literatura, ¿es así?
—Creo que estamos viviendo una época de oro de la literatura chaqueña. Mempo y Molfino son como los padres de esta literatura. Lo hablaba hace poco con Juan Solá. Tenemos tantos escritores y escritoras de excelencia -Mariano Quirós, Matías Rivarola, Marcos Apolo Benítez, Elizabeth Bergallo, Claudia Masin, Susana Szwarc, Ana María Donato, Juan Basterra, Mario Doldan, Luis Argañarás, Lucas Brito Sánchez, Rocío Navarro, Julieta Ramos, Darío Ruido, Mario Caparra, Paulo Black-, una franja de 20 a 70 años de escritores y escritoras, todas vigentes, escribiendo y publicando. Lamentablemente fallecieron en este último tiempo Carlos Busqued y Tony Zalazar.
Veo una proliferación de generaciones con distintas estéticas, que están publicando y ganan premios. Seguramente me estoy olvidando de muchos más. Hay además editoriales independientes como Literatura Tropical, que llevan adelante el escritor Alfredo Germignani y la escritora Agustina Bártoli. Resistencia tiene una potencia literaria extraordinaria. Todos estos y todas estas hacen literatura universal, los que escribimos aquí en la provincia, en un rincón del Chaco, lo hacemos con tanto o más valor que lo que se hace en otras regiones.
—Adelantamos un poco de qué va la novela, rasgos de historia, la muerte, el desierto, pero me gustaría terminar con un rasgo más amable, el que tiene que ver con la familia. Aquí están la hermana, el hermano, la mamá, la tía, entre otros: ¿la presencia de la familia es un rasgo de la región?, ¿o es un rasgo iberoamericano?
—En algún momento, cuando se trabajaba la literatura fantástica la familia estaba afuera. Los lazos comenzaron a estallar en la literatura en el último tiempo. Se me vienen ahora textos de Selva Almada, Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Mariano Quirós, Luciano Lamberti. Hay un cuento de Luciano, “La canción que cantábamos todos los días”, que es maravilloso.
Aquí en la novela hay lazos rotos, pero hay lazos que sostienen, conviven juntos pero son dos extraños, como Marité y la madre, o los hermanos que se aman pero no pueden amarse y sin embargo no pueden dejar de buscarse; el padre que rechaza a su hijo; el caso de Tito, el periodista, que para salvarlo su madre lo aleja del padre y le esconde la historia. Uno vuelve a la familia con todas las heridas, con todas las cicatrices, pero vuelve para buscar el origen perdido. Hay alguien en la familia que siempre te cuenta la verdad, o la parte de la verdad que necesitas para seguir viviendo. Me parece que la familia es un misterio. En las familias hay misterios, hay secretos, la historia de tu padre, de tu madre, de tus hijos, se va transformando en una historia misteriosa, uno se vuelve un extranjero.
En la literatura actual la mayor zona de aventura donde indagás en lo horroroso, lo siniestro, la ternura, es el territorio de la familia, una cantera potente. Mariano Quirós, por ejemplo, juega con la ficción y la biografía, es un rasgo muy valiente.
Capítulo 1

Nadie supo al principio, Silvia, por qué mamá se largó a cruzar a pie el Paraná. Solo Marta, su vecina, la escuchó decir ahora que el río nos deja voy a buscarla. Y se largó sin mirar a nadie, como poseída, enfilando derechito hacia la zona de la nueva costanera, hacia la playa, caminando cada vez más agachada en la arena, no escuchando lo que dos hombres le decían señora que hace señora le va a hacer mal y entró en las aguas del Paraná, y ahí sí levantó la cabeza y miró al cielo, o lo que sea que está arriba de nosotros.
Atardecía en Corrientes, comenzaba el otoño y mamá iniciaba su camino por el río, la búsqueda imposible de mi hermana Marité.
Ella fue la primera que caminó por las aguas entonces mínimas del Paraná. Después se largó a pie o a caballo una legión de desquiciadas, así comenzaron a llamarlas, que luego de los primeros días de total desconcierto, cuando estuvo expresamente prohibido hacerlo y las costas de ambos lados del puente Belgrano estuvieron rigurosamente custodiadas, seguían brotando de quién sabe dónde, desafiando las guardias de las prefecturas de las dos orillas, sobre todo en sus cambios de turno.
Antes de eso iba a visitarla una vez por semana. Yo seguía viviendo en Resistencia, pero ahora en su casa, en la casa de mamá que nunca aprendió a sentir como propia, o al menos eso me decía y creo que eso sentía, porque su segundo marido le duró poco, cuatro o cinco años nomás, y cuando se mudaron al barrio Central Norte mamá ya empezaba a confundir los lugares y los tiempos y a meter de sorpresa en cualquier conversación a mi hermana Marité, que hacía demasiado tiempo que ya no estaba. Por eso digo que no se halló en esta casa donde ahora estoy, mitad porque me había quedado sin lugar donde vivir, mitad porque mamá me pidió Beto quedáte acá por favor porque yo tengo que estar cerca de tu tía Angelita, su hermana mayor, porque estaba muy enferma y tenía que acompañarla en sus últimos meses. Para que me cuides la casa, me dijo. Por eso se fue a Corrientes, o eso creía, al menos hasta que empecé a entender, ya tarde, por qué había cruzado a la otra orilla.
(Fragmento)










