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A 50 años de su muerte 

Bernardo Houssay, un científico apasionado e inspirador

Fue premiado con el Nobel de Medicina y Fisiología por descubrir el papel de la hipófisis en la regulación del nivel de azúcar en sangre y su injerencia en la diabetes. Su legado perdura en la ciencia argentina a través del Conicet y todas las instituciones que fundó e inspiró.

Houssay no solo es reconocido por sus aportes a la medicina, sino también al sistema científico argentino: creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y fomentó la institucionalización de la ciencia, a la vez que formó una gran cantidad de notables discípulos.

“Todo eso fue la labor titánica de un solo hombre, que promovió la investigación en toda la Argentina”, dijo el doctor Alejandro Federico de Nicola, discípulo del Premio Nobel, y aseguró que “gracias a eso los investigadores podemos tener un sueldo y trabajar full time”.

Bernardo Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887, en una familia de inmigrantes franceses y desde muy temprano se destacó como niño prodigio. Se graduó de bachiller a los 13 años, en el Colegio Nacional de Buenos Aires y, como no pudo ingresar en la carrera de Medicina por ser muy joven, comenzó sus estudios en la Escuela de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En 1904, a sus 17 años, se recibió de farmacéutico, y a los 23 cumplió su anhelo de graduarse como médico.

En paralelo con sus estudios había comenzado su carrera en la docencia y la investigación en la Facultad de Veterinaria de la UBA. En 1919 fue designado profesor titular de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina. “Houssay fue un autodidacta, no tuvo maestro. Él siempre decía que su maestro había sido Claude Bernard, el padre de la fisiología francesa”, recordó De Nicola, de 84 años. 

Durante su vida trabajó por la institucionalización de la investigación científica, creando instituciones como el Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), en 1944, hoy dirigido por la doctora Victoria Lux-Lantos, quien resaltó la “carga simbólica” que tiene ese lugar. Houssay coronó su deseo de que la dedicación exclusiva de los investigadores fuera reconocida con la fundación del Conicet en 1958, el que presidió hasta su muerte, el 21 de septiembre de 1971.

"Para Houssay, la ciencia era lo más importante en la vida. La pasión que tenía por la biología y la medicina fue lo que más nos inculcó", subrayó De Nicola, quien fue convocado por Houssay para investigar en el Ibyme cuando se encontraba trabajando en Canadá.

“La gran angustia de Houssay era que nosotros nos quedáramos afuera. Yo creo que era un pescador de cerebros, porque iba por todo el mundo tratando de que los científicos volviéramos a la Argentina, al país que nos formó y educó en forma gratuita, decía siempre”, contó el actual presidente de la Fundación del Ibyme.

Solange Houssay, una de sus nietas, destacó “Su dedicación, compromiso y la capacidad de formar equipos de trabajo y sobreponerse a la adversidad. Si bien era severo, era justo, y él se exigía más que los demás. Predicaba con el ejemplo y sus discípulos lo admiraban”, recordó. Solange siguió las líneas de investigación de su abuelo y es médica en la unidad de Nutrición y Diabetes del Hospital Ramos Mejía. “Mi abuelo fue una persona sumamente generosa, obsesiva y trabajadora, y un pionero. Dejó el camino allanado para que el resto siguiera creciendo y progresando”.

Uno de sus numerosos y destacados discípulos fue Luis Federico Leloir, laureado con el Premio Nobel de Química en 1970. “Un Nobel formando a otro Nobel. Houssay fue el germen, el que posicionó la ciencia argentina a nivel internacional”, explicaron Pablo Fiorenza, coordinador de la Casa Museo Bernardo Houssay, y Santiago Palazzo, director ejecutivo de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Fecic), ideada por el científico con el objetivo de promover la divulgación. Houssay fue nombrado Doctor Honoris Causa en 27 universidades, entre ellas París, Harvard y Oxford, y fue profesor honorario en otras 15 casas de altos estudios de Latinoamérica. Desde 1982, en la fecha de su nacimiento, cada 10 de abril, se celebra el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología. En su honor, en 2009, la Unión Astronómica Internacional le asignó el nombre “Houssay” a un cráter en la Luna.

"Fue un prócer del siglo XX. Siempre pensamos en los próceres como personajes del siglo XIX, pero también los hubo en el XX", remarcaron Fiorenza y Palazzo, quienes actualmente coordinan la digitalización del material documental de Houssay. De unos 50.000 documentos, tienen digitalizados alrededor de 3.000, avanzando a razón de 250 por mes. Señalaron que comenzaron por la serie de cartas con colegas de todo el mundo, porque “era justamente de mucho valor histórico, científico, y también puede tener interés para el público en general”. Fiorenza y Palazzo aseguraron que las cartas, enviadas en cualquier momento del año y desde los más diversos lugares, dan cuenta de “su labor continua y sin descanso”.

Sobre la experiencia de trabajar en el laboratorio junto a Houssay, De Nicola recordó que a pesar de “la distancia sideral” entre él, que entonces era un becario, y Houssay, un Nobel, “siempre fue una persona muy humilde, nunca hizo ostentación de nada en ese sentido”. Sobre la rutina diaria en el Ibyme, el investigador contó que “a las diez menos cinco de la mañana sonaba un timbre por todo un instituto y teníamos que ir a tomar el café con Don Bernardo”.

“Allí nos reuníamos en una mesa grande, veinte personas tomando café. Él se sentaba en la cabecera y siempre tenía anécdotas, a veces hablaba de temas históricos, tenía una memoria prodigiosa, y para mejorarla, miraba en el diario la última página de las carreras de caballos y se aprendía los nombres de los animales”.

“Si bien nunca lo conocimos, sigue siendo una persona muy presente en nuestras vidas a través del relato directo de quienes lo conocieron, como el doctor De Nicola”, aseguró la doctora Lux-Lantos. “Nosotros queremos transmitir esto a las generaciones más jóvenes, porque si no con el tiempo se va perdiendo. Que siga vivo no sólo su legado en la investigación, sino los valores que tenía”.

Solange Houssay compartió sus recuerdos de los pocos años que convivió con su abuelo en la casa de Viamonte al 2700, declarado Lugar Histórico Nacional y que hoy funciona como museo. “Yo era muy pequeña cuando él falleció, tenía tres años, pero tengo recuerdos de la que ahora es la Casa Museo”, dijo la mujer, también médica y especialista en diabetología.

En el comedor de la casa, recuerda Solange, con sus primos mayores buscaban chocolates en un aparador y jugaban con las medallas del abuelo, mientras él, lejos de retarlos, decía: “Que jueguen los chicos con las medallas, para qué las quiero, que se diviertan”. “Era increíble la cantidad de premios, medallas y diplomas”, comentó Solange, y aseguró que tomó conciencia de quién era su abuelo recién “En la secundaria, y sobre todo en la universidad, donde tenía que estudiar temas muy importantes en los que había intervenido la escuela de mi abuelo y yo lo sentía como una presión extra”.

“En la casa están las togas de los honoris causa, hay una réplica de las medallas del Nobel y hay instrumental que él utilizó”, indica Solange, quien junto a su hermana Irina fueron las únicas nietas que siguieron el camino de la medicina. “Hay cartas con los centros y los científicos más importantes del mundo. Él tenía un intercambio epistolar enorme y consideraba de gran importancia compartir experiencias y saberes para obtener enseñanza, estímulo, inspiración y colaboración”.

Toda esa documentación se conserva, ya que Houssay era un hombre “extremadamente metódico y organizado, él mismo armó su propio archivo”, contaron Palazzo y Fiorenza, quienes destacaron “su voracidad de conocimiento y su vocación por la ciencia”, bien expresada en un letrero que se conserva en su despacho: “El trabajo es la diversión más barata”.

“Está su escritorio tal cual lo dejó, con todos los archivos y las fichas de los trabajos científicos que salían en las revistas del mundo, que las hacía mi abuela”, indicó Solange, y aseguró que María Angélica, quien era doctora en Bioquímica, abandonó su carrera profesional para dedicarse a su familia y ser “la principal colaboradora” de Houssay. La pareja se conoció en lo que hoy es el Instituto Malbrán, se casaron en 1920 y tuvieron tres hijos varones: Alberto, Héctor y Raúl Houssay, médicos los tres.

*Agencia Télam 

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