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El Progreso, otra entidad que se fue desarmando

Cooperativas agropecuarias: “Hablar de reconversión es fácil, lo difícil es concretarla”

SÁENZ PEÑA (Agencia) – La cooperativa agropecuaria El Progreso, en Presidencia Roque Sáenz Peña, es parte de la historia algodonera del centro chaqueño pero, como las otras, fue perdiendo su potencial económico, “no siendo fácil la reconversión en un contexto nacional que no brinda seguridad para desarrollar los proyectos”.

La entidad, que junto a sus pares La Unión y Sáenz Peña tiene décadas de presencia en los campos chaqueños, “ya dejó de prestar servicios a los productores” por el desprendimiento que debió concretar de sus bienes. “La idea era continuar trabajando en el predio de dos hectáreas que nos otorgaron en el parque industrial con un proyecto de agregado de valor”, comentó el presidente de El Progreso, Alberto Fogar.

La reconversión fue planteada y se ideó un proyecto de fabricación de biodiésel, pero se hace difícil concretarlo.

El productor y dirigente cooperativo hace referencia a una planificación sobre fabricación de biodiésel, para lo que contaban con el compromiso de apoyo del gobierno provincial.

SOLAMENTE UNA PROPUESTA

La propuesta fue planteada “solamente con el propósito de brindar un servicio al agricultor”. “El entusiasmo estaba, pero hoy con la nueva legislación sobre biocombustibles estamos desanimados, porque no sabemos si lo que visualizamos como una solución, finalmente podría terminar siendo otro problema”, mencionó.

“La intención de apostar a la reconversión siempre estuvo, pero hablar de reconversión es fácil y la realidad es que es difícil hacerlo, más cuando se contaba con un plantel de muchos empleados con años de antigüedad y a los que se trató de indemnizarlos como se pudo, con lo que la cooperativa tenía”, señaló Fogar.

La cooperativa agropecuaria El Progreso, asfixiada por las deudas, se fue desprendiendo de todos los bienes que logró en décadas de trabajo.

DESPRENDERSE DE LO LOGRADO

La sumatoria de situaciones adversas hizo que la cooperativa tenga hoy apenas un mínimo porcentaje de todos los bienes que fueron de su propiedad. “Con lo que queda, en asamblea, el socio dirá qué quiere hacer. Encarar un proyecto son muchos millones de pesos, a través de un crédito y sin tener la seguridad de lo que pasará a futuro, es muy peligroso”, dijo con desánimo el cooperativista.

El plan de la fabricación de biodiésel surgió hace un par de años, “cuando los análisis indicaban que era una opción conveniente”, pero el cambio en la legislación nacional sobre el producto hace que los dirigentes “hoy no encuentren la conveniencia en esa reconversión”.

Todos los servicios brindaban las cooperativas al productor. Hoy esas edificaciones ya no cumplen ninguna función.

HISTORIA ENTRE ALGODONES

La cooperativa El Progreso es una de las tres entidades que agrupaba a los productores de algodón de la zona. La institución tiene en su haber 81 años de historia y, tras la caída de la producción del textil, fue asfixiada por las deudas. El ahogamiento financiero la llevó a vender la mayor parte de sus bienes para saldar las deudas con los exempleados.

“La cooperativa está terminando de arreglar los juicios y las indemnizaciones con los trabajadores, para lo cual se tuvo que vender la mayor parte del predio en el que están las edificaciones donde funcionaban los servicios que brindábamos”, refirió el productor Alberto Fogar, que ocupa la presidencia de la debilitada entidad.

UNA LARGA AGONÍA

La agonía de las cooperativas se inició cuando “el productor dejó de sembrar algodón y dio prioridad a los granos”. En los últimos años del trabajo de la desmotadora, antes de su venta, la cooperativa El Progreso recibió entre dos y cinco mil toneladas del textil para su procesamiento.

La producción recibida no pagaba los costos de la puesta en marcha de la maquinaria y mucho menos las horas de trabajo de los muchos empleados que eran parte del plantel fijo de la entidad. El combo negativo terminó asfixiando a la histórica entidad que nucleaba a los chacareros del domo agrícola central.

“El objetivo es terminar de arreglar los problemas, pero esos problemas tienen arreglo con plata que es lo más difícil de conseguir”, sintetizó Alberto Fogar.

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