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¿Dónde aprendemos a alimentarnos?

Alimentación familiar: cómo construir hábitos alimentarios saludables en familia.

¿Dónde aprendemos a alimentarnos? Es una muy buena pregunta para realizar y que antecede al cómo y cuándo.

La mayoría de las personas comienza su alimentación en el entorno familiar, ya que desde la lactancia se forma un lazo vinculado con la comida entre dos personas que son familia, aún con las diversidades y diferencias que muchas veces esta etapa conlleva.

Siempre hay un adulto responsable de la alimentación de un pequeño que es dependiente y a quien luego se continúa acompañando durante la transición de la alimentación complementaria hacia la inclusión de cuatro comidas diarias como modelo general para la vida adulta.

Ese vínculo que se genera durante las primeras etapas de la vida —y que, de alguna manera, se podría considerar un proceso de aprendizaje también— va formando parte de la rutina, las decisiones y elecciones, e incluso —y según el entorno— algún punto de la identidad de un individuo.

SE APRENDE EN LA COTIDIANIDAD

Es en el contexto de lo cotidiano donde mayormente se conocen y aprenden los sabores, aromas, horarios, formas de cocinar, cómo comprar o conservar los alimentos e incluso sobre la forma de preparar una determinada comida.

Cualquier persona adulta que realice este análisis a nivel personal podrá asegurar que este proceso fue más o menos de esa manera, aun con los errores o aciertos que hoy pudiera encontrar.

La razón de considerar cada uno de esos factores que actúan como un todo en el proceso de alimentación radica en que se van adquiriendo como hábitos.

En este punto, es necesario tratar de esbozar una pequeña definición de “hábito” que amplíe la visión de su importancia: según lo expresa el diccionario de la Real Academia Española, un hábito es un modo especial de proceder o conducirse adquirido por la repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas.

De esta manera, cualquier acto que se repita de manera regular comienza a tomar una dimensión natural y, muchas veces, incuestionable. Si a la luz de este concepto se analizan las conductas que tienen que ver con el proceso de alimentación, se podrían obtener múltiples resultados, algunos más positivos y otros tal vez no tanto.

EL VALOR DE CONSTRUIR HÁBITOS SALUDABLES

De acuerdo con esta realidad, se manifiesta la importancia de la construcción de hábitos saludables desde las primeras etapas de la vida. Para ello, es indispensable partir tanto desde la responsabilidad personal como compartida acerca de la adquisición de hábitos saludables, recordando que el verdadero valor de quien enseña muchas veces es analizado por quienes oyen, y su respuesta influenciada por el ejemplo que dicho educador brinde.

Al hablar de esta construcción de hábitos desde el entorno familiar, se construye una unidad indivisible entre la teoría y la práctica, ya que es en ese ambiente del hogar donde los más pequeños pasan gran parte del tiempo observando, descubriendo, imitando y aprendiendo.

Si bien se podrían mencionar otros contextos que influyen en este proceso de alimentación como los distintos entornos educativos o laborales, los clubes e incluso los momentos sociales tales como festejos y cumpleaños, se debe recordar el gran valor que genera la construcción de un ambiente de hábitos saludables en y desde el hogar; ya que es en ese lugar donde, por lo general, no solo predominan la mayor cantidad de momentos de comidas de manera cotidiana, sino que es también donde los diferentes individuos que conforman la familia pueden realizar cambios y modificaciones con total libertad, responsabilidad y autoridad.

UN ENTORNO QUE IMPACTE POSITIVAMENTE EN LA SALUD

Los efectos de una alimentación familiar saludable no solo impactan positivamente la salud y el desarrollo, sino que también contribuyen a la prevención de enfermedades y alteraciones que podrían darse a futuro como resultado de una alimentación inadecuada.

RESPONSABILIDAD DE ADULTOS EN LAS DECISIONES EN EL HOGAR

Es ineludible recordar, una vez más, la gran responsabilidad que los adultos poseen sobre las decisiones en el hogar acerca de cuándo, cuánto, cómo, por qué y qué deben consumir como parte de su alimentación diaria, aquellos que conforman su familia.

Esto cobra mayor importancia cuando en el hogar hay niños pequeños, quienes a veces se resisten a ciertos alimentos o preparaciones e incluso son —o intentan ser— quienes deciden lo que van a consumir.

Como adultos, se debe considerar especialmente esto último, ya que los niños no tienen el grado de conocimiento y madurez que se requiere para definir cuáles alimentos deben ser parte de su alimentación en forma diaria.

INFORMACIÓN Y HERRAMIENTAS ACCESIBLES

El avance de la ciencia y las nuevas tecnologías han facilitado mucho la disponibilidad y el acceso a la información confiable aún desde un dispositivo móvil; ya que muchos profesionales de la salud y la nutrición brindan pública y gratuitamente no solo información sino también herramientas prácticas y útiles para considerar la adquisición, modificación o mejora de los hábitos alimentarios.

Como adultos sería muy bueno y beneficioso tomar esto en cuenta no solo a nivel personal, sino que junto con la familia se puedan analizar, definir y proponer aquellos cambios que sean necesarios, posibles y saludables dentro de ese ambiente que con amor y esfuerzo se construye día a día: el hogar.

(Colegio de Nutricionistas de la Provincia del Chaco -Lic. Evelyn Arce – MP 189).

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