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Charla con Lucas Brito Sánchez

"La intemperie le dio cuerpo a mi escritura"

El escritor chaqueño publicó hace un tiempo su poesía reunida, “Antitodo”. Aquí hablamos de ella, Resistencia, de la vida y de la muerte.

 “29./ El odio genera hacienda./ Es el gran descubrimiento de los invasores./ Fueron pobres hasta ese único día”. Así escribe Lucas. Es sábado por la tarde, nos disponemos cada uno desde su hogar a una videollamada para una charla larga. “La literatura es mi vida. Ahora bien, la literatura es amplia, va más allá del acto de escribir, es el acto de leer, compartir, escuchar, mirar, quedarse quieto, hay muchas cosas alrededor de la literatura”. 

Lucas Brito Sánchez ha participado con sus poemas en antologías tanto en Argentina como en Paraguay. Es también periodista, sostiene que la literatura y el periodismo son ríos que confluyen, no son enemigos. “Hay una escritura norteamericana que está guiada por periodistas. Distinta al canon europea, que venía de las artes. En nuestro país tenemos muchos periodistas que pasaron a la literatura y fueron boom. Hay un cruce, figuras que me gustan, como Rodolfo Walsh, Eduardo Galeano, Juan Gelman, Osvaldo Bayer, Osvaldo Soriano, Martín Caparros, Leila Guerriero, Josefina Licitra, Mariana Enrique, María Moreno, la lista sigue y sigue. Es innegable que el periodismo y la literatura son ríos que confluyen”, subraya. 

—Vamos a comenzar la charla haciendo tierra: ¿qué tiene de bueno vivir en Resistencia? 

—Hay una sensación de amistad permanente. No me parece una ciudad que desde lo arquitectónico sea bella. Tiene algo importante con las personas, la literatura, las escritoras, los escritores, todos y todas dependen de la gente que nos va a leer o de la gente que nos va apoyar. Resistencia es una ciudad amigable. Conozco gente que viene de afuera y la primera impresión que tienen es sobre la calidez de la gente. Supongo que a todas las personas que crean sus nidos en el mundo les debe pasar lo mismo. Aquí en Resistencia, dentro del mundo del arte hay muchas adversidades. Hay que crear con muy poco, el financiamiento es escaso, los que pueden vivir de las artes son muy pocos. Entonces la base espiritual de los artistas chaqueños son los amigos y las amigas. Recuerdo que cuando todavía existía el Cecual, por calle French e Yrigoyen, hace muchos años, se hicieron las primeras maratones de lectura. Éramos pendejos, escribíamos y nos editábamos nuestros propios libros. Era abrumador y a la vez hermoso. Eso no cambió mucho. En ese maremoto de cosas que hacíamos siempre estaban los amigos, las amigas y la familia. Con el tiempo entendí que sin esa gente no podría haber hecho mi obra. Cuando son joven, pensás que es algo negativo, no viene nadie a mi ronda de lectura; cuando sos más grande, decís qué bueno que estuvieron los amigos y las amigas”. 

—¿Así se construye un escritor en esta ciudad? 

—En la ciudad ahora hay muchos talleres de escritura. Nunca hubo escuelas. Las letras siempre están relacionadas a las ciencias sociales y humanas. No hay aquí algo que organice las inquietudes o las búsquedas de la literatura, uno se hace a los ponchazos. No está institucionalizada la escritura de poesía o de novela. No hay escuela. El andar es sigiloso, pantanoso, y a la vez alucinante. Escribimos sin plan. Es un camino a ciegas, como tanteando mientras vas caminando. Ojo, la intemperie también le dio cuerpo a mi escritura.  

—“Antitodo” reúne varios libros tuyos. ¿Corregiste mucho los textos que aparecen en esta obra de poesía reunida?  

—Fue cansadorísimo, no sé si existe esa palabra, pero describe cómo fue el proceso para cerrar el libro. 

—Si no existe la escribimos ahora. 

—Recuerdo que había poco tiempo para que el libro entrara a imprenta y saliera para una edición de la Feria del Libro del Chaco. Me abataté al principio. Empecé a juntar y me preocupaba que había cosas que quería escribir de otra manera. Me puse a corregir textos viejos. Después había un sándwich en mi vida donde no había publicado nada, pero los poemas estaban y era parte de este proyecto de poesía reunida. En “Antitodo” hay dos libros que nunca antes había publicado, pero que siempre fueron parte de mi trayectoria. Así que tuve que escribir y montar todo para esta edición. El resultado está ahí. Tengo una voz que me dice que la unicidad de una obra no tiene que ver con la perfección o con la armonía, sino que entra en juego el azar de la vida. Pude borrar muchas cosas, pero ahí están los poemas. Venir del periodismo nos arroja también esto de que tener plazos define la naturaleza de ciertas obras. Si hubiera tenido un año para hacer ese libro, quizás me hubiera llenado de inseguridad y no habría publicado. En la tensión de que tenía que salir puse la máxima energía para que me haga feliz.

—María Moreno dice que tener tiempo para un escritor no es garantía de que va a escribir mejor, estamos formateados para hacer cosas contra reloj… 

—Claro, hay un escritor alemán que se había ensañado con los periodistas. Karl Krause decía algo que es un paso más que lo dicho por María. Krause decía que cuando un periodista tiene tiempo, escribe peor. Así que está muy bien tener plazos. Cuando uno tiene tiempo, espacio, geografía, se llena de dudas sobre lo que está haciendo. 

—¿Cómo surgió este título del libro, “Antitodo”? 

—Cuando terminó el montaje surgió “Antitodo”, le dije a Teté y le gustó. Es un anzuelo, y hasta diría que no es verdadero estar en contra de todo. Puede ser también un antídoto, el veneno de la juventud cuando creaba. “Antitodo” es una disconformidad, un gesto punk hacia el mundo, entendido desde la afirmación, desde la defensa del yo, mi “Antitodo” no desprecia la vida, todo lo contrario.

—Este libro sale en la colección Radar en la Tormenta, referencia a un libro y a un poema de Alfredo Veiravé: ¿qué significa eso para vos? 

—Veiravé es un poeta mundial, sea o no leído por las nuevas generaciones. Es innegable su obra, sobre todo la más lúdica o la menos social, son poemas que no tienen anclaje en un tiempo. Esto de tener un poema sin anclaje en un tiempo me gusta. Es muy lindo estar en una colección que hace honor a un poeta grande. Lo leí y lo disfruté mucho, hace honor a la poesía que me gusta, de imaginación, crea mundos, se bifurca, todo el tiempo muta. El elemento cotidiano, narrativo habitual que la mayoría hacemos está bien, pero es un aspecto de la escritura. La poesía te permite hacer muchas cosas más. Los poemas de Veiravé son grandes, amplios, con música ejecutada para otro momento, y así sobreviven al tiempo. 

—Tocaste ahí un punto fuerte, tu poética está más vinculada a lo cotidiano, ¿cómo es escribir sobre el entorno? 

—Hay una idea de que cualquiera puede escribir poesía, que basta con tener sentimientos. Lo cotidiano no es la enumeración de cosas que pasan. Lo cotidiano es -desde mi escritura- intentar comprender qué está pasando con la vida. Para ello se hace un registro de lo cotidiano. Por ejemplo, hay rivalidades entre los novelistas y los poetas, son como Boca y River. Se tiran con munición pesada, por ejemplo, que escribir poesía es fácil. Transcribir emociones puede ser que sea fácil, ahora hacer poesía no es fácil y no quiere decir que lo logremos a pesar del esfuerzo. Insisto con esto, lo cotidiano no es lo que está pasando, no ocurre en el presente por más que sea la descripción de una rutina, es algo que está ocurriendo en otro plano. La investigación sobre la vida, sobre qué está pasando mientras se va terminando la vida, es la gran pregunta. La poesía, la filosofía, la historia, la antropología, la sociología, ayudan a entender lo que nos está pasando.

—En tu poesía, más allá de los hechos también aparecen las personas de tu entorno inmediato, por ejemplo tu papá o tu mamá: ¿cómo es llevar a la poesía a las personas que te rodean?

—En mi caso, mi papá y mi mamá son personas cálidas y al mismo tiempo complicadas, personas con historia. No son personas que hayan definido mi camino como escritor, no vengo de un linaje de escritores. Tuve un hermano con quien aprendí a leer. Siempre sentí apoyo de mi mamá y de mi papá, sin embargo siento que en el fondo ellos no entienden del todo qué hace su hijo. Incorporarlos es darles un espacio y un lugar, no para que se sientan a gusto, sino para ficcionarlos, para que estén presentes de otra forma. 

—Hablamos de que no cualquiera puede escribir poesía; ahora bien, ¿cualquiera puede leer poesía? 

—La poesía es un gran género popular. La poesía barroca, la isabelina, la metafísica de los ingleses del siglo XII. Lo único que hay que tener para leer poesía es imaginación. Obviamente que si digo esto en un simposio de poesía me tiran con un zapato. No quiero tirar abajo toda la estructura de cofradía que armaron. No estoy desprestigiando la métrica, el estudio o la erudición de la poesía, todas esas cosas son buenas. Pero para leer poesía solo hace falta tener imaginación. No hace falta conocer la complejidad de un hexámetro para conectar con un poema. Esto es un gran error de la pedagogía de la poesía, el problema de cómo se enseña poesía. No recuerdo tener en el secundario una docente o un docente entusiasmado enseñándome poesía. Creo que no se le enseñó bien, y eso contribuye a cierto desprestigio social. Es un género popular, pero está mal enseñado. Lo primero que dicen generalmente es que no entienden, esa es la cuestión, no hay que entender. Hay que conectar con la emoción del poema, no hay nada que entender. 

—Volviendo a “Antitodo”, hay poemas en prosa y otros en verso, ¿cómo te llevas con los géneros, con las estructuras de la literatura? 

—Hay pocos poemas escritos en prosa, cuando aparece es una cuestión técnica. Cuando lo escribo es la forma que pienso para que el lector tome contacto con lo que estoy transmitiendo. No sé cómo lo van a interpretar, pero es la forma en que quiero que se lea ese poema. La prosa es pared, rigidez, estructura, el verso es anti estructura, desordena la psiquis. Cuando escribo no lo pienso tanto, no digo voy hacer un poema de prosa y otro en verso. De repente cuando escribo me siento cómodo con una forma y así avanzo. 

—¿Con los títulos cómo te llevás? Aquí los primeros libros tienen números y después directamente no tienen título. 

—Me llevo mal con los títulos. Siempre tuve un sentimiento raro con la titulación en poesía. Lo veo mucho en los poetas que me gustan mucho, por ejemplo, en Fabián Casas. Sus primeros libros son los mejores, los títulos de los poemas en esos libros están de más. ¿Por qué cada poema tendría que solidificarse con un titulado? Quizás en mi propia cabeza, como construyo desde el periodismo, cuando pienso un título pienso que tiene que ser el resumen del poema. En general, cuando tomo un libro de poesía no le presto mucha atención al título. Cuando me acuerdo de un poema que me gustó viene a mí la emoción que me produjo, no tengo presente el título.

—Sobre el lenguaje, se escribe como se habla o se habla como se escribe. Aquí tenemos versos como "sin acertar una puta vez" o "ni en pedo quiero ser Borges". ¿Hay una provocación? 

—El espacio de la escritura es mucho más rico que el habla, en el sentido de que tenés tiempo y tenés un acceso distinto al lenguaje. Esa distancia te permite ser más provocador y girar a otros lugares. Volvemos al origen, cuando me preguntabas cuándo comencé a sentirme escritor o poeta, la realidad es que no hablo como escribo. Las posibilidades de la escritura te permiten ser un montón de veces una persona diferente, una mente y un cuerpo distintos. Eso es lo rico que tiene la escritura. El lenguaje oral puede ser muy labrado, pero en el fondo no es el que te conecta con el día a día, esa es mi sensación.

—Ahora te propongo un juego casi macabro que surgió leyendo este libro de poesía. En algún momento decís que hay una manera romántica de morir. ¿Cómo sería una muerte romántica de Lucas, leyendo, escribiendo o vendiendo libros? 

—Una muerte romántica me parece que es estar conectado con uno, y para ello tenés que investigar mucho, tenés que saber quién querés ser o qué querés ser en la vida. Me parece que cuando uno encuentra lo que quiere ser es una forma amorosa de llevar adelante la vida, cuando lo hacés con amor y consciencia, estas muriendo en forma romántica, estás conectado con la esencia. Hoy no creo que esté en ese lugar, pero lo busco. Cuesta mucho ser uno mismo, pero hay un es fuerzo por intentar estar en ese lugar. La vida es corta, no hay mucho tiempo para investigar y en ese sentido hay que tomar decisiones.

Poesía 1                                                             Poesía 2

Dos viejos besándose 

aspirando visiones 

y fechas

continentes e historias medievales.

Volver a casa 

y pedir perdón a la familia 

para usar de nuevo la pieza.

Te advertí: la paz 

es una dura conquista

lo demás

aburrimiento.

Aprendé a distinguir entre 

ir hacia la luz

y no como un bicho 

cabeceando la lámpara

de querosén.

Arrodillado ante

vos mismo

abrí los músculos

y basta de cabecear lámparas.

Te estás secando, compadre

¿qué no entendés?

 
 
 

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