La naturaleza habla
Los fenómenos climatológicos extremos podrían ser más intensos si no se adoptan medidas urgentes para detener el calentamiento global. Incendios, sequías o inundaciones y temperaturas récord no son situaciones nuevas en la historia del planeta. Sin embargo, expertos advierten que es probable que por las actividades humanas que dañan los ecosistemas estos fenómenos se vuelvan más frecuentes.
En nuestra región, uno de los fenómenos que más preocupa es la bajante histórica del río Paraná y su estrecha relación con la sequía severa que afecta al sur de Brasil. Algunos estudiosos sostienen que todavía no hay suficiente evidencia para afirmar que el bajo nivel del agua del Paraná se debe al cambio climático.
Otros, en cambio, creen que la bajante no se explica como parte del ciclo natural sino que es el resultado de la destrucción de la selva amazónica, que sufrió un fuerte avance de la frontera agropecuaria, con tala de árboles e incendios forestales, durante el gobierno de Jair Bolsonaro.
Pero así como por estas latitudes se siente el impacto de prolongadas sequías, en otras partes del mundo el aumento de la temperatura del aire provoca fuertes tormentas e intensas precipitaciones que dan lugar a graves inundaciones.
Las impactantes imágenes del fenómeno que golpeó a la ciudad de Nueva York que se conocieron esta semana, donde se pueden observar los daños provocados por la gran cantidad de agua caída en pocas horas en la mayor urbe de los Estados Unidos, parecen dar la razón a quienes vienen alertando sobre el calentamiento global.
Casi al mismo tiempo se conoció un informe de la organización no gubernamental británica Botanic Gardens Conservation International que advierte que cambio climático y el clima extremo son peligros emergentes para todos los países. El mismo documento revela que un tercio de los árboles del mundo están en peligro de extinción por la destrucción de grandes superficies forestales.
En ese sentido, observa que las distintas especies de árboles son la columna vertebral del ecosistema natural ya que almacenan el 50 por ciento del carbono terrestre del mundo y actúan como una especie de amortiguador contra el clima extremo. Además, señala que muchas especies de árboles amenazadas proporcionan el hábitat y alimento para millones de otras especies de aves, mamíferos, anfibios, reptiles, insectos y microorganismos.
“La extinción de una sola especie de árbol podría provocar un efecto dominó, catalizando la pérdida de muchas otras especies”, advierte el estudio de la organización británica. En este punto, cabe recordar que ambientalistas de distintos países vienen alertando que la deforestación genera condiciones que facilita la propagación y aparición de enfermedades, como ha quedado demostrado con el paludismo y el dengue, por citar solo dos ejemplos de situaciones que se producen por el desplazamiento hacia zonas urbanas de mosquitos que sufrieron la destrucción de su hábitat natural.
Una de las voces que viene alertando sobre ese tema es la del biólogo del Instituto Nacional de Investigación del Amazonas (Inpa), Philip Fearnside. Dijo que el avance de la deforestación permite un mayor contacto entre la población humana y animales silvestres que albergan patógenos desconocidos con el potencial de infectar a las personas. En un trabajo publicado por la Academia de Ciencias de Brasil, Fearnside sostiene que la tala de árboles en el Amazonas facilita la transferencia de diversos patógenos de animales silvestres a los seres humanos.
“Tanto la simple proximidad como el consumo humano de carne de animales silvestres pueden permitir que los patógenos animales salten a los humanos”, advierte el estudio, sumando así nuevas alertas sobre una situación que no es nueva pero que se volvió de interés para la comunidad internacional a partir de la actual pandemia global de coronavirus, cuyo origen se ubica en un mercado de animales de la ciudad de Wuhan, en China.
El clima extremo se generaliza en todo el planeta de manera cada vez más rápida e intensa. Un informe de la ONU sostiene que solo una fuerte reducción de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero podrían atenuar las alteraciones del sistema climático. Habrá que redoblar los esfuerzos, también aquí en la provincia, para no demorar la puesta en marcha de un nuevo ciclo económico que sea más respetuoso con el ambiente.










