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Nuevas demandas en el mundo del trabajo

Los sistemas de educación y de formación profesional corren el riesgo de quedarse rezagados si no se adaptan a las nuevas habilidades y destrezas que demanda un mercado laboral que experimenta fuertes cambios. En ese sentido, la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte sobre la obsolescencia de muchas de las habilidades tradicionales debido a la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial, entre otros fenómenos que comienzan a tener fuerte presencia en la mayoría de los países.

La OIT ya lo advertía en 2017, cuando presentó en México el documento “El futuro de la formación profesional en América Latina y el Caribe”, en el que se presentaban los desafíos planteados en materia de educación y formación por las transformaciones en el mundo del trabajo. A cuatro años de la presentación del informe, las propuestas que planteó tienen una enorme vigencia.

“Para enfrentar los grandes desafíos que nos plantea el futuro del trabajo es fundamental promover el debate y convencer a los tomadores de decisiones para reinventar esta formidable herramienta que es la formación profesional y vincularla mejor con las políticas de desarrollo productivo”, dijo en aquellos días el director regional de la OIT, José Manuel Salazar-Xirinachs. Ese futuro al que hace referencia es hoy. Y eso es así porque la pandemia del Sars Cov 2 generó, entre otras cosas, una aceleración en el proceso de digitalización que derivó en nuevas formas de interrelación en muchos sectores de la economía. Las compras por Internet, el uso del teléfono celular para transferir dinero de una cuenta a otra, o para pagar servicios sin necesidad de concurrir al local físico de un banco, son algunos de los muchos ejemplos que se pueden citar a la hora de enumerar esas transformaciones.

Por esa y otras razones similares, vale detenerse un momento en el documento de la OIT sobre educación y trabajo, especialmente cuando señala que la formación profesional enfrenta uno de los cambios más profundos en su historia. “Los empleos del siglo XXI requieren de habilidades y competencias de base más compleja y desafían a los sistemas educativos y de formación profesional no solo a estar al día sino a anticipar los nuevos requerimientos, y a ofrecer educación a lo largo de la vida”, sostiene el informe del organismo internacional.

Prestar atención a las nuevas demandas del mercado laboral es muy importante para una provincia como el Chaco, que no está ajena a los problemas de desempleo que se registran en todo el país en el segmento de la población joven. Un reciente trabajo sobre esta cuestión presentado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino revela que en la Argentina los jóvenes experimentan elevadas tasas de desempleo y precariedad laboral, las cuales a su vez presentan heterogeneidad según el nivel de ingresos de las familias. “La desocupación del segmento más joven de la población, entre 18 y 24 años, es de 13 por ciento y la tasa de asalariados informales asciende a 64 por ciento. La informalidad en el primer empleo es el inicio de un ciclo vicioso: ingresos insuficientes y menor probabilidad de adquirir una mejor calificación y de acceder a un trabajo decente”, sostiene la investigación de ese instituto. Y agrega que en el país “se prepara para la universidad, y se desatiende a los jóvenes cuyo proyecto es empezar a trabajar, los cuales en su mayoría son los que provienen de hogares de más bajos ingresos”. “Hay que crear modalidades donde se combine la educación y la formación para el trabajo, para darle opciones a los jóvenes que no proyectan seguir estudios superiores cuando terminen la secundaria”, plantea el documento del Instituto para el Desarrollo Social Argentino. En las conclusiones de ese trabajo se destaca la necesidad de modernizar la educación, para lo cual aconseja que las escuelas y universidades implementen modalidades de enseñanza más tecnológicas que ayuden a mejorar la calidad y la continuidad educativa, lo cual contribuye a mejorar la empleabilidad de los jóvenes.

Hay quienes aseguran que todas estas transformaciones ya abrieron un espacio para cambios más profundos en las ocupaciones, y remarcan que para hacer frente al futuro primero hay que modificar actitudes en el presente. Es de esperar que el sistema educativo no se quede atrás y ofrezca respuestas a las nuevas exigencias de formación y empleo.

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