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Conociendo Argentina

Los Manantiales: el monte nativo que muestra sus riquezas naturales

La Reserva Hídrica Natural Municipal Los Manantiales es un atractivo de las Sierras Chicas. Conocer su monte, su flora, fauna y el mirador Las Pisaditas, una formación rocosa natural, es contemplar la naturaleza.

Para quienes les gusta disfrutar de la naturaleza, levantarse temprano y hacerse una escapada durante esta época invernal, Sierras Chicas ofrece muchas alternativas. 

Una de ellas es una caminata a la Reserva Hídrica Natural Municipal Los Manantiales de Río Ceballos, un paseo que comienza con el frío de la mañana y culmina al mediodía, con los rayos más fuertes del sol.

Está ubicada a pocas cuadras del centro de “La Perla” de Sierras Chicas, y a 36 kilómetros de Córdoba Capital, por la ruta E-53.

Hacia el norte, se une a la reserva hídrica natural Parque La Quebrada, y hacia al sur a la reserva Los Quebrachitos, de Unquillo.

Apenas se llega al lugar, hay carteles que señalan el inicio del área protegida, el arroyo Mal Paso se hace visible.

Sus aguas serpenteantes van dejando cascadas entre las piedras y desembocan en el río Ceballos o Isquitipe (nombre originario).

Los custodios de esta cuenca y del monte nativo son los mismos pobladores, y los guardaparques que dependen de la dirección de Ambiente municipal y acompañan a los caminantes en el recorrido que dura alrededor de cuatro horas. 

La naturaleza a nuestro alcance

Una vez que se adentra a la Reserva, rescatada hace 13 años por idea de los vecinos y vecinas que vieron cómo avanzaba la urbanización hacia esa zona, los sonidos del monte van envolviendo el recorrido. 

Tiene una extensión de 1.050 hectáreas que son congestionadas por el municipio y por un Consejo de Gestión. La zona más cercana a la ciudad está urbanizada y la más lejana preserva monte nativo. 

La coordinadora de la reserva, Hebe Bolgan, afirma que esta es modelo a nivel nacional, "porque es natural municipal, tiene un Consejo funcionando, tres guardaparques y se paga una tasa que es un fondo de financiamiento".

La prioridad para quienes trabajan en ella y para sus habitantes es preservar su fauna, su flora y la cuenca del Mal Paso. 

Está atravesada por un ancho camino, que es público y de fácil acceso, donde dejan huellas caminantes, runner, ciclistas y amantes de avistajes de aves.

A mitad de camino, las sierras muestran su esplendor. Arriba, el nacimiento del arroyo. Abajo, las curvilíneas piedras dan forma al monte autóctono.

Piquillín, molle, durazno del campo, espinillo, moradillo, algarrobo, tala, sachaguasca, son algunas de las especies que se pueden divisar a lo largo de la caminata.

“Del tres por ciento de bosque nativo de Córdoba, una parte está acá”, señala Bolga.

Además, el monte alberga al puma, a la corzuela, al zorro gris, al hurón, al gato montés y al gato de pajonal, entre otros animales.

Y a más de 100 especies de aves, entre las que se encuentran el águila mora, el cóndor, el carpintero negro (emblema de la reserva) y la reina mora.

La cima se nota. El sol aumenta su intensidad y forma paletas de colores amarillos y naranjas sobre el paisaje serrano. Un atractivo para los ojos que observan impávidos la inmensidad de la naturaleza.

A lo lejos, una pirca, que es parte del patrimonio cultural del lugar, traza una línea divisoria perfecta en la montaña.

Luego, una plaza “escondida” entre los árboles sale al encuentro de paseantes. Después, una parada en el campamento de guardaparques sirve para conocer sus actividades y recobrar energía con algo caliente.

Al retomar la marcha, el sendero se achica para dar paso a los campos. Los animales observan a los peregrinos desde sus corrales y las viviendas rurales se confunden en el paisaje.

El arroyo sigue su curso y las bajas temperaturas congelan sus aguas convirtiéndolas en espejos.

Al cruzar esa zona, el cerro Mogote del Naranjo se muestra imponente. Lleva su nombre por el cítrico encontrado en el lugar aunque no queda nada de esa planta.

El cerro es el punto de la unión con la reserva La Quebrada, y desde allí se puede ver el dique y la ciudad de Río Ceballos en 360 grados. Una maravilla natural para ser contemplada en silencio.

Mirador natural Las Pisaditas

A medida que sube el ritmo y el camino va en ascenso, se llega a un afloramiento rocoso llamado Las Pisaditas, nombre que recibe por los huecos erosionados con formas semejantes a las pisadas.

Es un mirador natural desde donde se puede admirar Río Ceballos, el Camino del Cuadrado y las reservas Los Quebrachitos y La Quebrada. 

Antiguamente, en este lugar los nativos hacían ceremonias religiosas y hoy forma parte del patrimonio cultural de la reserva.

Desde allí, se surca por un sendero entre pajonales y árboles, y se llega a la cueva de Los Chanchos. Un sitio conocido por lugareños donde una gran roca erosionada deja un espacio de luz para observar hacia su interior.

Cómo llegar: La reserva es de acceso libre y gratuito. Una vez en la ciudad hay que tomar la avenida San Martín al 5.000 y desde allí las calles Alberdi o Almirante Brown que desembocan en la entrada del área protegida.

El paseo se puede hacer sin guía pero lo ideal es comunicar al municipio o al guardaparque que se hará esa actividad. Más información a [email protected] o al teléfono: 3543 572058.

Qué llevar: ropa y calzado cómodos; agua y alguna colación. La caminata es de dificultad baja, para todas las edades, y tiene una duración aproximada de cuatro horas.

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