La construcción del bien común
El debate sobre los temas de interés público que contribuyen a la búsqueda del bien común necesita de una pluralidad de voces que ayude a discernir qué es lo mejor para el conjunto de la sociedad. Pero es necesario evitar que, en este año electoral, las falsas noticias y los discursos ofensivos se impongan por sobre la racionalidad que debe prevalecer en una democracia deliberativa.
En ese sentido, es clave el compromiso constante de la ciudadanía para demandar que
los temas decisivos para la construcción del bien común sean tratados sin golpes bajos
ni apelaciones a cuestiones de índole personal.
Pero, lamentablemente, se advierte que desde que el discurso político desembarcó en las redes sociales, la inmediatez y la brevedad de las exposiciones ganaron terreno en detrimento del carácter argumentativo que caracterizó siempre a los mejores intentos por dar a conocer una propuesta programática.
Está claro que los que deben promover un debate racional son los propios partidos
políticos, comenzando por sus estrategias de comunicación. Por más innovadora o disruptiva
que esta pretenda ser, no debe olvidar que en todos estos años de democracia sin interrupciones se ha ido consolidando una serie de valores aceptados por la sociedad
y que están relacionados con la transición pacífica del poder, la histórica lucha por alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y el derecho a la libre expresión y a la participación política, por citar solo unos pocos ejemplos de las transformaciones que experimentó la opinión pública luego de dejar atrás el oscurantismo
de la última dictadura cívico militar.
Basta recordar que en esos años de autoritarismo la sola idea de proponer a la ciudadanía un mayor interés por la participación política era un pecado que podía costar la vida de quienes se animaban a desafiar la visión maniquea de la sociedad y del mundo que predominó durante el último gobierno de facto.
Hoy, afortunadamente, el escenario es otro. Están dadas las condiciones para seguir
fortaleciendo las instituciones democráticas, pero para eso es necesario -especialmente
en estos tiempos de pandemia- promover la solidaridad, el respeto y la ayuda al otro,
sin importar si ese otro comparte o no nuestras creencias.
Una reflexión de la antropóloga estadounidense Margaret Mead viene bien para comprender
la importancia de unir esfuerzos a la hora de trabajar por una meta común:
“Ayudar a alguien a atravesar la dificultad es el punto de partida de la civilización”, dijo
la investigadora, una de las más influyentes en el campo de la antropología. “La civilización
es una ayuda comunitaria”, agregó al responder la pregunta de una estudiante que
quiso saber cuál era la primera señal que daba cuenta de la existencia de una sociedad
compleja.
No es la única que resalta el valor del respeto por el otro y de las ventajas del trabajo
colaborativo. El año pasado, pocos días después de que la OMS confirmara que la circulación
del virus Sars Cov 2 implicaba una emergencia de salud pública de preocupación
internacional, el historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari hizo un fuerte llamado
a la cooperación entre las naciones para poder enfrentar con éxito al nuevo coronavirus
y también a todos los desafíos futuros de la humanidad.
“El verdadero antídoto contra la epidemia no es la segregación, sino la cooperación”, observó el académico de la Universidad Hebrea de Jerusalén en un artículo publicado por la revista Time. Fiel a su estilo, simple y directo, Harari advirtió que “cuando los humanos se pelean, los virus se duplican”. Y observó que, por el contrario, si existe predisposición de todos los sectores de la sociedad para solucionar los problemas importantes “será una victoria no solo contra el coronavirus, sino también contra todos los patógenos futuros”.
En una conferencia que brindó antes de la pandemia en Londres, recordó que, en rigor, todos
los grandes logros de la historia de la humanidad, desde construir pirámides hasta viajar a la Luna, no se han basado en habilidades individuales sino en la capacidad de cooperar de muchas personas de forma flexible. Como plantea el historiador israelí, la predisposición para la cooperación a gran escala es lo que diferenció al homo sapiens del resto de las especies, y es lo que hizo que haya logrado controlar el planeta.
El país y la provincia necesitan de un esfuerzo colectivo para superar la crisis sanitaria. Ojalá
que las reflexiones aquí citadas ayuden a avanzar en ese sentido.










