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La desinformación en tiempo de elecciones

Los procesos electorales fueron blanco en los últimos años, en todo el mundo, de campañas orquestadas de manipulación y desinformación en redes sociales y otras plataformas de internet. El escándalo de Cambridge Analytica y lo ocurrido con la elección de Trump en Estados Unidos y la campaña a favor del Brexit en el Reino Unido mostraron la influencia que se puede lograr en el electorado con campañas de noticias falsas.

En nuestro país y para evitar que la divulgación de contenidos falsos a través de las redes sociales y otras plataformas impacte en forma negativa en las elecciones legislativas de este año, la Cámara Nacional Electoral lanzó nuevamente el “Compromiso Ético Digital”. Se trata de una iniciativa que, según explica el tribunal electoral, busca promover la honestidad del debate democrático con el objetivo de “contribuir a mitigar los efectos negativos de la divulgación de contenidos falsos y demás tácticas de desinformación en redes sociales y otros entornos digitales”.

El fenómeno de las noticias falsas, también conocidas como fake news, es motivo de preocupación en las democracias de todo el mundo. Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), titulado “Elecciones 2021 en Argentina. Los desafíos de la desinformación a la integridad democrática”, advierte que este tipo de “operaciones deliberadas y orquestadas de desinformación con el objetivo de manipular la opinión pública puede tener efectos profundos sobre las democracias: afecta la integridad del debate público, contribuye a la polarización, erosiona la confianza en las instituciones democráticas, y afecta así la equidad en la competencia política y el derecho de la ciudadanía a ejercer un voto informado”.

El libro “La verdad de las noticias falsas”, del periodista español Marc Amorós, aborda este fenómeno y explica que se trata de mentiras que se difunden por lo general a través de las redes sociales, con apariencia de noticia real para engañar a la mayor cantidad de personas. Por otra parte, esta semana el diario The New York Times publicó una investigación realizada por el periodista de ese medio, Max Fisher, que lleva por título “El oscuro negocio de la desinformación por encargo”. Allí se revela la existencia en distintas partes del mundo de empresas clandestinas que difunden falsedades y ofrecen sumas de dinero a algunas figuras influyentes de las redes sociales para que intervengan en los procesos electorales. La nota cita como ejemplo lo ocurrido en mayo pasado cuando varias celebridades de redes sociales de Francia y Alemania fueron contactadas por una agencia de relaciones públicas con sede en Londres que ofrecía pagarles para promover ciertos mensajes en nombre de un cliente. Si aceptaban el encargo, recibían un documento breve de no más de tres páginas que explicaba el contenido falso que debían difundir y las distintas plataformas que debían utilizar para viralizar ese mensaje.

Retomando lo que plantea el periodista español Amorós en su libro, merece destacarse el párrafo en el que explica que, en realidad, el concepto de fake news (como se denomina al problema en el mundo anglosajón) no es un concepto nuevo, sino que lo que es nuevo es el fenómeno. Lo que sucede, observa, es que antes las mentiras quedaban reducidas a un círculo de amigos, pero ahora con la ayuda y enorme potencia de las redes sociales pueden llegar en pocas horas a miles o millones de personas. El alcance, reflexiona Amorós, dependerá de los elementos verosímiles que contenga y de quién o quiénes estén interesados en que se difunda el engaño.

Hace poco se señalaba en esta misma columna que la ciudadanía necesita contar todos los días con información veraz para comprender mejor la compleja realidad y tomar decisiones. Para ello, muchas veces presta especial atención a las expresiones y debates que abordan temas que son de interés público. Lo que sucede es que muchos dan por sentado que lo que se lee y se escucha está respaldado con datos, pero ocurre que si se analiza con detenimiento algunos discursos que se pretenden instalar en la opinión pública, se advierte que mucho de lo que dice solo está basado en prejuicios.

Es necesario que en este año de elecciones en nuestro país, se promueva una conciencia más crítica de la ciudadanía para que, como bien señala la Cámara Nacional Electoral, pueda contrarrestar la manipulación de contenido digital sin menoscabar la libertad de expresión, entendida como un instrumento necesario para garantizar la libertad de información y la formación de la opinión pública.

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