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Orlando Núñez

Columnista

Pobreza, riqueza y política, la gran brecha

Los chaqueños y chaqueñas atravesamos un tiempo convulsionado por la conjunción de factores que conforman un cóctel de alto riesgo: crisis sanitaria por pandemia, pobreza, desocupación, fuentes de trabajo en caída libre más la política y el proceso electoral. Que el clima social se enrarece en tiempos de acudir a las urnas es de ese manual no escrito.

Estamos asistiendo a hechos que generan un contexto al que hay que prestar mucha atención con una pandemia que no cede y se sostiene en altos niveles de contagios y fallecimientos. Los índices inflacionarios en junio subieron al podio a nuestra provincia (fábrica instantánea de pobreza) y las protestas sociales transitan las calles de Resistencia para llegar con sus demandas a la Casa de Gobierno.

El momento no puede ser el más adecuado para aumentar la temperatura del caldero. Y un ingrediente que se mezcla en la candente cocción es la política volcada a la carrera electoral como la presentación de alianzas electorales del Chaco que mostró alineamientos y escaramuzas intestinas que prometen guerra.

La meta del cierre de listas del próximo 24 de julio develará una vez más si se cumplen los presagios bélicos. La mesa está preparada para la cita de las primarias del 12 de septiembre y las generales del 14 de noviembre para renovar legisladores y legisladoras tanto provinciales como para el Congreso nacional.

En este contexto el gobierno provincial midió los tiempos y anunció su definición sobre la política salarial para cerrar con un 45 por ciento el año con una revisión en noviembre (mes electoral clave) para cumplir el compromiso de que los sueldos superarán a la inflación en 2021.

También la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y su representación en el Chaco reclamaron un soporte ante la crisis por parte del Estado y apuntaron sus pretensiones en la baja de impuestos. En línea con la decisión para los trabajadores estatales la alternativa gubernamental fue un subsidio al empleo nuevo para no atentar contra la recaudación tributaria, esencial en estos momentos de pandemia.

Si bien estamos atravesando una tormenta casi perfecta el piloto se recibirá de tal solo cuando lleve la nave a lugar seguro, pero lo que vivimos es solo una coyuntura muy grave. La odisea final con el gran obstáculo es cerrar la gran brecha que cada vez se amplía con más pobreza.

VIENTO EN POPA

Ahora, el nivel de ingresos de la provincia fue acompañado por viento a favor desde los últimos once meses que sostuvo a la Caja chaqueña con un repunte positivo de recursos imprescindibles para atender la crisis social y económica.

En junio a través de la Administración Tributaria Provincial (ATP) recaudó 2.283.800.000 pesos corrientes con una variación positiva del 69,2 por ciento.

En cuanto a las transferencias nacionales en el mismo mes Chaco recibió 15.249.500.000 pesos también con un incremento del 64,4 por ciento anual, de acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales.

En tanto otro dato oficial indica que los recursos coparticipados por la Nación que se transfirieron de enero a junio totalizaron 74.325.200.000 pesos.

Esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió el Índice de Precios al Consumidor del mes de junio que mostró al Nordeste con un índice del 2,9 por ciento, la más baja de las regiones en que se divide nuestro país. En tanto la inflación nacional fue del 3,2 por ciento.

Pero nuestra provincia difundió su estadística del conglomerado del Gran Resistencia con un alza del 3,8 por ciento para junio y se ubica entre las más altas del país. Este número se traduce en más pobres como ocurre cada mes con cifras negativas.

En esta mirada sobre los números del Chaco en plena crisis sanitaria más el sensible proceso electoral, los múltiples reclamos sociales, de sectores de la economía y del trabajo, se puede encontrar otra explicación del momento tenso que atraviesan los chaqueños y chaqueñas.

Pero a las dificultades y cargas que pesan sobre los hombros de una mayoría socialmente expuesta acorralada por la pobreza y la indigencia que muestran el conglomerado del Gran Resistencia y los bolsones de las ciudades del interior, se contrapone una minoría que vive otro mundo mucho mejor.

UNA BRECHA QUE DESALIENTA

El último informe de las Naciones Unidas menciona a África en primer lugar y pone la lupa sobre Sudamérica por el gran repunte del hambre. Por esto alerta que el mundo se encuentra en una coyuntura crítica y hace un llamado desesperado a actuar ahora para poder invertir la situación recién para 2030.

Esta gravísima situación la confirma la organización Oxfam (Comité de Oxford de Ayuda Contra el Hambre) que también tiene sede en Argentina, con el aporte de más datos que muestran el nefasto camino por el que transitamos.

En este caso plantea el aumento de la desigualdad y el hambre por la pandemia. Precisa que hay 20 millones más de personas en 55 países que padecen extremos de inseguridad alimentaria. Esto de acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud es “quedarse sin alimentos; sentir hambre; en el caso más extremo, tener que pasar un día o más tiempo sin comer”.

En cuanto a otro fenómeno consolidado aprovechando la crisis sanitaria Oxfam estimó en 413.000 millones de dólares la riqueza incrementada desde el año pasado por las 10 personas más ricas del planeta, entre ellas una mujer. Así proyectó que 745 millones de humanos en el mundo vivirán en condiciones de “extrema pobreza” al finalizar este año.

Pero también la BBC sumó un aporte referido a cómo el coronavirus terminó beneficiando a los multimillonarios de América Latina. Aseguró en un informe que de 76 aumentaron a 107 (un 41 por ciento) en nuestra región. La BBC precisó que la fortuna acumulada por el selecto club escaló de 284.000 a 480.000 millones de dólares.

Está claro con este diagnóstico que la sociedad y sus actores con responsabilidad de gobierno deben cambiar drásticamente el rumbo al que nos arrastra la pandemia y la extrema acumulación de la riqueza.

No se trata de demonizar a los números que nos alertan que la sociedad transita hacia un abismo del que será muy difícil sobrevivir, sino en todo caso exorcizar las causas que los originan y que siguen destruyendo los sueños de millones de familias.

El abuso aberrante de la posición dominante aprovechó el coronavirus para una concentración explosiva de la riqueza y como en una industria fabricó pobres como un nuevo producto de moda.

Las recientes palabras de Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, sobre la crisis sanitaria confirman para qué lado va el mundo y obvio, nuestro país y la provincia.

Adhanom dejó de lado toda explicación científica para mostrar lo que realmente hay detrás de la falta de acceso a las vacunas para frenar la pandemia. Dijo: “Algunos países están pidiendo millones de dosis de refuerzo antes de que otros hayan tenido suministros para vacunar a sus trabajadores de la Salud y a los más vulnerables. Lamento decirlo pero la solidaridad no está funcionando. Sí hay una palabra que puede explicarlo, cualquiera puede ver que es codicia”.

El fin de la pandemia no cambiará la deshumanizada neo realidad impuesta más allá del Covid con todas sus variantes, si no reaccionamos.

La disyuntiva hoy es entre la inversión para la producción y el trabajo y la apuesta especulativa de quienes concentran la riqueza para multiplicar su dinero. Ahora, quienes fueron electos por las grandes mayorías para gobernar o se ocupan de resolver este grave problema o no habrá obra pública que pueda cerrar semejante brecha.

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