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Este domingo se conmemora

Día Mundial de la Población en medio de la crisis pandémica 

La Covid causó al menos cuatro millones de muertos, aumentó la violencia de género y la migración, con pérdidas de empleos y regiones donde el acceso a las vacunas es una realidad inalcanzable, según informes de las Naciones Unidas.

   La fecha conmemora el día de 1987 en el que el número de habitantes del planeta llegó a los 5.000 millones, y se recuerda en momentos en que unos 12 millones de mujeres sufrieron interrupciones en los servicios de planificación familiar, según investigaciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas, realizadas en marzo de 2021.

   La ONU señala que la pandemia ha dado lugar a una merma en la efectividad de los sistemas de atención sanitaria, de manera particular en la esfera de la salud sexual y reproductiva. Menciona, además, que “si bien las personas que tienen acceso a servicios de salud sexual y reproductiva históricamente retrasan la procreación en tiempos de incertidumbre o crisis económica, se prevé que las interrupciones en el suministro de anticonceptivos, combinada con los bloqueos, provoque un notable aumento de los embarazos no planificados entre las personas más vulnerables”.

   Sostiene también que la pandemia “expuso y exacerbó las desigualdades basadas en el género: la violencia de género aumentó durante los bloqueos, al igual que el riesgo de matrimonio infantil y de mutilación genital femenina, ya que se interrumpieron los programas para abolir las prácticas nocivas. La tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo también se redujo de manera significativa”, según la ONU. 

    Al respecto, afirma: “Se eliminaron los empleos, a menudo de bajos salarios, o bien aumentaron las responsabilidades de cuidar de los niños que aprenden a distancia o de las personas mayores que viven en casa; lo cual desestabilizó su situación económica de manera inmediata, pero también a largo plazo”.

   La ONU indica que, ante esta situación, “Muchos países han expresado una creciente preocupación por los cambios en las tasas de fecundidad. Históricamente, el alarmismo sobre las tasas de fecundidad ha dado lugar a derogaciones en materia de derechos humanos. En lugares con poblaciones en aumento, las dañinas respuestas políticas han incluido la coercitiva planificación familiar y esterilización. En otros casos, el acceso a la anticoncepción podría restringirse”, señala.

   El Fondo de Población de la ONU aconseja que “no se ofrezcan respuestas políticas reaccionarias, que podrían ser extremadamente perjudiciales si violan los derechos, la salud y las opciones. En cambio, el organismo pide que se dé prioridad a la salud reproductiva y a los derechos de todas y todos mediante el acceso a información y a los servicios de cara a los cambios demográficos y de fecundidad”, enfatiza. 

   El informe de la ONU dice que tuvieron que transcurrir cientos de miles de años para que la población mundial creciera hasta alcanzar los 1.000 millones de habitantes, y que solo en unos 200 años más se multiplicó por siete. “En 2011, la población mundial alcanzó la cuota de los 7.000 millones de personas y se prevé que aumente hasta los 8.500 millones para 2030, 9.700 millones en 2050 y 11.200 millones en 2100”, agrega. El informe asegura que “Este espectacular crecimiento se ha visto impulsado por el creciente número de personas que llegan a la edad reproductiva, y ha venido acompañado de cambios importantes en las tasas de fecundidad, el aumento de la urbanización y la aceleración de la migración”.

   Agrega que estas tendencias “Tendrán consecuencias de largo alcance para las futuras generaciones. En el pasado reciente se han registrado cambios notables en las tasas de fecundidad y en la esperanza de vida. A comienzos de la década de 1970, las mujeres tenían una media de 4,5 hijos cada una; en 2015, la fecundidad total mundial había caído hasta unos 2,5 hijos por mujer”.

   Asimismo, señala que “La vida media de una persona ha aumentado de 64,6 años a comienzos de la década de 1990 hasta 72,6 años en 2019”.Paralelamente a esta situación, durante 2020, el hambre en el mundo se agravó debido a una combinación de factores, especialmente por la pandemia de coronavirus.

   Se estima que “Hubo seis veces más personas en condiciones cercanas a la inanición” respecto de 2019, de acuerdo con un informe de la ONG Oxfam, con sede en el Reino Unido. Actualmente, hay más de medio millón de personas en el mundo en esta situación, señaló el organismo no gubernamental.

La pandemia será una bisagra para los estudios demográficos 

   Por obligación, responsabilidad o temor, se registran muchos cambios conductuales en la población global, lo que sumado a las casi cuatro millones de muertes provocadas por el virus constituye un nuevo “alerta demográfico”, un punto de inflexión que desafía a los especialistas.

   A lo largo de la historia se produjeron hechos que marcaron fuertes cambios en los procesos demográficos de todo el mundo, pero la pandemia afectó a “Una sociedad con una dinámica completamente globalizada, es la primera vez que un fenómeno de esta naturaleza puede afectar tanto a la población”, dijo Jorge Paz, presidente de la Asociación de Estudios de Población de la Argentina (AEPA).

   El avance en materia de salud y tecnología que permitió el control de enfermedades infecciosas y parasitarias, junto a procesos como “La Revolución Industrial, el progreso económico y una reacción tardía en el control de la natalidad por parte de la población, provocó una alerta demográfica que fue durante décadas una fuerte preocupación” de especialistas de todo el mundo, explicó Paz.

   “La explosión demográfica fue notable en los países de menor ingreso per cápita, como los de Asia, África y América Latina, donde ha habido un crecimiento muy fuerte de la población y una drástica caída de la mortalidad -por el avance de la medicina- lo que generó, entre las décadas del 50 y 70, preocupación en el campo demográfico ante un crecimiento incontrolable”, relató el especialista. 

   En tanto, desde los años 80 “Se empezó a hablar de una segunda transición demográfica, que se dio como consecuencia de los cambios en las formas de vivir, la concepción y planificación familiar”, detalló Paz. La primera transición tiene un “enfoque altruista, es decir, las personas tenían muchos hijos, se casaban temprano, no se divorciaban”, mientras que la segunda “puede considerarse más egoísta: se piensa más en uno mismo, en realizarse profesionalmente, alcanzar cierto bienestar económico, antes de planificar una familia”.

   Paz, también especialista del Conicet, consideró a la pandemia por coronavirus como “un nuevo fenómeno, una nueva alerta demográfica que está provocando un marcado cambio en la estructura de la población, lo que representa un gran desafío para quienes estudiamos el tema”. Uno de los principales cambios estructurales en la población está relacionado con el “fuerte” incremento en la tasa de mortalidad que provocó la pandemia, “principalmente, en un sector muy específico de la población, el de adultos mayores, que estaba prolongando su esperanza de vida por sobre los niveles bajos que tuvo en el siglo pasado”, apuntó Paz. 

   Asimismo, las restricciones en la circulación que establecieron los distintos Estados para mitigar el contagio del coronavirus obligaron a muchas personas a trabajar desde sus casas y a las distintas empresas a adecuarse a esa modalidad de trabajo, que si bien se contaba con las herramientas y, en algunas disciplinas, era viable, hasta el momento no se había establecido.

   El confinamiento en los hogares “estableció cambios de conducta que han acelerado fenómenos muy positivos o muy negativos”, aseguró el especialista y explicó que hay personas que decidieron vivir en una misma casa, en otro casos se desencadenaron rupturas o hechos de violencia intrafamiliar.

   Además de la mirada global “en las poblaciones más locales entra en juego el factor de la migración interna” apuntó Paz y explicó que el cambio en la dinámica cotidiana de muchas personas las puede llevar a “replantearse el hecho de vivir en un lugar populoso con gran interacción física, o si es mejor un lugar algo alejado”.

   Este desplazamiento de personas de centros urbanos a lugares más pequeños o alejados pueden darse por muchos factores como un cambio en la calidad de vida o en la modalidad de trabajo que antes obligada un traslado diario, o el hecho de que en las ciudades con más habitantes hay más posibilidades de contagio, sin embargo “aún no hay evidencias de que estas migraciones hayan ocurrido de manera relevante, porque todavía no tenemos datos certeros”.

   Paz consideró que “sin dudas” la pandemia es “un fenómeno bisagra” y sentenció: “No vamos a poder pensar la demografía, ni la población de la misma manera que antes del 2020”. En tal sentido, el especialista remarcó que “demográficamente (la pandemia) presenta grandes desafíos hacia futuro, como la incorporación de lo que se conoce como Big Data para mirar desde otro punto de vista, con otros aportes y no esperar a los censos o estudios tradicionales de población.”

   “La forma de recolectar esos datos y de procesarlos están siendo sometidos a evaluación en pandemia”, señaló Paz y consideró que en la Argentina el “sistema de estadísticas vitales no pudo acompañar la celeridad y dinámica impuestas por la pandemia”.

   El 11 de julio de 1990 se celebró por primera vez el Día Mundial de la Población la Asamblea en más de 90 países, establecido por la ONU con el objetivo de aumentar la conciencia sobre las cuestiones de población, incluidas sus relaciones con el medio ambiente y el desarrollo.  (Victoria Peralta para Télam)

Mujeres y pandemia

   A pesar de que en numerosos países existen garantías constitucionales en materia de igualdad de género, en el plano mundial las mujeres tienen, en promedio, solo 75% de los derechos jurídicos de los hombres (Secretario General de las Naciones Unidas, 2020).

   Las encuestas cuantitativas indican que entre el 4% y el 29% de las mujeres que utilizan métodos anticonceptivos lo hacen sin que sus maridos o parejas lo sepan.

   Solo el 55% de las mujeres tienen el poder de tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo. Esto debería ser una llamada de atención para los gobiernos, los encargados de formular políticas y las instituciones de desarrollo.

   Se estima que el 58% de las mujeres víctimas de asesinatos murieron a manos de su pareja o de un miembro de su propia familia, lo que representa 137 mujeres al día (OMS, 2013). Esta situación se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19, y la violencia contra las mujeres se considera “la pandemia en la sombra”.

   Todas las personas tienen el derecho inherente de elegir lo que hacen con su cuerpo, de protegerlo y cuidarlo, y de expresarse a través de él como les plazca. La calidad de vida depende de ello, la vida depende de ello. Tener derecho a la autonomía corporal es poder decidir si quieren tener relaciones sexuales, cuándo y con quién. Significa que las mujeres puedan decidir si quieren quedarse embarazadas y cuándo. Significa la libertad de acudir a un médico cuando sea necesario.

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