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Ella era chaqueña, trabajaba y vivía en Santa Cruz

Familiares buscan que se esclarezca cómo murió la joven Ivana Acosta

El caso se presentó inicialmente como un suicidio pero amigos y familiares sostienen que fue un femicidio. El principal sospechoso es su expareja.   

La Justicia de Santa Cruz investiga si el deceso de Ivana Acosta fue un femicidio y no un suicidio como se trascendió en principio. El 1 de junio el cuerpo de la mujer de 36 años fue hallado sin vida, con un disparo de arma de fuego. Ese día había quedado en reunirse con su expareja para contarle que estaba embarazada. 

Ivana es chaqueña, madre de un joven de 21 años y de una niña de diez. En 2009 se mudó a la ciudad de Río Gallegos ante un promisorio panorama de trabajo. Su padre, Alfredo Acosta contactó a NORTE para describir cómo era Ivana y para pedir que el caso tenga visibilidad nacional.  

Ivana Acosta.

Hace 10 años la joven viajó al sur siguiendo a un hermano que había ingresado en el Ejército.  “Ella era muy emprendedora; empezó vendiendo comida. Le fue bien y compró su primer auto; después trabajó en un club de natación”, cuenta. 

Hace cuatro años lo llamó por teléfono para analizar qué hacer ante una convocatoria en la Policía Federal: “Me dijo ‘viejo, hay una posibilidad de entrar’, y le contesté: sos sana e inteligente, metele pata”. 

Hoy recuerda lo contenta que una vez recibida la veía con su nuevo puesto, haciendo adicionales y ahorrando para construir una casa. En esa certeza se apoya para afirmar que no fue un suicidio. “Mi hija no denotaba estrés ni depresión; para nada. Era una chica que tenía proyectos a futuro. Hace un año que venía comprando materiales de construcción por casi un millón de pesos”, describe.

Al inicio de la investigación una primera versión establecía que la pareja discutió y que ella fue a la habitación y se disparó.  

Sin embargo amigos y familiares hablan de un maltrato constante que Ivana recibía de la expareja, también chaqueño y policía federal. “Nos llamó un amigo de mi hija para decirnos que ella le tenía miedo a Ariel González”, señala Alfredo con la voz quebrada.

Además lamenta que del caso en Gallegos casi no se hable. Recién esta semana un periodista se interesó en llamarlo por una entrevista. 

Alfredo cuestiona varios puntos: que les avisaran del deceso 24 horas después, que el mismo día que con su esposa llegaron a la ciudad (el 4 de junio) el jefe interino de la delegación de la Federal sugiriera con insistencia que la cremaran. Ese mismo jerárquico les compartió una opinión: que para él, Ivana había preparado el escenario para ese desenlace. Y para mayor pesar de sus afectos, otra fuente local les confió que esa misma persona ya había deslizado una frase desafortunada: dijo que si “había hecho la macana (de haberla dejado embarazada), que se arregle”.  

El papá de la joven hoy sigue de cerca cada pista. En una primera autopsia se obtuvo un resultado negativo para el embarazo y en una segunda recién se pudo confirmar que transitaba los dos meses de gestación. 

Antes de la pandemia la familia planeaba reunirse.

Iba a decirle que estaba embarazada  

El 1 de junio Ivana intentó llamar a su mamá pero el teléfono daba ocupado. “Cerca de las 18, 18.15 mi señora hablaba con otro familiar”, comenta Alfredo. Entonces llamó a una tía, con la que tiene una relación especial, y esa familiar compartió que Ivana le contó en confidencia que estaba embarazaba y que esa noche había invitado a cenar a Ariel (expareja) para darle la noticia. También le había dicho que tenía miedo de la reacción, y que cortó la conversación porque ya estaba llegando su invitado. Esa fue la última persona amiga con la que habló. 

“Lo conocimos y parecía tranquilo, trabajador, era de Chaco pero con más tiempo en el sur. En enero mi hija contó que él cambió rotundamente”, describe Alfredo. Su exyerno pese a estar separado nunca cortó definitivamente la relación anterior. “Ivana me decía que andaban mal, que mientras ella estaba trabajando, él se había ido de vacaciones con la ex”. 

Hace una semana, cuando la familia Acosta partió de Río Gallegos hacia Resistencia, el policía no estaba en la ciudad. “Algo escondido hay, si uno no tiene culpa de nada ¿por qué se va?”, plantea. 

Como gendarme retirado sabe que en instituciones de seguridad existen protocolos en los procedimientos; que si hay dos agentes de la Federal involucrados -como pasó- debe acudir otra fuerza al lugar. Se debió llamar a la policía provincial y llevar el cuerpo a un hospital, pero acá llegó antes la Federal. “Le pregunté al fiscal cómo resultaría todo si hubiera sido al revés. A mi hija la iban a dar de baja y estaría presa. Soy defensor de la fuerza, pero creo que hay elementos buenos y malos. Queremos que todo se aclare y aparezca el culpable”, sintetizó. 

Acosta agradece el acompañamiento que recibieron de la Secretaría de Derechos Humanos del Chaco (nombra a Delia Pérez y equipo) y también del Ministerio de las Mujeres, “hay una coordinadora que desde Santa Cruz nos llama todo el tiempo”, detalla.

Todos tenían planeado regresar este fin de semana al sur pero por problemas mecánicos en el auto pospusieron el viaje por 20 días. Antes de la pandemia también se había planificado un viaje donde se reuniría la familia, pero finalmente no se pudo dar.