El chaqueño que transporta pacientes con Covid en Ciudad de Buenos Aires
Es uno de los 190 taxistas que en plena pandemia desempeña un rol solidario, trasladando pacientes contagiados o sospechosos, personal de Salud e insumos.

Cuando desde niño en su Chaco natal Juan Lagraña jugaba en los campos con vacas y caballos, jamás imaginó que los caminos de la vida lo llevarían a conocer y vivir en la Ciudad de Buenos Aires. Y mucho menos que iba a ser uno de los 190 taxistas que en plena pandemia desempeña un rol solidario, trasladando pacientes contagiados o sospechosos de Covid-19, personal de Salud e insumos.
Su historia tiene innumerables capítulos, y es una muestra más de superación y templanza para superar la adversidad. Hoy tiene 43 años, está separado y tiene una hija de 11 años, Sofía, quien se siente “orgullosa” del trabajo que realiza.
Juan nació en Machagai, ciudad que tiene alrededor de 30.000 habitantes y está ubicada a poco más de 40 kilómetros de Presidencia Roque Sáenz Peña; a casi 130 de la capital provincial, Resistencia; y a 870 de Buenos Aires.

Sus padres lo dejaron a los cuatro años al cuidado de un familiar en el campo, pero en realidad quien lo crió fue Justina Barrios, a quien le estará eternamente agradecido: lo cobijó y lo cuidó como un hijo propio, lo alimentó y lo mandó a la escuela, donde se encariñó mucho de su maestra de 7° grado, Roxana Colaneri.
Años después, tras el fallecimiento de su mamá del corazón, fue justamente Roxana (directora de la Escuela 468) junto a su pareja, Alfredo Segura, cuidaron de él. Juan ni siquiera tenía el DNI, ya que su familia lo perdió en la tremenda inundación en 1983. Su maestra fue entonces quien hizo todos los trámites para que recupere su identidad y vuelva a tener los papeles en orden, y quien continuó con su crianza.
Su vida transcurría en el campo, donde las tareas pasaban por el cuidado de caballos y vacas. Arreaba el ganado, aprendió a curar animales y “amansaba” los caballos: es el trabajo previo que se realiza antes de montarlos, tratándolos suavemente, hablándoles, poniéndole sogas, dándole agua, generando confianza para que no lastimen ni lastimarlos. Sin embargo, una fuerte caída le produjo una complicada lesión en la columna y allí apareció Buenos Aires por primera vez en su vida, cuando ni siquiera había conocido Resistencia.
Tras múltiples consultas por una nieta de Justina que vivía en CABA, Juan se fue de Machagai hace 22 años y hace 14 que está instalado en la Ciudad de Buenos Aires, donde se operó exitosamente en un hospital porteño hace muchos años. Su antigua lesión no le dejó secuelas y su vida fue transcurriendo normalmente: “Me hice responsable de la intervención porque muchos me decían que podía quedar inválido, pero soy de ir para adelante y no dramatizar, es mi filosofía de vida. Por suerte, todo salió bien”.
Arriba del auto hace 14 años, y ahora con un desafío
Tras dedicarse más de diez años a la gastronomía, la vida laboral de Juan Lagraña encuentra manejando un taxi desde hace catorce años. Y desde marzo de 2020 cumple un rol solidario en el marco de la pandemia trasladando pacientes relacionados con la Covid-19. Es uno de los 190 taxistas que se encuentran desarrollando esta tarea y que ya realizaron más de 115.000 viajes.
Juan trabaja de 14 a 2 de la mañana (12 horas) y realiza su recorrido desde su hogar en Villa Urquiza hasta los hospitales Vélez Sarsfield, Santojanni, Zubizarreta, Piñero y Álvarez. El destino son los hoteles que dispuso CABA para aislar a los pacientes.
“Está muy bastardeado el empleado público, por eso al principio me hacía ruido hacer esta tarea. Hoy estoy orgulloso de ser un servidor público y de pertenecer a este operativo, le doy mucho valor, me reconforta”, destacó con mucho orgullo.
“Cumplimos una tarea importante para la sociedad. No todo el mundo quería hacer este trabajo al comienzo por miedo a contagiarse. Yo estoy compenetrado con la situación actual y estoy feliz de poder colaborar. Está muy bueno que exista este servicio”, afirmó.
PROTOCOLOS PARA EJERCER LA TAREA
Al sumarse al operativo las y los conductores de taxi, que debían ser menores de 50 años y no contar con enfermedades preexistentes, recibieron una capacitación sobre los protocolos para estos traslados y el funcionamiento general del operativo.
Para la seguridad de los conductores, sus vehículos fueron adaptados en una tapicería, donde se realizó el “aislamiento”, separando la parte de atrás de la de adelante.
“Miedo nunca tuve, sé del riesgo”
Juan asegura: “Miedo no tuve nunca, sabía que hay un riesgo, pero consulté apenas comenzó la pandemia a una infectóloga de la Fundación Huésped que conocía y me dijo que tenga todos los cuidados y que con eso era suficiente”, recordó.
Realiza varios viajes por día y se cruza permanentemente con historias de vida que lo conmueven. “Me impactó mucho al principio que la gente iba llorando en el taxi. Algunas no te hablaban y otras te contaban toda su historia con mucha angustia, porque no se sabía tanto de la pandemia. Tenían dudas porque no sabían cómo funcionaban los hoteles a los que los llevábamos, después supieron que todo funcionaba correctamente”, rememoró.










