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Hugo Rohrmann analiza los múltiples impactos de la bajante histórica del Paraná 

“Hay que adoptar todas las medidas posibles para que las tomas se ubiquen en lugares seguros”

El académico advirtió el “panorama crítico” e instó a las autoridades a hacer todos los esfuerzos necesarios para administrar el recurso hídrico. Aún con los niveles actuales, el río sigue generando un volumen de unos 8000 metros cúbicos por segundo.  

"Este tipo de situaciones extremas nos ponen en crisis y hay que mirar lo prioritario para que el impacto sea menor”, trazó el ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann, al analizar la bajante del río Paraná. Así, resaltó que el volumen de agua es todavía muy superior al que demanda el principal conglomerado urbano del Chaco para el consumo diario. Como dato, recordó que el 7 de octubre de 1944, el río en Corrientes marcó el registro más bajo en 120 años de mediciones: 82 cm por debajo del 0. 

EPÍGRAFES FOTOS:  Antequeras. Un pequeño muelle, habitualmente tapado por el agua, expone la gravedad de la bajante permitiendo ver la estructura en su totalidad.  

Según el Instituto Nacional del Agua (INA), habrá “un agravamiento de la bajante en el río Paraná” en el muy corto plazo. Así, con la tendencia prevista, todo el tramo del río en territorio argentino alcanzaría niveles de similar orden a los registrados en el año más bajo de la historia registrada: 1944. 

En ese escenario, el organismo adelantó que “no se espera una mejora sensible en los próximos meses”. Y alertó: “El mes de julio será especialmente crítico, con afectación a todos los usos del recurso hídrico, especialmente la captación de agua fluvial para consumo urbano”. 

El ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann entrevistado por NORTE Play, reflejó la situación crítica de la bajante y los múltiples impactos que genera. 

Para analizar las múltiples consecuencias que tiene esta bajante histórica, el ingeniero Rohrmann fue entrevistado por NORTE Play. Además de las restricciones a la navegación, sobre todo en el riacho Barranqueras y también para los grandes buques en la zona del Gran Rosario, marcó con preocupación el daño a la fauna íctica, ya que “los peces necesitan salir del cauce, alimentarse y reproducirse en el valle de inundación”; los problemas para la generación hidroeléctrica y para la provisión de agua para consumo humano. 

“Hoy la preocupación va en aumento y las miradas están puestas en la nueva temporada de lluvias”, planteó, sin minimizar que, por estos días, genera máxima preocupación el abastecimiento con agua potable al más de medio millón de personas que viven en el Gran Resistencia, además de la provisión del servicio a todo el interior provincial que se alimenta desde el Paraná.  

Peor que en 2020

El especialista resaltó que “el nivel del Paraná hoy está más bajo que el año pasado. Y el río Paraguay se mantiene en aguas bajas, pero con un nivel superior al de 2020. Pero es un río lento, que recién adquirirá condiciones más críticas hacia octubre o noviembre. Entonces, el panorama es claramente crítico y la preocupación también”. 

Aun con esta bajante excepcional, Rohrmann explicó que el Paraná sigue generando en esta región 8000 metros cúbicos por segundo. “Necesitamos para alimentar a todos chaqueños 5 metros cúbicos/segundo e igual cantidad para los correntinos. Es decir, un total de 10 metros cúbicos/segundo”, precisó. “Agua hay un montón, pero no se puede aceptar que no se tomen todas las medidas posibles y que no se vuelquen todos los esfuerzos para lograr que las tomas de agua se ubiquen en un lugar seguro para alimentar a todos los chaqueños con agua, como acá en Resistencia que abrimos la canilla y sale agua, aunque en el interior no ocurre lo mismo”, subrayó.

En esa línea, resaltó la importancia de tomar decisiones en base a los datos estadísticos y a los pronósticos, tratando de adelantarse al panorama más crítico que puede sobrevenir. “Si quiero asegurar en Barranqueras que cuando el río tenga 0 metro, todavía puedo captar agua, tengo que poner la bomba más lejos y más abajo, y es algo que sale más caro. Se puede aceptar que el año pasado nos tomó de sorpresa, pero debemos tener un protocolo y un Plan B”, marcó. 

Como ejemplo de administración del recurso hídrico en épocas críticas, Rohrmann puso citó lo ocurrido en la ciudad de Puerto Iguazú, Misiones, con una población gravemente afectada por la falta de agua potable, ya que “las tomas quedaron en el aire”. “Pusieron un pontón y bomba móvil, y están tomando el 20%. Como hay mucho desnivel, no llegan a la parte más alta. Entonces están distribuyendo agua en camiones. En Puerto Iguazú, el lugar donde más llueve en Argentina”, enfatizó. 

Calidad 

En otro punto de la entrevista, hizo foco en la calidad del agua, dentro de un análisis donde marcó la falta de “acuerdos” entre los países y aún entre las provincias atravesadas por el Paraná. “Cuanta menos agua pasa por cualquier sistema hídrico, la calidad disminuye”, planteó, indicando que “la población necesita esa información que está en poder de las empresas que administran el servicio de agua potable en Chaco y en Corrientes”. 

“Hay que ponerse a trabajar entre la sociedad civil y todos los gobiernos con el mismo objetivo: lograr que, ante situaciones extremas de la naturaleza, podamos enfrentarlas de la mejor manera”, concluyó. 

 

“Si quiero asegurar en Barranqueras que cuando el río tenga 0 metro, todavía puedo captar agua, tengo que poner la bomba más lejos y más abajo, y es algo que sale más caro. Se puede aceptar que el año pasado nos tomó de sorpresa, pero debemos tener un protocolo y un Plan B”. 

 

Una bajante excepcional

“Es una bajante totalmente excepcional”, definió el ingeniero Rohrmann. Recordó que ya en 2020 el río tuvo “una bajante histórica en más de 50 años” de registros. “Ahora estamos viendo valores inferiores a los del año pasado, con una gran preocupación de que no se sabe cuándo termina esta bajante”, alertó el docente de la Facultad de Ingeniería de la UNNE, en la cátedra de Hidrología, y ex presidente y director en la APA.

En ese orden, mencionó que los pronósticos indican que la situación actual continuará por los próximos tres o cuatro meses. “Los impactos que tuvimos el año pasado se agudizarán”, marcó. De ahí la preocupación en las provincias que hacen uso del curso de agua, y aún de los países atravesados por el río, ante la incertidumbre de no conocer con exactitud cuándo terminará esta bajante. 

“El motivo de la bajante es muy claro: no llueve o llueve muy poco en Brasil, en la parte más alta de la cuenca del Paraná. Allí, por segundo año consecutivo, están en una gran sequía, con valores extremos que hacen que el río genere el poco caudal que vemos”, explicó, mencionando que “todos los estados del sur de Brasil están en emergencia agropecuaria y racionando el agua potable”. Ahí, además, está surgiendo otro problema: la baja en la generación de hidroelectricidad. “Hoy, las represas están en la mitad del almacenamiento y ya saben que de acá a dos meses tendrán problemas para generar energía”, señaló. 

Proyectando lo que puede ocurrir en los próximos meses, Rohrmann marcó que, en la alta cuenca brasileña, con precipitaciones que comienzan entre agosto y septiembre (antes que en el NEA) “debería llover por encima de lo normal, porque con suelos secos, a las primeras lluvias las acumulará el suelo”.

“En la cuenca más lejana no llovió en el último mes y por eso sabemos que, hasta el 20 de julio no hay perspectivas de aumento del nivel y es posible que siga bajando”, trazó. Además, mencionó que la perspectiva trimestral de los servicios meteorológicos de Argentina y Brasil anuncia lluvias inferiores a las normales dentro del invierno. 

Cuando el nivel marcó 82 centímetros por debajo de cero

Rohrmann recordó que, tanto de Barranqueras como de Corrientes, hay registros de altura del nivel del río Paraná desde 1904. “Revisando esa estadística de casi 120 años, aparecen bajantes más pronunciadas a la actual. En 1944, en Corrientes el río marcó 82 centímetros por debajo del cero. Es decir, 1,20 metros más bajo que ahora. A lo largo de la historia, estos procesos de sequía con bajos caudales ya se dieron en 1944-45 y, el último que se recuerda, fue en 1968, 1969 y 1970, donde el río marcó 0 metro. Fueron tres años seguidos de sequía y de bajante”, repasó. 

En ese escenario, consideró que “lo llamativo es que (la bajante) se dé ahora en 2020-21 con niveles del río bastante más elevados que en la historia antigua, por la presencia de represas”. Así, indicó que hay más de 60 represas en Brasil y Argentina y, cuando no llueve, tienen almacenamiento y siguen erogando caudal para generar energía. “Entonces, el río no puede bajar tanto como lo hacía antes. El tema es que el año pasado, las represas ya descendieron su nivel de almacenamiento. Estaban en un 70% y hoy están en un 35% y ya no tienen plus para seguir generando mucho más caudal. Por eso habrá un impacto también en hidroelectricidad”, trazó. 

La obra todavía no está terminada  

El segundo acueducto y su captación de agua en inmejorable ubicación 

La toma de agua del segundo acueducto, en cercanías al Puente Belgrano. (Foto de archivo)

Luego de indicar que resulta “sumamente llamativo este funcionamiento del Paraná y del Paraguay, con estas bajantes”, Hugo Rohrmann recordó que, en 2020, las ciudades de Santa Fe, Paraná, Corrientes y Formosa “tuvieron que hacer malabares”, colocando bombas móviles para auxiliarse, porque no tenían la capacidad para tomar toda el agua que las poblaciones urbanas demandaban. Mencionó en ese orden que también en Barranqueras se colocaron bombas a mayor profundidad para garantizar que no se corte la provisión de agua potable. 

“Hace 10 años estamos tratando de construir el segundo acueducto del interior y Sameep, con buen criterio, construyó una nueva toma al lado del puente General Belgrano, donde hay agua en forma permanente y en mejor calidad” que en el riacho Barranqueras, expuso. Aunque claro, la obra y el servicio que prestará todavía no están disponibles.  

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