La corta historia del V5 de Volkswagen
Se dice que Volkswagen tiene pasión por innovar con el diseño de los motores y desde hace décadas gusta de sorprender con apuestas tan arriesgadas como los motores en W. Pero en su historia hay motores tan peculiares o más que el propulsor W12 que todavía se mantiene, el descomunal W16 del Bugatti Chiron o el VR6 venerado por tantos.
Hubo una época que Volkswagen quiso reinventar los 5 cilindros, no de forma convencional como podría ser el del Audi, sino creando un exótico motor de 2300cc V5 que muy pocos conocen y que todavía menos han visto.

En 1997, y a pesar de tener el 5 en línea de Audi a su disposición, VW decidió partir de cero y crear un motor V5, sí, 5 cilindros en configuración en V estrecha con 15º entre bancadas pero con una única tapa de cilindros y así se creó un bloque ultracompacto donde 5 cilindros trabajaban en un espacio similar al que necesitaba un convencional 4 en línea.



La primera generación de este motor 2.3 V5 llegaría al mercado en especificación de 150 CV con tapa de 10 válvulas y el objetivo de ser un escalón intermedio en materia de prestaciones para mover al Golf IV GTI, dejando a los VR6 un peldaño por encima siendo comercializados en variantes de 2,8 litros y 204 CV primero, y 3,2 litros y 240 CV después para la versión más potente y deportiva que fue el Golf R32.
Este motor quiso ofrecer algo realmente nuevo como mecánica, y pese a lo exótico de su diseño, su funcionamiento era suave y progresivo, sin embargo se caracterizaba por una entrega de potencia lineal que -se bromeaba- era ideal para taxistas pero no para el público que compraba el deportivo Golf GTI.

VW peleó siempre con el consumo del V5 haciéndole muchas mejoras y subiendo su potencia pero en muy poco tiempo fue desapareciendo de las gamas en favor del 1.8 Turbo más explosivo y con un menor consumo, en el recuerdo sólo quedarían los pocos modelos que instalaron aquel exótico V5 y el sonido de este motor que se convirtió en una de sus mejores señas de identidad.










