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José Valentin Derewicki

Columnista

Bosques nativos

La deforestación golpea al país y al Gran Chaco creando pobreza

Las consecuencias negativas de la deforestación golpean a nuestra población y también a otros países debido al impacto sobre los ecosistemas que están siendo afectados a un inusitado nivel y, por lo tanto, se hace necesaria una reacción por regiones y por provincias para frenar, primero, e instrumentar después, estrategias para revertir un problema que casi siempre se lo quiere esconder bajo la alfombra.

No se trata de una moda ni de expresar la remanida frase de “estamos trabajando” sino poner manos a la obra, más allá de los discursos, para conservar nuestros ecosistemas ya deteriorados y, consecuentemente, los beneficios que brinda el bosque, desde trabajo hasta una mejor calidad de vida. 

En la Argentina, 87 % de la pérdida de los bosques corresponde a la región del parque chaqueño, principalmente Santiago del Estero (28 %), Salta (21 %), Chaco (14 %) y Formosa (13 %).

DÓNDE ESTAMOS PARADOS

A partir de que la población fue creciendo el bosque fue disminuyendo, en especial por la necesidad de incrementar la agricultura para brindar alimentos a la población, además de suplir otras necesidades a través del uso de la madera como la construcción, leña, carbón, etcétera y, por supuesto, brindar trabajo.

El método es limpiar el terreno y antes se lo hacía manualmente pero la tecnología avanzó y hoy ese método es mucho más rápido que el crecimiento de las especies generando graves problemas locales y también al planeta, ya que el calentamiento global afecta no solo a los humanos sino también a la agricultura y los animales.

Esto quiere decir que no se aplican técnicas de manejo o reforestación para asegurar su renovación o regeneración, sino que simplemente se extraen los mejores ejemplares hasta su agotamiento. Una de las razones para este comportamiento es la escasa rentabilidad y consecuente informalidad del sector forestal.

Esto es señalado desde el gobierno, entidades e incluso productores pero, lamentablemente, a través de los años vemos que solo queda en eso: estadísticas importantes pero que no se pasa a la acción para revertir algo que nos lleva hacia mayores problemas y desgracias para la población.

Es decir, las consecuencias de la deforestación incontrolada que está sufriendo la Argentina y también el planeta son muchas, pero la deforestación de los bosques se traduce en el aumento de inundaciones, en la desertificación del suelo y en un aceleramiento del cambio climático.

LOS NÚMEROS CANTAN

A partir de 1980 comenzó en nuestro país un período de deforestación donde Greenpeace y el gobierno nacional estiman que entre 1998 y 2018 se perdieron en total 6,5 millones de hectáreas de bosques nativos, de los cuales, 2,8 millones ocurrieron entre 2008 y 2018. Para ilustrar el desarrollo de la deforestación, valen otros datos.

El porcentaje anual de pérdida respecto del total remanente (tasa) en el país disminuyó desde 0,94 % en 2007 a 0,34 % en 2015. Sin embargo, desde 2016 se incrementó hasta 0,42 en 2018 (unas 180 mil hectáreas).

EL PARQUE CHAQUEÑO

El Parque Chaqueño supera las fronteras de nuestro país y se constituye en una de las reservas más importantes para la humanidad. Sin embargo, el hombre está haciendo un daño terrible a sí mismo y su entorno debido a múltiples causas como el inadecuado manejo, la deforestación y otros aspectos que se agravan día a día.

En la Argentina, el 87 % de la pérdida de dichos bosques corresponde a la región del parque chaqueño, principalmente Santiago del Estero (28 %), Salta (21 %), Chaco (14 %) y Formosa (13 %). El área constituye el segundo foco de deforestación de Sudamérica después del Amazonas.

La pérdida de bosques nativos entre 1998 y 2018 fue de alrededor de 6,5 millones de hectáreas, ocurriendo el 43 % de la misma (aproximadamente 2,8 millones de hectáreas) dentro del período de vigencia de la Ley N° 26.331 (2008 a 2018). Según la estadística oficial, en el año 2020 se registraron 12.648 hectáreas de desmonte, lo que representa un 75% menos. A su vez, esta cifra representó un 20% menos a la sucedida en el 2019 y un 60% menor a lo ocurrido en el 2018.

En este ámbito, el titular de Desarrollo Forestal del Chaco, Luciano Olivares, opinó que “el delito del desmonte sería una herramienta para que el desmonte no quede solamente como una infracción administrativa. Desde el 2010, los desmontes se redujeron significativamente. Antes de la Ley de Bosques (2007), se desmontaban unas 50 mil hectáreas de desmonte por año”.

LA INACCIÓN NOS ESTÁ GANANDO

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, encabezó la apertura del período anual de asambleas ordinarias del Consejo Federal de Medio Ambiente en 2020 y dejó claros mensajes a las provincias: el año pasado se perdieron 400.000 hectáreas de bosques nativos (30.000 por incendios y 100.000 deforestación). “Que aún no tengamos tipificado en el código penal el delito ambiental, a mí me avergüenza como Nación”, expresó. “Estamos en un buen momento para mejorar esa ley ya que la tasa de deforestación sigue siendo muy alta. De seguir así, en 70 años nos quedaremos sin bosques nativos” sentenció.

Es decir, a pesar de que en todos los estados provinciales se señala que “se está trabajando”, la verdad que el rendimiento de ese “trabajo” no está rindiendo sus frutos porque la deforestación avanza todavía es muy alta.

¿QUÉ HACER?

Los especialistas sostienen que no se aplican técnicas de manejo o reforestación para asegurar su renovación o regeneración, sino que simplemente se extraen los mejores ejemplares hasta su agotamiento. Una de las razones para este comportamiento es la escasa rentabilidad y consecuente informalidad del sector forestal. Por cierto que la violación de normativas también ha sido una constante y ni siquiera las multas fueron la barrera para lograr un adecuado ordenamiento. La revisión de las leyes actuales, un adecuado inventario y sanciones ejemplificadoras que no solo sean de dinero sino también incluyan la reparación forestal como implantaciones, cortinas forestales y cuidados para lograr una explotación racional que conserve también la actividad laboral, debería ser el camino para reintentar no solo proteger son también incrementar la masa forestal en cada una de las provincias y regiones. Las reuniones son muy buenas pero si no se instrumentan protocolos con cumplimientos estrictos, reforestación anual adecuada (en el Chaco desde hace más de 30 años no se realiza una implantación sostenida), con cortes de la masa boscosa cuando los ejemplares tengan la madurez necesaria, tendremos nuevas pandemias que afectarán más aún al ser humano porque cada vez producir alimentos y respirar en un ambiente adecuado será más difícil.

En este tema no hay marcha atrás y tenemos que mirar el futuro con acciones que protejan a la población con el cuidado racional del medio ambiente donde el bosque juega una función especial que no puede ser despreciada. Estamos en un escenario distinto al que teníamos hace 30 años. El panorama es que, como lo están advirtiendo desde las más altas autoridades nacionales, “hoy el calentamiento global se pone en manifiesto con una ferocidad cada vez mayor. Es imprescindible alentar prácticas sostenibles y lograr que otras se vuelvan delito y sean juzgadas con todo el peso de la ley”. Por cierto que el tiempo de actuar es ahora porque el círculo se achica. Ya Europa y otras naciones no permiten ingresar productos como carbón y madera de los bosques si no son sustentables.

Lo negativo del desmonte 

“El desmonte redujo la provisión porque afectó varios aspectos clave del funcionamiento de los ecosistemas: su ganancia de carbono (es decir, cuánto producen) y su variación a lo largo del año (es decir, cuándo producen). Las áreas desmontadas fueron más estacionales y menos productivas. Además, también detectamos que allí la estación de crecimiento comenzó más tarde en el año. Esto último deteriora uno de los aspectos más importantes de los bosques: la regulación hídrica. Hoy, el riesgo de que las napas freáticas asciendan y que los suelos se salinicen es mayor”, alertó José Paruelo, profesor del Departamento de Métodos Cuantitativos Aplicados de la Fauba, quien también es investigador superior del Conicet.

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