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El principio del fin de la industria argentina

La producción local y la industria nacional siempre fueron “una variable de ajuste” (como la educación pública) de los gobiernos neoliberales y las dictaduras que atravesaron nuestra historia. El sector automotriz es un claro ejemplo. Aquí una muestra de su auge, fulgor y caída, en la etapa más reciente y contemporánea.

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El incansable Rastrojero

IME (Industrias Metalúrgicas del Estado) surgió del decreto 24.103, firmado el 30 de noviembre de 1951, hace 70 años, por el presidente Juan Domingo Perón. Establecía la creación de la Fábrica de Motores y Automotores, pero al año siguiente fue absorbida, al igual que el Instituto Aerotécnico, por IAME, las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado. 

La empresa tuvo como objetivo producir automotores, aviones, motocicletas y tractores y se había fijado como fecha para la producción seriada de automotores, desarrollando sus actividades iniciales en la planta de la Fábrica Militar de Aviones, situada en Córdoba, y en El Palomar, provincia de Buenos Aires. 

Creada por la necesidad de frenar la importación, la empresa también abarcó otros ámbitos, incluso la fabricación de lanchas y armamento. El primer automóvil fue un sedán para cuatro personas denominado Institec, un vehículo económico con motor bicilíndrico de dos tiempos ya producido en la Fábrica de Motores y Automotores. 

El brigadier San Martín fue el primer presidente de IAME, cuyas tareas comenzaron con un préstamo del Banco Industrial de la República por 53 millones de pesos, cuando la moneda nacional tenía un poder de compra infinitamente superior al actual. A lo largo de su existencia la empresa estatal produjo los automotores Justicialista, Sedán Institec, Rural Institec, Camioncito Institec, Rural Gauchita, Rastrojero Eillys, Gran Sport sin capota, Furgoncito Institec, Sedán Graciela, Automóvil Sport 1954 con capota desmontable, Sport V, Sedán GW, Sport 1955 capota fija, Sport 1955, Gran Sport V8, Cupé Gran Sport, Rural R63, Pick-Up Caburé, Rastrojero Conosur, Taxi T63, Chata Acoplado y ómnibus Savien. A ellos se les sumaron los tractores Pampa y Fiat, la moto Puma, el velero Tero, el motor fuera de borda Surubí, un bote portátil y lanchas de turismo, pesca y carrera.

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El tractor Pampa.

El Rastrojero, vehículo nacional

Como derivación del primer sedán apareció posteriormente la versión pick-up, al tiempo que se avanzaba en el desarrollo de un utilitario que podía cargar quinientos kilos en su caja de madera. Se trató del luego emblemático Rastrojero, algunos de los cuales aún pueden verse en diferentes lugares. Llevaba un motor naftero derivado del que portaban unos tractores comprados, como sobrantes de guerra, en los EEUU. 

En 1956, tras el golpe cívico-militar de la autodenominada “Revolución Libertadora”, IAME pasó a llamarse DINFIA, Dirección Nacional de Fábricas e Industrias Aeronáuticas, al tiempo que en 1967, durante la gestión de facto de Juan Carlos Onganía, se separó a IME, dependiente del Ministerio de Defensa, cuya función se centró en la fabricación de automotores.

La producción se mantuvo en crecimiento constante luego del “onganiato”, y pasó de 3.964 unidades en 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi, a su cifra récord, 12.500, en 1975. Durante ese período al Rastrojero se sumaron, en la línea utilitarios, los camiones medianos O68 y F71. A partir de los modelos elaborados por IME, diversas empresas carroceras crearon vehículos como ambulancias, doble cabinas, furgones, minibuses y rurales, entre otros, que cubrieron la demanda del mercado durante varios años y abastecieron las necesidades del sector público.

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El Justicialista, sedán de lujo.

Comparando con otras empresas extranjeras, en 1975 IME produjo 12.118 unidades del Rastrojero, mientras que Ford fabricó 6.518 (entre las versiones nafta y diesel) de su camioneta F-100; Chrysler 2.903; y General Motors, 7.834 unidades de su propia camioneta. Esto transformó a IME en la empresa líder del segmento utilitario ese año, representando casi el 40% del total. La empresa llegó a tener 12.000 trabajadores activos.

Pero llegó el golpe del 24 de marzo de 1976, y el 22 de mayo de 1979 Martínez de Hoz decidió el cierre de la empresa, convalidado el 11 de abril de 1980 por el decreto 1448/80. Entonces la empresa contaba con más de tres mil empleados, debido al achicamiento sufrido en esos últimos años, pero también daba trabajo a más de setenta firmas proveedoras y contaba con cien concesionarios en toda la Argentina. El Rastrojero controlaba el 78% de la venta de las pick-up diésel.

El cambio de autoridades a partir de la dictadura redujo la producción de unidades, pero IME mantuvo su presencia en la industria automotriz como una firma especializada en la fabricación de utilitarios, camiones livianos y semilivianos. El gobierno militar no le dio un trato especial respecto del sector automotriz. En 1976, el ministro Martínez de Hoz sancionó la ley de Promoción Industrial 21.608, que tenía por objeto reordenar la industria automotriz. 

Para el gobierno, la industria automotriz fue una de las ramas más dinámicas del modelo sustitutivo. No resulta extraño que los cambios en la política económica implementada por la dictadura cívico-militar a partir de 1977 produjeran una reestructuración del sector. A mediados de 1970 existían en el país ocho empresas terminales que fabricaban automotores. Siete de ellas eran ET´s (Chrysler, Citröen, Ford, Fiat, General Motors, Peugeot, Renault) y la restante, IME. 

Cinco empresas automotrices transnacionales vendieron sus activos y abandonaron el país, un grupo argentino adquirió dos de ellas y conformó una joint venture, una nueva ET ingresó a la producción local y la empresa pública abandonó la actividad.

-1978, General Motors aprovechó el retraso cambiario del período, vendió su planta a una empresa de cigarrillos y retornó a EEUU;

-1979, Citröen abandonó sus actividades en el país. En 1982 vendió todos sus activos a un grupo de empresarios argentinos pertenecientes a la industria auxiliar, que continuó la producción de algunos de sus modelos bajo licencia;

-1980, otra gran empresa automotriz norteamericana, Chrysler, vendió su planta productora y licencias a la alemana Volkswagen que inició sus actividades en el país;

-1980, Peugeot vendió su planta y sus licencias a Fiat. En menos de un año, el grupo Macri (conglomerado de capitales locales asociado con transnacionales impulsado durante la patria financiera y apoyado por la dictadura), adquirió ambas empresas, conformando una sociedad que adoptó el mismo nombre que la fusión de las terminales había adoptado en Europa: SEVEL.

-1980, IME cerró su planta.

El 30 de abril de 1980, la dictadura resolvió el cese de la producción de IME y comenzaron los primeros despidos de personal. Este proceso duró tres meses y el 1 de julio 1980, de acuerdo con la ley 22.254, se disolvió el directorio de IME y la empresa entró en liquidación por decreto 1.448/80, que constituía una Comisión Liquidadora (IME, 1981). 

El argumento oficial para el cierre de IME fue que la empresa ya había “…cumplido su histórica razón de ser. Nació para cubrir en su momento una necesidad en el campo automotriz y sirvió como punta de lanza en el difícil camino de crear el Polo Industrial que hoy es Córdoba” (IME, 1981). 

Al momento de su cierre, IME era una empresa operativa con una importante presencia en el mercado automotriz nacional, que presentaba pérdidas apenas considerables en relación con su patrimonio. La política neoliberal de apertura afectó más a la industria auxiliar del sector automotriz. 

Las medidas implementadas por el gobierno a través del régimen especial de 1979 para la industria automotriz produjeron un aumento de las importaciones de automóviles y otros vehículos extranjeros, además de electrodomésticos, alimentos y otros artículos que antes se fabricaban en la Argentina, hirieron de muerte a la industria local y dejaron un saldo de miles de trabajadores en la calle y el cierre de cientos de empresas que producían insumos, repuestos y autopartes, al igual que las concesionarias que los comercializaban a lo largo y ancho del país. 

Parte de la triste historia de los “porqués”, la Argentina abandonó el podio de países industrializados del mundo para ser simples importadores de cuanto objeto pudiera ser comercializado, con tener tan solo una oficina en la Aduana con un escritorio, un teléfono (hoy internet), un contador y una secretaria bonita;  y no un conglomerado industrial de producción, trabajo y soberanía económica que nos permitiera ser independientes de las grandes potencias expansionistas. Hoy las vacunas, respiradores y materiales sanitarios; antes los automóviles y demás elementos necesarios para el desarrollo nacional.

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