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Emprendimiento familiar con más de 40 años logró sobrevivir a la pandemia

Oficio de zapatero en Sáenz Peña sigue vigente tras cuatro décadas. “tuvimos que ingeniarnos y hacer algunos pedidos desde nuestros domicilios”, explica Cristian Caballero.

SAENZ PEÑA (Agencia) Con poco más de cuarenta años de trabajo en el medio, la tradicional zapatería “El Clavo” ubicada en calle 29 entre San Martin (12) y Belgrano (10), logró sortear los momentos más complicados de la pandemia del coronavirus, y trata de sostenerse en la actividad.

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Cristian Caballero, dueño de una tradicional zapatería de la ciudad Termal, que puso sobrevivir a la pandemia, en una de las tantas labores en su trabajo artesanal de compostura de calzados de toda clase de material.

Su actual propietario dijo que por la pandemia tuvieron prácticamente que hacer trabajos sin tener que cobrar la mano de obra, por los constantes incrementos en el precio de los insumos, y sobre todo por la caída en el número de clientes que concurrió, dice Cristian Caballero. “Salimos casi pelo a pelo, para recuperar los elementos”, comenta.

Asegura que tuvieron una caída en el trabajo, por encima del 60 por ciento, “eso nos dejó con algunas cuentas que se nos atrasaron, sumado al cierre que tuvimos que realizar”. En este escenario, Caballero relata que en el marco de la cuarentena del año pasado, debieron permanecer al menos dos meses con las puertas cerradas: “Eso nos generó no poder solamente tener que trabajar como lo veníamos haciendo, por lo que tuvimos que ingeniarnos y hacer algunos pedidos desde nuestros domicilios”, explica.

 Asimismo, el artesano de los zapatos insta al compromiso comunitario: “Creemos que podemos continuar, más allá que nuevamente se está propagando el coronavirus, con miles de enfermos”.

Lo que la pandemia deja

“El confinamiento estricto del año pasado nos llevó a que caigan los trabajos más del sesenta por ciento, y eso para nuestro sector es una gran crisis, porque vivimos del día a día, nadie nos ayudó, solamente tuvimos que contar con algunos ahorros para sobrevivir, asegura Caballero. “El perjuicio fue enorme, esperemos que mejore la situación económica actual, aquí tenemos clientes que están con este emprendimiento familiar prácticamente desde que comenzó con mi abuelo, recordó Cristian. No se nos pasa por la cabeza otra cosa que sea trabajo y más trabajo, gracias a la gran clientela que continúa confiando en nuestro trabajo, resalta.  

Más de 200 pares de calzados

En otro pasaje del dialogo con NORTE recuerda que, “en el mejor de los momentos en cuanto a trabajos, tuvieron que reparar alrededor de 250 pares de calzados, en menos de una semana”. Entre risas, dice que “eso fue un verdadero esfuerzo prácticamente no dormíamos, o solo nos quedábamos en la zapatería. Porque en cada compostura ya sea de calzados, o cualquier otra prenda de cuero, queremos cumplir con los clientes, no solamente entregando el trabajo terminado, también de calidad, porque es así que pudimos mantener una clientela por varias décadas”.

 Además, en la actualidad cada vez que se nos empiezan a juntar muchos trabajos, recurro a mis primos, que muchos de ellos también pasaron por este taller de compostura de calzados, y así de esta manera cumplir con la enorme clientela que tenemos, agrego.  

Un emprendimiento familiar

El reconocido zapatero no quiso dejar de pasar por alto el mejor de los agradecimientos que fue para su abuelo Miguel Acevedo, quien dio inicio al emprendimiento familiar que ya traspaso a tres generaciones, y están desde hace poco más de cuarenta años. Pero también destaca el trabajo destacado que lo continuo uno de sus tíos junto a sus primos, que estuvieron durante años en la compostura del calzado.

“Quiero agradecer a los cientos de clientes que tenemos desde hace décadas, muchos de ellos que comenzaron a traer calzados, carteras, camperas de cueros, desde prácticamente cuando estaba mi abuelo, señala Caballero.

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