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No se olviden del género periodístico

Quien se destaca u obtiene el liderazgo en cualquier actividad alcanza una meta y disfruta la satisfacción que eso conlleva. Al mismo tiempo, adquiere un nivel de exposición que lo pone bajo examen permanente de quienes lo observan. Más aún cuando esos observadores son, al mismo tiempo, competidores de su misma carrera.

Es, se podría decir, parte del precio que implica cualquier éxito, y así ocurre en todos los órdenes de la vida. Un dirigente político que llega al cargo más elevado de la institucionalidad de su estado tendrá por un lado la posibilidad de gozar de esa cuota de poder pero, por otro, deberá hacerse cargo de responsabilidades mayores que las que afrontaba hasta ese momento y será blanco de elogios y críticas. Son las reglas de juego.

Por todo lo anterior, NORTE habitualmente evitó -en su más de medio siglo de existencia- polemizar con los críticos y detractores que un medio de comunicación siempre encuentra, sobre todo cuando se vuelve una referencia informativa y de opinión para su comunidad, como ha sucedido con este diario en nuestra provincia.

Sin embargo, sí caben las aclaraciones cuando las afirmaciones ajenas sobre nuestra labor confunden y –voluntariamente o no- desacreditan el trabajo propio en temas de alta sensibilidad.

Esta semana, NORTE sumó una nueva primicia de gran impacto periodístico, al dar a conocer que un estudio forense dictaminó que restos humanos hallados en un descampado próximo a Villa Angela, en agosto de 2019, no pertenecen –como se creía hasta ahora- a la joven Maira Benítez, desaparecida en diciembre de 2016. Aunque se trató de la difusión de un hecho objetivo y real, desde el canal televisivo oficial de la provincia se cuestionó la publicación por “carecer de perspectiva de género” (?).

En un programa matinal, una presentadora lanzó esa definición sin exponer una sola idea que la apuntale. Por el contrario, asoció sus expresiones con lo “llamativo” que es que NORTE sea “uno de los pocos medios con capacidad para acceder a este tipo de información”, expresión que puede valer más como una confesión de las limitaciones periodísticas de su canal que como objeción “de género” a lo publicado en nuestra primera plana del lunes pasado.

En otra parte de su intervención, la conductora objetó que NORTE publicó la noticia “sin saber si la familia ya estaba al tanto” de que los restos analizados no se correspondían con los de Maira. Sin embargo, ella misma, dos minutos antes, había afirmado que la familia de Maira y su abogado sabían del resultado de las pericias “desde tres semanas atrás”. ¿Cuál fue entonces el perjuicio ocasionado por la primicia del lunes? ¿O acaso de por medio hay únicamente una historia de egos lesionados y militancias que nublan la vista?
Pero dejemos de lado esa –esta vez sí, llamativa- contradicción, para señalar algo elemental: los medios no tienen la responsabilidad de chequear si una información a publicar es conocida o no por las personas involucradas de alguna manera en ella. ¿Tenían que buscar un aval familiar los medios antes de dar la noticia de la muerte de Diego Maradona?¿Con quiénes?¿Con sus hijos?¿Con todos ellos o sólo con los residentes en Argentina?¿Con todos ellos y su primera esposa?¿Con ellos y las exparejas del Diez?¿Con ellos, las exparejas y sus hermanos? El planteo es absurdo.

El único deber del periodista es asegurarse de que lo que va a publicar es verdadero y reviste un interés público. Y luego, elaborar la noticia con el mayor respeto por la víctima y su familia. NORTE cumplió con todos esos requisitos. De no haber sido así, el propio canal oficial y todos los demás medios no se hubiesen hecho eco ese día de lo publicado en nuestras páginas (algunos citando con nobleza el origen de la información, otros hurtándola sin remordimientos) para llenar minutos de aire y plantillas de portales.

En cuanto al carácter supuestamente llamativo de los anticipos informativos que logra nuestro diario, se trata de algo en lo que no hay secretos. Por el contrario, se aprende en cualquier escuela de periodismo. Uno puede obtener una primicia de vez en cuando por razones fortuitas, pero poder ofrecerlas sistemáticamente al público implica, básicamente, trabajo. Cultivar fuentes, respetar con ellas los códigos usuales (la reserva de datos, el off the record, la fidelidad en la reproducción de la información suministrada), chequear con otras fuentes lo que va a editarse, son parte de esa labor. Demanda tiempo, consume esfuerzo. No se consigue con sólo cascotear a quien lleva la delantera.

La primicia es una fruta codiciada en la labor de la prensa, porque es una señal de efectividad. Algo así como el gol en el fútbol. No justifica cualquier cosa ni debe ser un fin en sí misma, pero es totalmente legítima cuando se toman los recaudos correspondientes y se la maneja con responsabilidad. Es válida aun en las situaciones más dolorosas. A lo que sí obliga el dolor ajeno es al recato y a la seriedad.

Mientras tanto, demos a los géneros lo que es de los géneros, y al género periodístico no le quitemos lo que le pertenece de manera esencial.

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