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Lucas García: “Cuando puedo poner una obra en escena encuentro el propósito de mi vida

El teatro fue uno de las ramas artísticas que más sufrió la pandemia, las luces se apagaron, los telones se bajaron y los aplausos se volvieron silenciosos. Pero siempre supo cómo reinventarse. La pandemia, si bien se hizo resentir, no pudo contra este gran mundo.

Durante muchos años siempre resonaban los mismos nombres en el ámbito teatral hasta que una nueva generación se despertó y entendió que la mejor manera de mostrar su capacidad es subiendo a escena, dirigiendo obras y animarse a las críticas y poder aprender de ellas.

Lucas tiene 26 años, es nacido en Resistencia, apuesta al teatro chaqueño y la continuidad de la nueva generación sobre los escenarios locales.

En Chaco, donde hay un mundo variado y competitivo, existen nuevos nombres. Lucas García es uno de ellos quien se animó y no solo rompió con la barrera sino que fue premiado por su dirección y su obra en el último Encuentro de Teatro.

Nacido, criado y premiado en Resistencia, Lucas tiene 26 años y un talento que merece ser contado.

-¿Quién es Lucas García?

-¡Uf! Qué pregunta. Lucas es una persona llena de sueños, de proyectos, de metas a corto y a largo plazo. Me gusta tener todo organizado, detalle por detalle, tiendo a cargar mis días con actividades que me gusten, que me sumen, con la gente que quiero y con quienes pueda crear y jugar. Pero también tengo miedos y frustraciones, como todos, y trato de disiparlos proyectando, ese es mi sostén. Cuando voy viendo que los objetivos que tengo se cumplen confirmo que vale la pena ser así, y cuando no sucede lo que espero, rápido busco algo nuevo en qué enfocarme o me caigo. Eso soy: inquieto y ansioso.

-¿Cómo llegaste al mundo del teatro? ¿Siempre quisiste estar sobre un escenario?

-Al teatro llegué como alumno en el año 2008, cuando cursaba mi primer año del secundario. Pero años atrás había podido ver algunas obras, recuerdo que en quinto grado fuimos a ver un espectáculo musical, y me fascinaba cómo el elenco entraba y salía de escena, modificando sus cuerpos y cambiando el tono de sus voces; me quedaba mirando las luces cambiar de color, como la escenografía se movía constantemente y me encantó ese mundo que desconocía por completo. Hasta que mi profesor de lengua y literatura, en ese 2008, abre un taller de teatro los sábados en el colegio, ahí empecé y nunca más dejé. Supe desde la clase uno que era ahí donde tenía que estar y así fue.

-¿Te acordás de la primera obra que dirigiste?

-Me acuerdo perfecto, sí. Fue como muestra de un taller de teatro que dicté en la E.E.P N°433 “Martin de Moussy” en Barranqueras. Una escuela, que se ganó un lugar enorme en mi corazón, que tiene un pequeño pero muy bello escenario donde daba mis clases y ahí montamos “El gran bosque”, donde actuaban alumnos de todas las edades y representábamos la historia de un grupo de niños que tenían como misión limpiar el bosque, su hogar, porque que estaba deteriorado y abandonado. Así que así fue en el 2014 subía a escena mi primera y “gran” obra, la cual disfruté mucho produciendo porque tuve la suerte de contar con un grupo de alumnos con muchas ganas de jugar y compañeros de trabajo junto con Zulma, la directora de la institución, que me apoyaron en todo e hicieron posible que se lleve adelante su producción.

Lucas García recibió el premio a Mejor Director de mano de Guillermo Elordi, representante por el Chaco del Instituto Nacional del Teatro, y Alfredo Germiniani, vicepresidente del Instituto de Cultura.

-¿Qué te inspira o qué tiene que tener una obra para la elijas?

-Es una pregunta que me hago constantemente, a veces tarde, cuando ya la estoy montando (risas). Lo que primero me tiene que pasar con un texto dramático es que me genere imágenes, sensaciones, algunos ambientes, que tenga música, poder ver cuerpos moviéndose, si esto no pasa, en la primera hoja, lo dejo de leer y queda descartado. Después, si elegí el texto para ponerlo en escena me pregunto qué de ese texto resuena o hace “click” con mi vida, con algo personal, y ahí es cuando encuentro el fundamento más fuerte para reafirmar que quiero dirigirlo.

Con “Batir de Alas” la respuesta a esta pregunta se demoró bastante, me resistí mucho tiempo porque entendía hacia donde iba si buscaba responderla y no quería ser consciente de ello, ya que tocaba algo muy personal y doloroso que venía negando desde hace muchos años, hasta que no pude contener la alfombra y me llené de tierra. Hoy por hoy, luego de dos años, resulta satisfactorio haberla elegido porque pude canalizarlo y de todo ese dolor, con el cual monté la obra, han venido cosas hermosas y otras más vendrán, y esto es realmente hermoso.

-¿Cómo es dirigir en Chaco?

-La verdad es que dirijo hace muy poco tiempo como para elaborar una respuesta válida o con detalles, pero puedo hablar desde mi poca experiencia y decir que es un tanto difícil, sobre todo cuando se trabaja con personas que hacen teatro como pasatiempo y/o como una fuente de ingreso extra, teniendo en cuenta que vivir del teatro es muy difícil y sobre todo acá.

Entonces coordinar ensayos, por encima de nuestras actividades diarias, es frustrante muchas veces y esto lleva a que algún actor o actriz se baje, o que, en el peor de los casos, se caiga la obra, cosa que sucede y duele mucho.

-¿Qué te produce ver tus obras sobre un escenario?

-Me da mucha alegría. Me contesta la pregunta que me hago muchas veces de por qué hago teatro. Entiendo que ese es mi lugar y soy muy feliz. Puede parecer extremista, pero siento que cuando puedo poner una obra en escena encuentro el propósito mi vida, me parece que esto lo responde perfectamente. Soy una persona que valora y disfruta el proceso de ensayo, que a veces es tan íntimo, suele ser duro y largo también, pero cuando logramos llegar al escenario y mostrarla al público todo se reduce a ese preciso y bello momento, donde se constituye el hecho teatral con la mirada de otros sobre la obra.

Batir de Alas fue la obra ganadora, con la dirección de Lucas García, la autoría de Gilda Luján Bona, la producción general del grupo Borde y las actuaciones de Quimey Castillo Oviedo y Jessica Zaloqui (fotos de Rodri Torres).

-Contame un poco sobre la obra seleccionada para representar al Chaco.

-“Batir de alas” es un texto de la dramaturga Gilda Bona, a quien admiro y agradezco con todo mi corazón por dejarnos trabajarlo. Me lo encontré en el 2013 y ni bien lo leí supe que tenía que ponerlo en escena. Lo guardé muchos años, hasta que en el 2018 lo saqué de cajón y le propuse al grupo ensayarlo. Lo leímos juntos y quedamos encantados, sabíamos que era importante atavesarlo. Fueron ocho meses de muchos ensayos, de una intensa búsqueda y de un aprendizaje constante, y, a la vez, un proceso de encontrarme con algo que la obra movía en mí y que necesitaba atender. Estoy muy contento con lo que hemos conseguido como grupo, ha sido un verdadero trabajo en equipo donde todos han aportado lo que sabían, sentían y tenían, por eso estamos muy orgullosos de lo que logramos con la obra, independientemente de los premios y del privilegio enorme de poder representar al Chaco en la Fiesta Nacional del Teatro, lo cual es realmente increíble y nos llena de alegría, claramente. Veremos qué pasa de ahí y en adelante, porque el aprendizaje continúa y estamos ansiosos de que suceda y de que muchas puertas se abran.

-¿Qué sentiste al escuchar tu nombre como mejor director?

-Me largué a llorar de alegría y temblaba, hay videos que lo demuestran. Era algo que deseaba mucho y que haya pasado es casi un sueño cumplido. Como dije, me gusta soñar y tener objetivos y que esto se haya dado me dio una felicidad muy grande. La selección de nuestra obra implica un logro a nivel personal enorme pero también como grupo, ya que somos muy jóvenes y tenemos poca experiencia en el teatro. Creo que esta oportunidad viene a reflejar el trabajo que venimos haciendo las nuevas generaciones, los nuevos creadores, porque lo hacemos con respeto, con conocimientos, y con dedicación. Con esto no digo que aquellos que hacen teatro hace mucho no lo hagan de este modo, al contrario, de ellos hemos aprendido y mucho, pero sostengo que es necesario empezar a valorar y dar lugar a las nuevas propuestas de los jóvenes porque no somos “el futuro del teatro”, como muchos dicen al referirse a nosotros, somos el presente y lo que estamos haciendo sucede ahora y está marcando la identidad de nuestra escena y de la cultura.

-¿Qué destacas del teatro local? ¿Alguna crítica?

-Destaco que somos pocos y nos conocemos entre todos (risas), sabemos qué está haciendo el otro y nos apoyamos, no siempre, pero en general siento que está la intención de acompañar el trabajo de los colegas. Por otro lado, esto es un tanto negativo porque sería aún mejor que seamos muchos los que hacemos teatro y que las propuestas sean masivas y diversas, que haya estrenos y funciones constantemente, pero también nos cuesta mucho sostener nuestros espectáculos en cartel, cuando ya nos han visto los amigos, los colegas y la familia, nos queda aguantar y aguantar intentando que no tengamos que bajar la obra, hasta que esa opción es la única que queda.

Creo que es momento, ahora más que nunca, de que el público nos acompañe en las salas o en los distintos espacios donde hacemos funciones. Entender que el teatro es importante es realmente necesario para que nuestra identidad cultural crezca y mejore, lo cual es un deseo de todos los que hacemos arte en general.

-¿Qué les dirías a quienes están pensando en dirigir o subir a un escenario por primera vez?

-Que lo hagan, que, como dije arriba, necesitamos más gente que haga teatro, desde el rol que elijan, y que si es su lugar realmente les va a dar mucha felicidad hacerlo, pero que estudien, que se formen, que investiguen y que prueben mucho. Soy de los que brega por la profesionalización en el teatro y para eso es necesario estudiar, así sea de forma independiente en talleres o en espacios formales. Creo que es muy importante que seamos más, así que háganlo si es su deseo o si hay curiosidad, puede ser lo mejor que les pase en la vida (quién sabe).

-¿Cuáles son tus proyectos?

-Mi proyecto con más enfoque actualmente es seguir produciendo, claramente, con el grupo Borde. Me gustaría que más gente se sume y que podamos seguir creciendo y montando espectáculos. Actualmente nos encontramos ensayando dos obras nuevas que queremos estrenar este año, esperemos que el contexto lo permita. Quisiera aplicar a una beca de formación en dirección y puesta en escena con algún maestro de la región. Por otro lado, espero poder recibirme este año, pero lo veo complicado. Quizás, en un futuro lejano, me gustaría tener mi propio espacio donde dar talleres y producir mis obras, sé que cuesta mucho conseguirlo y sostenerlo, pero no es imposible, el deseo está presente y creo que es el primer paso para que suceda.

-¿Qué se siente representar al Chaco?

-Me aterra un montón, pero me llena de orgullo realmente. Desde el primer año en que participé en un encuentro de teatro lo quise, en ese entonces en el rol de actor y otras veces como asistente. Que ahora suceda, siendo encima la primera vez que dirijo una obra que no es muestra de taller, es realmente emocionante y gratificante. Pero también no puedo negar que me coloca en un lugar de compromiso enorme, el cual esperamos, como grupo, poder cumplir y estar a la altura de lo que se espera en una instancia de este tipo.

Personalmente admiro mucho al jurado que hizo la selección y agradezco profundamente esta posibilidad, porque implica un gran reconocimiento a mi trabajo y a lo que hemos hecho con la obra.

-¿Tenés cábalas?

-Me causa gracia está pregunta porque la respuesta es sí. Suelo ser muy escéptico en general, pero las ganas de que salgan bien las cosas, al menos en esta obra, me hizo aplicar algunas cábalas junto con Rebeca, mi asistente. Como, por ejemplo, usar siempre algo de jean en la función (y que el vestuario de la obra está hecho de retazos de jean) o sino también ponerme como cinto o atar en alguna parte el hilo totora blanco con el cual hemos hecho parte de la escenografía. Estas son las que más repetimos, pero también creo en la buena energía antes de la función, creo que es fundamental, también me gusta poner música, y estar mucho tiempo con las actrices mientras se preparan hasta que me echen porque soy muy pesado.

-¿En qué género del teatro te sentís más cómodo? ¿A quién te gustaría dirigir y con quién no lo harías?

-Me quedo con el drama, siempre, aunque no sea el género el motivo por el cual elijo o no una obra para dirigir, al contrario. Las obras que puse en escena eran comedias dramáticas, casi una fusión de los dos grandes géneros. Pero me tira más el drama porque considero que la comedia es un género muy difícil, que pocos pueden lograrlo y le temo mucho al fracaso. Sin embargo, en algunas funciones de las obras que dirigí apareció muchas veces la risa por parte del público y fue hermoso, sobre todo cuando se da sin expectativas y espontáneamente. Siempre digo que no busco hacer reír, si sucede bienvenido sea.

Me gusta mucho dirigir actores o actrices que propongan, que intervengan, que cuestionen todo y que me enseñen, porque así se aprende.

-¿Cuál de los dos premios, mejor director o mejor obra, significa más en tu carrera?

-El de mejor director porque habla de mi trabajo personal, el otro también es sumamente importante pero es un logro conseguido con el grupo.

El de dirección significa muchísimo para mí porque se refiere a lo que yo hice con la obra, con el texto y con los cuerpos, de la dedicación enorme que le puse desde el día uno en que elegí hacerlo y hasta hoy, el elenco puede constatar de que sigo estudiando la obra y haciéndole cambios pero es que creo sumamente necesario el sumar para que crezca, no estancarse.