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Malvinas, un reclamo firme e irrenunciable

El reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes deben permanecer firmes e irrenunciables. En un escenario global caracterizado por incertidumbres y tensiones crecientes, la Argentina enfrenta el desafío de sumar apoyo internacional a la causa a partir de los antecedentes históricos y jurídicos que fundamentan la defensa de los intereses nacionales.

El Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, que se conmemora cada 2 de abril, es una fecha para honrar a los soldados fallecidos en el conflicto del Atlántico Sur y valorar a los que participaron y arriesgaron sus vidas en ese suelo que sintetiza las ideas de patria, nación y soberanía.

A 188 años de la ocupación ilegal de esos territorios por parte del Reino Unido y a 39 del conflicto al que algunos historiadores señalan como la última guerra colonial del siglo XX, vale recordar que la Constitucional Nacional expresa claramente que “la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”

La disputa de soberanía, que tiene su origen el 3 de enero de 1833 cuando el Reino Unido procedió a ocupar en forma ilegal las islas y, además, avanzó con la expulsión a las autoridades argentinas que desempeñaban funciones de gobierno en el archipiélago. Casi un siglo y medio después, en 1982, la dictadura cívico militar se aventuró en la recuperación de las islas, en una maniobra que dejó al desnudo la increíble incapacidad de los jefes militares del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional para interpretar el mapa geopolítico global de aquellos años, en un mundo signado por la Guerra Fría. El conflicto armado, que se extendió poco más de dos meses, concluyó el 14 de junio de 1982 con la rendición argentina, y dejó un saldo de 649 soldados argentinos fallecidos. El trasnochado régimen militar que esperaba perpetuar su poder se encontró así con una derrota que aceleró su caída y abrió las puertas a la recuperación de la democracia. Desde 1983 en adelante, la causa Malvinas se transformó en política de Estado y de esa manera el reclamo del ejercicio de soberanía se instaló en una ciudadanía, a la que la experiencia bélica marcó a fuego, que hoy reclama que esa causa debe estar por encima de todas las demandas sectoriales.

En mayo de 2019 el Reino Unido sufrió un revés diplomático cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución exigiendo que ponga fin a la administración colonial del archipiélago de Chagos, en el océano Índico, y que lo devuelva a la República de Mauricio, que lo reclama desde que se independizó en 1968. Se trata de un archipiélago que fue separado del territorio de las Islas Mauricio antes de su independencia, siendo cedida su principal isla, Diego García, a Estados Unidos para la instalación de una base militar. Se trata de una decisión que sienta un precedente a favor del reclamo argentino por Malvinas, que debe sumarse al planteo de nuestro país para que se cumpla con el mandato de la Organización de las Naciones Unidas, es decir, para que la cuestión Malvinas sea tratada en el marco de los procesos de descolonización. En ese sentido, cabe recordar que en 2018 el Comité de Descolonización de la ONU aprobó una resolución para pedir negociaciones por las islas. En ese ámbito, el representante chileno ante la ONU tuvo a su cargo la presentación de la resolución a través de la cual se reiteró el llamado para que la Argentina y el Reino Unido “reanuden a la mayor brevedad las negociaciones”, situación que se mantuvo sin avances no por falta de voluntad de nuestro país, sino por la estrategia que lleva adelante la diplomacia británica tras la finalización del conflicto.

Argentina debe convencer a la comunidad internacional que la presencia del Reino Unido en las aguas del Atlántico Sur es, a todas luces, ilegal y, a la vez, recordar en todos los foros que la recuperación de la soberanía sobre este sector de su territorio, siempre conforme al derecho internacional vigente, constituye un objetivo irrenunciable.