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Olga y sus tijeras maravillosas

El deseo de alcanzar los sueños para Olga no tiene barreras y el trabajo es su viento de popa. Es una mujer radiante porque es feliz al ver sus logros en su profesión y en su vida.

Olga María Meza.

Olga María Meza nació en el paraje San Antonio, departamento de Paso de los Libres (Corrientes), y llegó a la Ciudad Capital a los 24 años. En su pueblo natal finalizó la primaria y ya cortaba el cabello con solo 12 años; fue al turno noche de la secundaria, porque en horario comercial ayudaba en la peluquería de su prima Gisell.

“Comencé a cortar el pelo cuando terminé la primaria, y mis padres querían que yo siguiera estudiando hasta una carrera universitaria. En esa época el peluquero no tenía tanto perfeccionamiento como ahora, entonces ellos no estaban de acuerdo con que yo me dedique a la peluquería, pero seguí mi sueño, y ya no me detuve”.

Nada la alejó de su profesión, del amor que sentía por embellecer a las personas, tanto era el ímpetu de su decisión que sin tener un lugar físico, fabricó uno natural. “Acá, ya en Corrientes Capital, comencé contando el cabello en 1986 en el Barrio ‘Pueblito de Buenos Aires’, con un banquito debajo de un mango, porque donde alquilaba solo eran dos piezas y no tenía dónde desarrollar mi actividad”.

En esos años cuando Olga inició su atención al público debajo del árbol frutal, no se manejaban las redes sociales como ahora, “en ese entonces la publicidad era de boca a boca y así iban llegando las clientas a mi domicilio. Ahora es distinto, porque todo se maneja por las redes, vienen con las fotos, te piden que les hagas tal corte o color, que se quieren hacer este modelo o este otro, y ahí charlamos y yo les sugiero”.

En los 50 años de trayectoria de Silkey, Olga recibió la ‘Distinción a la trayectoria’.

Tanto esfuerzo, sudor y horas sin descanso, dio sus frutos al poco tiempo, en 1988 abrió su primer local en Salta casi Hipólito Irigoyen, ‘Olga Peinados Unisex’, allí recibió a casi todo Corrientes y provincias vecinas, “lo logré porque trabajaba con ese objetivo, abrir mi primer salón. Recibí mucha colaboración de parte del papá de mis hijas para poder inaugurarlo, de él me separé cuando mi hija más chica tenía 6 años. Mi peluquería era muy sencilla, era para lo que me dio mi economía”.

Sus hijas, Silvana y Carla, se criaron en la peluquería, concurrían a la Escuela Normal, y volvían directo al salón. Ellas cumplían distintos roles, Carla hacía de manicura y de maestra, y Silvana bailaba para las clientas.

“Ellas crecieron en la peluquería, los trabajos de parto los hice en la peluquería, iba a la clínica y ya nacían, y a la semana estaban en su cochecito mientras yo trabajaba. Entonces, las clientas a veces se hacían cargo de ir a comprarles lo que les faltaba, iban a comprarles ropa, medias, o lo que necesitaran, porque yo estaba muy ocupada en el salón, ya que en esa época no había muchas peluquerías, solo había dos o tres en el centro, y había días que yo trabajaba hasta las 3 de la mañana”.

Comenzó a viajar en los ‘90 para realizar cursos de perfeccionamiento a nivel internacional y continuar las capacitaciones que inició en Buenos aires. “Nunca dejé de perfeccionarme, asistí a 6 mundiales de la coiffure, en distintos lugares de Europa. Los cursos de perfeccionamiento comencé en Buenos Aires con grandes profesionales, como Oscar Colombo, Bruno Salas; hice cursos privados de perfeccionamiento de técnica de corte con la escuela del español Lluís Llongueras, hasta que llegué a Europa, y estuve en una escuela de peluquería en Verona y después en Milán”.

Pero sus deseos eran más fuertes y siempre trabajó para obtenerlos. “Mi local propio lo logré en 2001. Siempre lo soñé, hasta el lugar dónde quería hacerlo, en Hipólito Irigoyen 511. Nunca dejé de soñar y lo sigo haciendo”.

Los frutos caen cerca del árbol, parafraseando el dicho popular, porque en esta escalada de sueños de Olga también están sus hijas. Carla, la menor de sus hijas es psicóloga, la que hacía de manicura, y daba clases para pasar las horas en la peluquería; ahora trabaja de psicóloga y colabora los sábados en el salón. Silvana es contadora, y es la que maneja los números de la peluquería de su mamá, ‘Beauty Center’, pero además todas las tardes se encarga de los tratamientos, keratina, colores y atención al cliente.

“Soñaba con conocer la Costa Amalfitana, y me fui al mundial de la coiffure a París, porque quería que mis hijas vean lo que su mamá hacía; cómo me perfeccionaba, cómo veía la moda en Europa; entonces en 2019 acompañé a la delegación de peluqueros de Silkey Argentina representando a Corrientes, y les pedí que viajaran conmigo para que conozcan lo que yo hacía. Fue un regalo que les hice con el fruto de mi trabajo; les prometí que cuando fueran profesionales las iba a llevar. Entonces hicimos el recorrido por la Costa Amalfitana, esto es en el oeste de Italia. Me emociona ver lo que logré con mis tijeras, que mis hijas fueran profesionales y que me puedan acompañar. Otro sueño cumplido aunque sigo soñando”.

En cada oración durante la entrevista estuvo la palabra agradecimiento, pero no de la boca para afuera, sino desde lo profundo de su corazón. “Soy una agradecida a la vida, a las clientas, agradezco mucho a las personas que estuvieron desde mis comienzos, a los que me ayudaron a crecer. Empecé sola y después tuve un ayudante, no tengo más palabras de agradecimiento para con todos”.

Para desmitificar el rumor que en las peluquerías siempre se corren chismes, Olga no ilustró sobre la modalidad de su salón. “En mi peluquería está prohibido hablar de los demás, yo propicio comentar sobre moda, viajes, y a mis clientas les encanta; tengo un cuidado especial con eso. Ahora estamos todas hablando de las nuevas tendencias, los nuevos colores, cortes, hablamos de la ropa que se viene, de los precios. Al terminar de atenderlas se quedan charlando, les ofrezco un café, les sugiero sobre maquillaje, con qué productos cuidarse el pelo; este es el manejo de mi peluquería con las clientas”.

Sobre el protocolo que lleva adelante aclaró, “mi salón está sectorizado por lo que se sigue con la norma de distanciamiento, además hay un lugar para las que se están haciendo keratina, y si las clientas desean fumar hay atrás un sector verde. Cuando se están haciendo tintura les proveemos de barbijos descartables, respetamos mucho el protocolo”.

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