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Asia domina el mercado de motos

Cuando las motos chinas entraron de forma masiva lo hicieron como motos muy baratas y de dudosa calidad. Comprar una moto china era entrar en un mar de problemas. Ahora las cosas cambiaron y si antes la moto china equivalía a una moto mala de forma categórica, ahora ya no es así.

En China se fabrican excelentes motos y de hecho es probable que algunas de las motos “de marca” (o la mayoría de sus componentes) se hayan fabricado en China y el usuario lo desconozca.

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Así como produce millones de unidades la industria asiática provee a sus compradores de motos “a la carta” una modalidad comercial que causó gran parte de la mala fama de estas motos.

A pesar de tener una gran tradición motociclista que data de más de un siglo en países como Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia y Francia, los números de comercialización palidecen en comparación con los de los gigantes asiáticos, cuyos primeros cinco lugares produjeron 56 millones de unidades el año pasado.

Solo el año pasado China produjo 23 millones de motocicletas y la India fabricó nada menos que con 20 millones; Indonesia, 8 millones; Vietnam, 3 millones, y Tailandia, con 2 millones, según datos de la revista alemana Motorrad.

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Los salones de motos en China son más frecuentes de lo que se conoce. Mensualmente alguna provincia organiza su exposición donde aparecen cientos de marcas desconocidas en occidente.

En cuanto a ventas unos 16 millones de motos se vendieron en China en 2020, lo que significa 44 mil por día. En el gigante asiático se producen alrededor del 50% de las motos que circulan en el mundo siendo Lifan la factoría más grande

Hero el más grande

El fabricante indio Hero es uno de los más grandes de Asia, con más de 5 millones de motocicletas vendidas al año.

En cuento a ventas, el mercado indio es uno de los más fuertes por marcas como Bajaj, que tiene productos para muchos segmentos, cubre diversas cilindradas y está asociada con marcas que fabrican máquinas de gran desplazamiento, como KTM y Triumph. Con todo y la pérdida de 23.3 por ciento de su volumen de ventas debido a la pandemia, el país registró 14.8 motos colocadas.

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La escena es cotidiana en las calles indias, chinas o indonesias. Millones de motos se desplazan día a día motorizando una industria que domina el mercado mundial.

Los pronósticos para América sitúan a Brasil a la cabeza, con 900 mil unidades nuevas vendidas, seguido de México, con 800 mil; Estados Unidos, con 780 mil; Colombia, con 520 mil, y Argentina, con 260 mil.

Indonesia, con 4.5 millones de nuevos registros, está entre los gigantes, a pesar de una disminución del 34 por ciento en las ventas en 2020. En ese país se produjeron 6 millones de unidades y muy pocas para exportación. Su Gobierno se propuso fabricar 10 millones de vehículos de dos ruedas por año para 2025 y exportar un millón. En Europa lidera en ventas Francia, con 286 mil unidades. Le siguen Alemania, con 230 mil e Italia, con 220 mil.

El “secreto” de China

La industria china fue la primera en el mundo que permitió que un empresario particular ao un grupo de inversores se acerquen, pidan que le fabriquen una moto “a la carta” y se la envíen a Europa o América. Ahora lo hacen casi todas las factorías asiáticas y también los indios.

Da igual que sea 500 o 5.000 unidades, esa posibilidad no la da ningún fabricante de los conocidos. Solo imaginarse golpeando la puerta de Yamaha u Honda para que fabriquen 1500 unidades personalizadas con marca propia da risa. La mala fama de las motos chinas la crearon esos inversores que solo se enfocaron en vender motos y no en la posventa.  

Los chinos no fabrican mal. Fabrican lo que el cliente esté dispuesto a pagar. Si quiere gastar poco, embarcará una moto de calidad baja, si está dispuesto  a pagar más, comprará una moto de mejor calidad. No es lo mismo comprar moto con batería Yuasa que con una batería china genérica, ni con la puesta en marcha con aceite de calidad o con el aceite chino salido de quien sabe dónde.

Ni las bujías, ni el cableado, ni los neumáticos, ni el arranque, ni la pintura ni los plásticos, ni el motor, ni los frenos y suspensiones, ni la electrónica Bosch o Delphi, ni los rodamientos SKF, los asiáticos tienen catálogos enormes donde los clientes literalmente arman su moto y a partir de cierta cantidad les maquinan las tapas del motor con marca propia.  

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