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Salir de la trampa del cortoplacismo

La pandemia y su fuerte impacto sobre el sistema de salud y la economía obligaron a adoptar medidas extraordinarias para superar la emergencia.

Las perspectivas de lograr un alto porcentaje de inmunización de la población en la mitad de este año prometen un nuevo escenario con mayores probabilidades de lograr la ansiada recuperación. Pero eso implica también superar la tentación de seguir ensayando respuestas de corto plazo.

Cada vez que se plantea la necesidad de diseñar estrategias a largo y medio plazo para salir de la crisis, no faltan quienes ofrecen como respuesta la famosa frase del célebre economista John Maynard Keynes: “En el largo plazo estaremos todos muertos”. Objetivamente tienen razón. Pero no es menos cierto que el pensamiento “cortoplacista”, por llamarlo de alguna manera, es en buena medida responsable de muchos círculos viciosos.

Así, por ejemplo, en situaciones de crisis como la actual no fueron pocos los que optaron por el “sálvese quien pueda”, acentuando los comportamientos individualistas en tiempos en los que se necesita más que nunca la cooperación de todos los miembros de una comunidad para superar una emergencia que afecta al conjunto. Otros apostaron a dividir a la ciudadanía primero negando la pandemia y luego poniendo en duda la efectividad de las vacunas. En medio de tanto ruido se impone la necesidad de promover —como decía Umberto Eco— una sospecha permanente frente a los discursos cotidianos. Se trata de un ejercicio que en estos tiempos puede ser muy útil para visualizar lo superfluo y separarlo de aquello que realmente impacta en el bienestar y el futuro de la comunidad chaqueña. Y es probable que esa práctica contribuya también a devolver a nuestro cerebro el siempre saludable pensamiento de largo plazo, ése que nos permite proyectar y soñar con un futuro mejor.

Muy pocos saben que el propio Keynes —sí, el mismo que dijo que “en el largo plazo estaremos todos muertos”— brindó en junio de 1930 una conferencia en la ciudad de Madrid. Allí presentó un escrito que se titula “Perspectivas económicas para nuestros nietos”, donde invita a pensar más allá de la coyuntura y a animarse a moldear hasta donde sea posible el futuro.

El Chaco, se sabe, tiene múltiples problemas sociales, económicos, logísticos, de producción, etcétera. Y una manera de ayudar a resolverlos es diseñando estrategias que reduzcan la incertidumbre de la gente. Es que la incertidumbre, justamente, es lo que marcó al mundo en el año 2020 y que, ojalá, no se repita en este 2021.

Tanto es así que según la Real Academia Española la palabra “incertidumbre” fue una de las más repetidas el año pasado en el universo hispanohablante.

“La pandemia del coronavirus que ha sacudido el mundo ha provocado cambios radicales en nuestras vidas que, por supuesto, han dejado una huella imborrable en la lengua. Nuevas acepciones para palabras ya conocidas y voces de uso reciente que se han repetido hasta la saciedad en los titulares de los periódicos han logrado hacerse un hueco en el día a día de esta llamada nueva normalidad”, observó la RAE al dar a conocer la lista de las palabras más significativas del tristemente célebre 2020, entre las que figura aquella que hace referencia a la falta de certidumbre. O, como explican los académicos de la lengua, la incertidumbre es la “falta de certeza, que ocasiona duda o indecisión en las cosas”. “Esa falta de certeza generadora de dudas e indecisiones ha estado muy presente durante toda la crisis de la Covid - 19 al enfrentarse los gobiernos y la ciudadanía a un escenario incierto e inesperado”, agrega la RAE.

Es necesario devolver la esperanza a los chaqueños, para que los pequeños y grandes emprendedores se animen a encarar nuevos proyectos que dejen atrás el comportamiento cortoplacista. Que lo urgente no quite tiempo para lo importante, decía Quino a través de su simpática y reflexiva Mafalda.

Si una renovada esperanza vuelve a la ciudadanía, entonces es probable que las consecuencias que el comportamiento cortoplacista provoca en la economía real y en el conjunto de la sociedad no sean tan perjudiciales.