Emprendimientos para el desarrollo chaqueño
El suero hiperinmune para el tratamiento de la infección por el nuevo coronavirus desarrollado por investigadores argentinos confirma que la promoción de las actividades científico tecnológicas es clave para el país. La tradición científica nacional permitió que la Argentina sea uno de los pocos países que produce medicamentos propios. En nuestra región, el desafío pasa por generar las condiciones para alentar emprendimientos locales vinculados con la economía del conocimiento.
El suero equino ofrece una mayor disponibilidad de este recurso al sistema de salud debido a que los caballos tienen un volumen de sangre hasta siete veces mayor que el de los humanos. Además, pueden generar más anticuerpos que los humanos para defenderse de un ataque al sistema inmune: se estima que esa defensa puede llegar a ser hasta 100 veces mayor.
Pero más allá de los beneficios que aporta este novedoso suero, merece conocerse el esfuerzo realizado por la articulación público privada entre la empresa Inmunova (empresa biotecnológica argentina especializada en la investigación, diseño y desarrollo de una nueva generación de medicamentos), la Universidad Nacional de San Martín ubicada en zona norte del Gran Buenos Aires, el Instituto Biológico Argentino (BIOL) y la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Carlos G. Malbrán (ANLIS), en colaboración con la Fundación Instituto Leloir (FIL), mAbxience y el Conicet. Esa articulación lo que hizo fue vincular el trabajo de la investigación básica con la potencialidad que tiene la industria farmacéutica argentina. Y en este punto es importante recordar que la Argentina es uno de los pocos países del mundo que produce más medicamentos de los que compra en el exterior: el 60 por ciento de los fármacos que se consumen en el país son de industria nacional.
El desarrollo del suero equino hiperinmune no fue, entonces, producto del azar sino de la larga tradición que tiene el país en ciencias biomédicas, a lo que debe sumarse un vigoroso sector biotecnológico -en franco crecimiento- con recursos humanos preparados para generar investigaciones de calidad. No es casual tampoco que el laboratorio británico AstraZeneca haya elegido a la planta de producción de anticuerpos monoclonales biosimilares con tecnología de última generación que mAbxience tiene en la Argentina para la producción del principio activo de su vacuna contra el Covid-19 en Latinoamérica.
Todos estos antecedentes muestran que existe en el país una gran capacidad en biotecnología y, en ese sentido, nuestra provincia debe plantearse el desafío de alentar la formación de jóvenes en este campo y también, por supuesto, en otras áreas de la llamada economía del conocimiento.
En septiembre del año pasado la provincia anunció la intención de crear una Agencia de Innovación, Ciencia y Tecnología para impulsar el desarrollo científico local. Es de esperar que prospere esa iniciativa más allá de las administraciones de turno para que se pueda contar con programas de apoyo y asistencia a pequeñas y medianas empresas, emprendedores e industrias con capacidades para desarrollar y ofrecer productos y servicios de alta calidad para toda la región.
A modo de ejemplo se puede decir que la iniciativa que concluyó con el suero equino hiperinmune recibió financiamiento del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación a través de un crédito otorgado en el marco del Programa de Asistencia al Sistema Productivo Nacional que alentó la generación de insumos, equipamientos y soluciones para mitigar los efectos de la pandemia.
El Chaco necesita contar con más emprendimientos que contribuyan al desarrollo local y regional, generen trabajo de calidad y aporten soluciones a la comunidad. Un camino posible es el del modelo público-privado que brinde respuesta a las necesidades estratégicas de la provincia. Los extraordinarios avances en el campo de la biotecnología se presentan como nuevas oportunidades para generar puestos de trabajo de alta calificación y apuntalar el desarrollo de una provincia que debe aprovechar el nuevo escenario que generan las telecomunicaciones para salir de la trampa, muchas veces invisible, de la periferia que le impide pensar en nuevas estrategias y desarrollos, como por ejemplo, de biotecnología aplicada a la genética vegetal para aumentar la productividad de los cultivos locales.










