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Relaciones exitosas: la perfecta simbiosis entre seres disímiles en íntima asociación

Durante milenios fue materia de análisis, estudio e inacabables conclusiones el éxito del romanticismo. Entre los polos se encuentran quienes defienden este estado como un proceso necesario de reavivar constantemente y aquellos que dicen que el romanticismo es un estado finito que concluye a corto plazo y que los resabios que quedan son el verdadero molde del amor. ¿Existe una verdad donde se confluyan las conclusiones físicas, biológicas o mentales de las personas para determinar de qué depende la mayor o menor duración del “fuego interior”?, ¿Influye la madurez emocional y/o los errores o trastornos no resueltos de nuestros ancestros?

Muchas son las personas que anhelan en su vida relaciones exitosas. En esta línea de objetivo fueron muchos los profesionales que estudiaron acerca de las características que conducen a la durabilidad en cantidad y calidad de las relaciones. En un estudio del 1999 publicado en el Journal of Social Behavior and Personality, la investigadora Stephanie Nemechek encontró que las parejas con niveles parecidos de responsabilidad estaban mejor preparadas para el éxito afectivo. Y esto no es un dato menor, porque el concepto de responsabilidad pesa determinantemente en las relaciones.

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Si ahondamos más en este sentido, para los profesionales que siguen la línea de la psicología social, la responsabilidad es uno de los “cinco factores” de la personalidad. Para esta escuela, la personalidad humana está compuesta de: la apertura (a nuevas experiencias), la responsabilidad, la extroversión, la amabilidad, y la estabilidad emocional (el neuroticismo).

Tras este descubrimiento veremos dentro nuestro qué importancia le damos a nuestros intereses para satisfacer una relación, más allá que ésta sea de tenor amorosa, laboral o familiar. Seguramente, a medida que cada uno de los elementos que caracterizan nuestra personalidad se haya desarrollado sanamente, veremos alrededor nuestro, relaciones exitosas.

Por lo contrario, si existen barreras internas, por tal o cual motivo, que nos impide la apertura a conocer nuevas experiencias, o la extroversión para que el mundo nos conozca, y si el sentido de responsabilidad no ocupa los primeros números en el ranking de la escala de valores, o si carecemos de madurez emocional (cuando no supimos resolver trastornos afectivos o familiares), será muy difícil que nuestras relaciones terminen siendo exitosas. En este caso es preciso resolver situaciones internas previamente.

Para solucionar cuestiones a fondo, basta pedir un turno. En este espacio analizaremos algunas de las características que ya mencionamos como aspectos que debemos tener en cuenta para cada uno de nuestras relaciones, aunque nos detendremos en las relaciones de pareja (novios, matrimonio).

EL DESAFÍO DE SER UNO

Cuando comenzamos a hablar de relaciones exitosas, inmediatamente fuimos a buscarlas, y café de por medio, descubrimos algunos secretos. “Nosotros somos muy diferentes. Él es más ermitaño y yo soy más sociable”, comienza a detallar Marina como primera diferencia en la pareja, y prosigue: “Este aspecto jamás nos bloqueó sentimentalmente, porque ya conocíamos los gustos de cada uno. El secreto para no llegar a desencontrarnos fue poner sobre la mesa cada circunstancia social que se nos presentaba y ver si era el caso de asistir o si preferimos quedarnos en casa”.

Esto lo fundamenta el Doctor Joe Hardy, quien asegura en uno de sus libros: “Se ha visto una conexión entre el nivel de apertura de cada pareja y la satisfacción que siente durante el noviazgo o el matrimonio, y se ha postulado que los individuos abiertos se comunican mejor y resuelvan mejor los conflictos que los que son menos atentos a las circunstancias que rodean a la pareja”.

De todas formas por más que el fin no sea cambiar las características que al principio nos llamaron la atención de ella/el, basta saber que la renuncia de una parte en beneficio de la otra, siempre es una opción enriquecedora para ambos.

Entonces, analizando cada uno, basta hacer una retrospección y afinar la autocrítica en función de las dos grandes características en las que nos detuvimos; el grado de responsabilidad que tenemos frente a situaciones, circunstancias y toma de decisiones, y por otro lado la habilidad de una pareja tan abierta al entorno como guardiana de lo íntimo.

Quizá estos detalles ayuden al éxitos en las relaciones, o al encontrarse que el mundo de ambos van por carriles disímiles, aun así el entrenamiento que se realice será absorbido sin desperdicio por nuestra mente y cuerpo, porque para el desarrollo cognitivo siempre hay lugar. Lo aprehendido jamás se desvanece, porque en el proceso se absorbe la sabiduría de la experiencia.

El secreto está, por un lado, el de mantener el grado de responsabilidad frente a situaciones, circunstancias y toma de decisiones; y por el otro lado la habilidad de una pareja tan abierta al entorno como guardiana de lo íntimo.

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