Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

La degradación de los ecosistemas

El difícil año que está a punto de finalizar dejará muchas enseñanzas. Una de ellas, la necesidad de cuidar el equilibrio de los ecosistemas para prevenir la propagación de nuevas enfermedades. La crisis global que desató el nuevo coronavirus no deja lugar a dudas: asegurar una mayor diversidad en los ecosistemas reduce al mínimo la posibilidad de que un patógeno se propague por el mundo.

Diversos estudios confirman que la dramática pérdida de biodiversidad que experimentan distintas regiones del planeta tiene directa relación con el paso de virus entre distintas especies de animales. El avance de las urbanizaciones y, por lo tanto, las mayores posibilidades de contacto de seres humanos con estos animales, completa ese peligroso círculo vicioso.

No fueron pocas las advertencias que se hicieron al respecto. Hasta el propio Foro Económico Mundial incluyó en la última edición de su Informe de Riesgos Globales el riesgo ambiental como una de las amenazas más serias para el planeta. Fue la primera vez que el Foro de Davos ubica a esta amenaza en lo más alto de su lista de riesgos.

Por su parte, otras organizaciones no gubernamentales, muchas de ellas ligadas a la defensa del ambiente, venían alertando sobre el potencial peligro de la degradación ambiental como causante de la transmisión de animales salvajes a humanos de nuevos patógenos como el SARS-CoV-2, cuyo impacto en el mundo ya es bien conocido por todos.

De manera que ya nadie puede desconocer el estrecho vínculo entre la salud de la población y el cuidado del ambiente. Y hablar de cuidado del ambiente implica también hacer referencia a la imperiosa necesidad de proteger los bosques, y este es un tema al que se le debe prestar especial atención en la provincia del Chaco. Es que la deforestación sigue siendo en la actualidad uno de los problemas ambientales más graves del planeta, y la Argentina no es la excepción.

Entre otros problemas que trae la tala indiscriminada está, precisamente, la transferencia de microorganismos capaces de producir enfermedades de animales silvestres a seres humanos. El vertiginoso avance del cemento de las ciudades, se suma al auge de los monocultivos y al calentamiento global. Son variables que en determinado momento se cruzan por la acción humana amenazando seriamente la biodiversidad en amplias zonas del planeta, en un proceso que tiene un impacto directo en la salud de las personas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también reconoció que las actividades humanas impactan tanto en la estructura como en las funciones de los ecosistemas y alterando la biodiversidad autóctona. “Algunas de estas alteraciones reducen la abundancia de ciertos organismos, propician la multiplicación de otros, modifican la interacción entre ellos y alteran las interacciones entre los organismos y sus entornos físico y químico. La manera en que se presentan las enfermedades infecciosas se ve influida por estas perturbaciones”, señala un documento del organismo internacional. En ese mismo trabajo, los expertos observan que entre los procesos que afectan a los reservorios y la transmisión de las enfermedades infecciosas figuran la deforestación; el cambio en el uso de los suelos; la gestión de los recursos hídricos, por ejemplo mediante la construcción de represas, los sistemas de riego, la urbanización descontrolada o la aglomeración urbana; la resistencia a los insecticidas químicos empleados para controlar ciertos vectores de enfermedades; la variabilidad y el cambio del clima.

Con este escenario de fondo, los expertos advierten que es muy probable que la próxima pandemia se esté incubando en algún lugar del planeta. Y uno de los lugares que reúne todos los requisitos para ser definido como potencial foco es la selva amazónica, en Brasil. En ese sentido, la organización Amnistía Internacional publicó un documento en el que enciende luces de alerta sobre el aumento de las prácticas de cría ilegal de ganado en áreas protegidas de la selva tropical amazónica del vecino país.

La proximidad geográfica de nuestra provincia con el gigante sudamericano y los estrechos vínculos fronterizos de provincias argentinas con las localidades del sur brasileño deben dar lugar a un monitoreo permanente de los sistemas locales de alerta epidemiológica ya que no son pocas las voces que advierten que el fenómeno de la cría intensiva de animales en Brasil está relacionada con la destrucción de hábitats naturales y de biodiversidad, que sirven como barreras naturales de contención de la expansión de virus en poblaciones de animales silvestres. 

Te puede interesar