El breve romance de Maradona y la F40
Enzo Ferrari no diseñó sus últimos modelos pero sin su visto bueno nada salía de la fábrica. Su visión de lo que debía ser un deportivo se mantuvo hasta último momento con la mirada puesta más allá del horizonte y no en sus rivales.
El último modelo supervisado íntegramente por "Don Enzo" fue la mítica F40 un auto que ya tiene 33 años y sigue siendo uno de los deportivos más importantes de la historia. Un modelo puede costar hoy 1,5 millones de dólares si es que apareciera alguno en venta. Esta es la breve historia de la F40 de la cual llegara al menos una a nuestro país traída por un conocido empresario ligado al negocio petrolero y aeroportuario y de su breve romance con Diego Maradona.

En los años 80 el Porsche 959 y el Lamborghini Countach 5000 QV superaban sin dificultad a las Ferrari en la categoría GT de competición. Don Enzo llamó a Nicola Materazzi, uno de sus ingenieros de confianza que había demostrado sus capacidades en modelos como el Ferrari 328 o el Lancia Stratos y le ordenó (literalmente) superar a la competencia.
El punto de partida fue la 288 GTO Evoluzione una versión de Ferrari para competir en la famosa categoría de Grupo B, pero como la FIA la prohibió nunca llegaron a correr. En julio de 1987 Ferrari presentó la F40, el primer coche de serie capaz de superar los 320 Kph. En principio se pensó en fabricar solo 400 pero la demanda fue tanta que terminaron haciendo más de 1300. La F40 solo se podía comprar directamente a Ferrari a través de una de sus agencias, no era un vehículo para cualquiera.

Cada F40 que salió de Maranello era roja, en eso sí tenía que ver el deseo de don Enzo, pero nada impedía que el cliente la pintara fuera de fábrica. Todas las Ferraris podían pedirse de otro color menos la F40 porque era un auto de carreras y el color deportivo de Ferrari siempre fue el rojo.
Maradona y la F40
Dice el anecdotario que Diego Maradona se probó una F40 con intenciones de comprarla y que -además- la quería de color negro pero salió incómodo del interior porque el coche tenía las puertas huecas, se abría con una soguita y tampoco tenía estéreo ni aire acondicionado y mucho menos tapizados de cuero además de que el tablero era común y sin mucha gracia. Lo cierto es que difícilmente haya sido un intento serio de compra de una F40 pero sí que este haya comprobado lo espartano del auto y siguiera con su Testarossa. La F40 estaba hecha para ser pilotada y no conducida, es un auto de carreras, no sirve para ser visto, no tiene siquiera ventanas clásicas sólo una pieza de acrílico deslizable como corresponde a todo auto alivianado para las pistas.

La F40 fue comprada por pilotos o ex pilotos que sabían lo que se llevaban a casa, millonarios desprevenidos, jeques árabes y yuppies del mercado de valores de entonces como inversión a futuro (de 450.000 dólares en 1987 a 1.500.000 en la actualidad). Desde mayo de este año hay una en venta en EE.UU donde solo existen 213 y esta unidad tiene 340 kilómetros en su odómetro, alguien está recuperando su inversión.
Otra de las peculiaridades del auto eran sus tanques de combustible porque tenía dos, uno en cada lado, con una capacidad total de 120 litros… y en las versiones europeas estaban hechas de goma. Algo que obligaba a cambiarlos cada siete o diez años: una operación que ‘sólo’ costaba 18.000 euros.
El motor es un V8 biturbo de 478 CV situado detrás de los asientos, una evolución del que montaba el 288 GTO. Transmitía toda esa fuerza a través de una caja de cambios manual de cinco velocidades unida a la parte trasera del motor. Estas prestaciones le permitían acelerar de 0 a 100 kilómetros/hora en 4,1 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 324 km/h.

A esto hay que añadir que fue equipada con una suspensión "wishbone" con espirales y amortiguadores hidráulicos, barras estabilizadoras delanteras y traseras y unas llantas de 17’’ Speedline de cinco rayos con bloqueo central que iban montadas sobre unos neumáticos delanteros de 245/40 ZR17 y unos traseros de 335/35. En síntesis, la F40 es un clásico auto de carreras que muchos compraron equivocadamente.










